Ni una menos.

Una calle lisa y solitaria, brillante,

retumbando unos pasos acelerados,

un corazón pesado, jadeante,

y unos ojos, vigilando, acechando.

Breves figuras envueltas por la oscuridad amarga,

el silencio de una ciudad que descansa.

La esperanza que mueve el cuerpo a casa,

con la incertidumbre de verse acorralada.

Pasos resonantes a sus espaldas,

cruza a la izquierda, luego a la derecha, y vuelve a cruzar varias veces más,

siguen resonando los pasos detrás.

Acelera, corre, se agota el aire,

pero no, no se detiene.

Su interior comienza a inundarse de miedo,

mantiene como puede sus ojos secos.

Está nerviosa, su mente le juega una mala pasada,

se equivoca.

El ambiente se llena de pánico,

y siente su brazo apretado como un no abierto abanico.

Desbocado el corazón, y humedecidas sus mejillas.

Lucha, grita, empleando todas sus fuerzas.

Están solos, nadie va a llegar, ella ya lo sabe,

pero sigue gritando, sin pararse.

El húmedo suelo brilla,

volviendo a estar ya sola.

Tiene frío, siente que se ahoga.

El dolor se extiende y llora sin lágrimas,

no ve más la orilla.

Cierra los ojos para no volverlos a abrir jamás,

mientras sus últimos latidos piensan en su mamá.

Una llamada, una débil voz se asoma,

no hay cuerpo, ni hay pistas, no se sabe nada de la chica.

Se detiene el tiempo sin detenerse,

quedando destruidas decenas de vidas.

Lloran incesantemente los ojos,

sangran sin cicatrizar los corazones,

se agotan las mentes por temor al olvido,

quieren conocer lo que ella ha vivido.

Es necesaria una sola persona para destruir a cientos de ellas. El asesinato de una mujer o de un hombre, y más bien dicho de un ser humano, debería ser suficiente motivo para hacer temblar a todos y cada uno de nosotros.

Van 89 mujeres asesinadas en España a lo largo de 2018, 972 desde 2003, cuando se empezaron a contabilizar, sin mencionar a los cientos de mujeres que han sido asesinadas en el resto del mundo.

El año pasado, en vísperas de año nuevo, escribí un tweet preguntando cuántas más han de morir para que la humanidad de las personas se imponga a todo lo demás. Bien, pues si no me equivoco, llevamos más mujeres asesinadas que al año pasado. ¿Qué está pasando? De verdad, ¿por qué una persona debe morir simplemente por el hecho de ser de un género u otro? ¡POR FAVOR! ¿CUÁNTAS MÁS?  ¡PAREMOS ESTO YA Y PENSEMOS EN NOSOTROS COMO PERSONAS, NO COMO GÉNEROS SEXUALES!

Aziul. 


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Monstruos

¿Nunca habéis idealizado vuestro yo del futuro cuando eráis niños? No me refiero a ser rico, astronauta, famoso o cualquiera de esas cosas; me refiero a idealizaros en actos, en comportamientos y en personalidad. ¿Nunca habéis creado un carácter que deseabais tanto tenerlo de mayores y que encima, no teníais ni la menor duda de que ese carácter iba a ser el vuestro? Yo sí.

Hay comportamientos que cuando era niña decía “Jamás me comportaré de esa manera”, pero acabé haciéndolo; o tal vez, “nunca haré tal cosa a una persona”, pero acabé haciéndolo; o, “nunca seré de ese tipo de persona”, pero acabé siéndolo; o quizás, “yo haré esto seguro”, y acabé haciendo todo lo contrario. Sé que nunca vamos a ser capaces ninguno de nosotros ser exactamente la idealización que creamos cuando aún éramos inocentes e imaginativos, porque la vida no es así, la inocencia se pierde y, lamentablemente, en la mayoría de los casos la imaginación también.

Cuando eres niño, temes que un monstruo se esconda en el armario o debajo de tu cama, o se te hace imposible pegar ojo tras escuchar o ver alguna historia de terror que tal vez, más adelante, comprendas que no daba tanto miedo. ¿Por qué? Porque cuando te das cuenta de que los verdaderos monstruos pueden ser hermosos y que caminan pacíficamente por la calle por la que tú mismo andas, entonces, deseas que esos monstruos que algún día te asustaron, salieran del armario, de debajo de la cama o de la historia o película de terror y te atrape. Es menos doloroso ser atrapado por un monstruo de mentira, porque los de verdad te destruyen. Pero hay otro tipo de monstruo que no es externo, sino que es interno, y está formado completamente por ti. Sinceramente creo que todos tenemos uno, pero será más o menos fuerte dependiendo de lo mucho que lo alimentes. Desgraciadamente, alimenté en el pasado mucho al mío, y es poderoso. ¿Conocéis alguno la frustración de no poder vencerte a ti mismo? Es ahí cuando aparece quien eras de niño y te coge de la mano, prometiéndote que te ayudará, sin saber lo mucho que cuesta deshacerte de tus propios demonios.

Llevo tiempo intentando vencer los míos, y creo que no hay nada más duro en esta vida que enfrentarse a tu propia mente, porque sabes que si no lo haces, no te dañarás sólo a ti mismo, sino a las personas que quieres también. Cambiar es difícil, convertirse en la idea de adulto que tu niño tenía también. Sin embargo, a todos los que habéis luchado contra vuestros demonios y habéis ganado os doy mi más sincera enhorabuena; y a todos aquellos que luchan por matarlos, os envío toda mi fuerza. Algún día nos convertiremos en un tipo de adulto que supere por mucho las expectativas del adulto ideal de tu niño. Hasta entonces, fijaos bien en quién se queda y quién se va, porque os aseguro que las personas que se queden a pesar de todo, esas siempre van a estar; y sobre todo, fíjate en la persona que siempre permanece a tu lado, aceptándote y amándote tal y como eres, porque no te imaginas la suerte que tienes de tener a esa persona. No te imaginas la suerte que tienes de tenerte.

Aziul.

¿Qué estoy haciendo?

¿Alguna vez te has despertado sintiéndote triste y desolado, pero sin saber por qué? Y, ¿alguna vez te ha durado ese sentimiento a lo largo del día, obligándote a pensar inconscientemente en toda tu vida? Y de repente, ¿has abierto los ojos y tras muchas cavilaciones y tras mucho plantearte si lo que haces está bien o está mal has concluido en una única pregunta, la más directa y voraz de todas? Es en ese momento en el que te das cuenta de que algo no va bien, cuando se impone esa pregunta a las demás, y te quedas pensando en una respuesta que no llega. Una pregunta tan ambigua, tan compleja como la vida misma. ¿Qué estoy haciendo?

Bueno pues, hoy es así como me he despertado. Creo que hay que tener en cuenta que cuando tienes una mala semana, como bien sé que es mi caso, la tristeza ya está un poco a flor de piel. Por tanto, esa misma tristeza te hace plantearte cosas que en días meramente normales no te preguntarías. Pero esa es la parte buena que le saco a todo esto; que te quedas sentado en tu cuarto, mirando por la ventana como el viento mece las hojas de los árboles, como la vida continúa su curso sin apiadarse de ti, y de repente te planteas quién eres, si es esa persona es la que realmente quieres ser. Ahí nace el vacío, la incertidumbre de la que ya había hablado en publicaciones anteriores. Ahí el pecho comienza a pesar, como toneladas, y parece que el cuerpo lo sabe. Nunca dudes de una cosa: el dolor físico es físico, el dolor interior es tanto interior como físico. Ahí te quedas parado, como si te hubieras paralizado, pero sólo tú, porque todo lo ajeno a ti continúa fluyendo. Nunca nada ni nadie va a esperarte, en eso no es traidor el tiempo. Cuando naces, haces un pacto con el tiempo. El te da un determinado número de días, y en tu mano está aprovecharlos o no, porque cuando tú cupón se agote, nada te devolverá ese tiempo que nació siendo tuyo. La vida es algo diferente. Es verdad que si nos paramos a pensar, podríamos concluir en que el tiempo y la vida son lo mismo, pero yo pienso que no. Me explico, todos tenemos una vida y un tiempo propio, pero creo que la vida es más inmensa, la vida es una realidad que sigue su flujo antes de que tú nacieses, mientras vives y después de que vivas. La vida es de todos. Mientras que el tiempo, aunque sí que compartimos un espacio y una época determinados, depende de cada persona. Cada uno tenemos nuestra cantidad de tiempo, diferente a la de los demás.

Tras esta explicación algo filosófica que espero haber explicado lo mejor posible, proseguiré hablando de ese vacío e incertidumbre. Muchos decís que pensar en el futuro sólo acarrea dolores de cabeza, y estoy de acuerdo; pero, ¿qué pasa si realmente no estoy pensando en el futuro, ni en el pasado?, ¿qué pasa si estoy pensando en un presente que no me gusta? Sí, cambiarlo, pero eso lleva tiempo, un tiempo que estoy agotando mientras escribo esto. Sin embargo, estar convirtiendo todo lo que pienso y siento en palabras que encajan y se unen cobrando sentido, como piezas de un puzle inmenso, no me parece una pérdida de tiempo. Es más, me parece lo mejor que podría estar haciendo en este momento. Es ahí donde mi pregunta, ¿qué estoy haciendo?, encuentra una respuesta: No estoy haciendo lo que debería estar haciendo. Al no hacer lo que uno debe hacer, por el mero hecho de haber nacido simplemente para hacer eso, te encuentras con el vacío y la incertidumbre, porque sin el deber por el que has nacido, no eres nada. Yo, personalmente, consiga o no cumplir mi sueño, sé cuál es mi deber. He nacido para escribir, y pase lo que pase en mi vida, sé que nunca dejaré enteramente de escribir, porque no sé expresarme de otra forma que no sea la escritura, y me gusta, me hace sentir completa.

De verdad que creo, que aquellas personas que están a tu lado pero no apoyan tu deber, acabarán abandonando tu vida. No por sí mismos, sino por ti. Tú acabarás abandonando a todas esas personas que te hagan interponer un profundo abismo entre ellas y tú. Porque, tarde o temprano, todas las personas acabamos eligiendo a quien es mejor para uno mismo, es decir, tu propia persona.

Ese es mi consejo de hoy, elígete siempre a ti mismo antes que a cualquiera, porque si tienes que elegir a otro antes que a ti, nunca te convertirás en quién estás destinado a ser. Cuando eres tú mismo, las personas adecuadas llegan. No lo olvides jamás.

PD: La vida a veces te proporciona unas cosas que no vuelve a darte jamás. En tus manos está aprovecharlas o no.

Aziul.