Quebraduras

A veces, cuando veo a alguien llorar, o cuando yo misma lloro, me ronda por la cabeza una sola pregunta: ¿cuántas más lágrimas harán falta para llegar al momento en el que ni una más vuelva a deslizarse por alguna de las dos mejillas?

Hoy he leído una frase que decía que cuando alguien está enfadado aún se está a tiempo, pero cuando alguien está cansado, ahí ya es imposible revertir los sucesos.

Me pregunto cuánto tiempo le toma a una persona cansarse, en mi experiencia diré que a mí mucho, si de verdad quiero a alguien.

También siento miedo quizás de llegar a cansarme. Tan solo sé que cuando llegan esos momentos en los que la tristeza se hace tan intensa que te oprime el alma, es entonces cuando me siento realmente sola. Sinceramente, creo que nadie que haya estado totalmente solo sepa cuál es la sensación, y os aseguro que no le desearía ese sentimiento a nadie. Es una tortura interna.

Desde luego que sea tu propia persona el que te destruya es increíblemente doloroso, y por eso todo el mundo ha puesto de moda ese sentimiento asqueroso y homicida. De lo que nadie habla es de que actitudes de alguien a quien se ama te destruyan y que tu propia persona intente salvarte, y aun así no te dejes, porque quieres a la otra persona más que a ti. Pasa, y mucho.

Siento piezas putrefactas dentro de mi corazón y flores floreciendo al mismo tiempo. Siempre entre la espada y la pared. Siempre entre lo que es correcto y lo que no lo es. Siempre con una sonrisa en el rostro y una reserva gigante de lágrimas por si la vida vuelve a poner hoyos interminables en mi camino.

¿Cuándo acabará? ¿Cuándo llegará el día en el que alguien llegue tan solo a imaginarse cuán grande debe ser el dolor de la decepción?

Mientras estas preguntas siguen sin respuesta, seguiré acunándome a mí misma día a día, porque soy una muñeca hecha de porcelana que vive con un puñado de quebraduras internas. Seguiré juntando las piezas rotas, hasta que se peguen y parezca nueva. Aguardaré ese momento, mi renacer.

Aziul.

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Transición

Voy a ser sincera, nunca he sido una gran amante de los cambios. Siempre me han molestado, creo que para mí nunca ha habido mayor dolor de cabeza que el que me producen los cambios. Me explico, si yo estoy bien en mi situación actual, hago una pregunta especialmente a esas personas que al menos una vez en mi vida me hayan dicho que cambiar no está mal, ¿por qué tengo que cambiar nada? ¿Por qué si estoy en un momento de mi vida en el que todo me hace bien, tiene que haber algún cambio? Y no me avergüenzo de decir que parte de la culpa es mía, tal vez la gran mayoría, por luchar en contra del cambio en vez de aliarme con él. Sé que si me uniera al cambio sería mucho más sencillo, pero simplemente no puedo. ¿Por qué? Porque va en contra de mi naturaleza. Soy una persona con necesidad de tenerlo todo controlado y de que nada se salga del límite de la raya trazada. Y lo sé, no está bien ser así. Pero, ¿por qué no? ¿Porque la sociedad se ha puesto de acuerdo en que mi comportamiento no es el adecuado, que mi forma de reaccionar no es normal, tengo yo que sentirme culpable? Perdonad que os diga que no. Llevo la gran parte de mi adolescencia yendo en contra de lo que soy, intentando incesantemente cambiar esas cosas que irritan, pero sorpresa, soy una persona. Claro que voy a preocuparme, claro que tengo miedo, claro que tengo defectos inmensos, porque soy una persona. Y ahora mismo, mientras tecleo estas palabras y miro al monitor, tengo miedo.

Estamos en un proceso de cambio todo el rato, desde el mismo día en el que sales del interior de tu madre y te da la luz por primera vez. Nunca eres el mismo, sino pregúntate si sigues siendo el mismo de esta mañana. Yo desde luego que no, porque esta mañana, no me había dado cuenta de lo que estaba afligiéndome. No está mal cambiar, y es irónico que precisamente yo lo diga, pero no está mal. Eso es la vida, cambiar. ¿Quién sabe dónde estarás dentro de 10 años? Nadie, sólo el tiempo. Yo en mi caso, puede que no odie los cambios, sino cómo se presentan: todos de repente y sin avisar. Como esa persona que no te acaba de caer bien pero irrumpe en tu casa sin permiso. A eso me refiero. La transición. Hay muchas transiciones durante la vida de un ser vivo, y creo que en lo que llevo de vida, esta es mi peor transición. Estoy en un momento de mi vida en el que he dejado de ser un niño e incluso un adolescente, y estoy caminando rectamente hacia la edad adulta. No es que me importe ese mero hecho, lo que me aterroriza es la incertidumbre. Camino, como he caminado en todas y cada una de mis etapas, pero ahora camino sin saber a dónde. Sé que esto debe de pasarle a todo el mundo y no me estoy quejando, me estoy desahogando, porque es la única manera que sé de hacerlo.

Tengo actualmente en mi vida personas y cosas a las que quiero más que a mí misma, y tengo miedo de perderlas. Un gran amigo me dijo una vez que durante mi vida pasarán muchas personas que se irán y muchas otras que se quedarán, que la mayoría de personas que están ahora conmigo, mañana no estarán. Sé que tiene razón, porque desde que me lo dijo ya no tengo a varias personas que creía esenciales para mí. Este amigo mío me dijo que nadie era imprescindible para mi vida, pero yo espero que sí. A parte de, lógicamente, la familia, tengo dos personas, entre ellas este amigo, que son el mejor regalo que me podía haber dado la vida. Y no miento si os digo que haría un pacto con el mismísimo diablo para mantenerlas siempre conmigo.

Lo sé, estaréis pensando “vaya exagerada” o “simplemente no pienses las cosas tanto”, pues bien, no estoy exagerando, es lo que siento fluir en mi interior. Y en cuanto a lo otro, pues ojalá no tuviese que pensar tanto las cosas; y antes de que venga el listillo a decir “eso depende de ti, no lo pienses tanto y déjate llevar”, vale. Pero déjame que te pregunte una cosa, cuando algo de verdad te importa, ¿no piensas en ello incesantemente, aunque no quieras? Yo creo que sí, que todos lo hacemos; y si no, a lo mejor soy algún experimento fallido de la raza humana. Aquí lo dejo.

No sé qué va a pasar, pero ojalá todo vaya bien.

Aziul.

Date cuenta

Hoy me he dado cuenta de lo mucho que puedes llegar a llorar en un momento increíblemente feliz de tu vida, me he dado cuenta de lo profundo que puede llegar a ser el dolor de no conocerte a ti mismo o de conocerte, valga la redundancia.

Hoy me he dado cuenta de lo duro que puede llegar a ser querer a alguien con toda tu alma, haciéndote querer renunciar incluso a lo que no quieres renunciar. Me he dado cuenta de la imposibilidad de enfadarse cuando ya tienes por costumbre algo.

Hoy me he dado cuenta de lo falsa que yo misma puedo llegar a ser, no con los demás, sino con mis propios sentimientos, sonriendo en frente de todos, sin darme cuenta de que lo único que deseaba era estar en mi soledad.

Hoy me he dado cuenta de que hay personas que sonríen cuando quieren llorar y personas que lloran todas las lágrimas de su cuerpo para poder sonreír de verdad. Yo aún no sé si soy de la primera clase, de la segunda, o de la mixta.

 Solamente sé que hoy me he dado cuenta de que me he dado cuenta, y de que ha sido un día lleno de date cuenta.

 

Aziul.