Monstruos

¿Nunca habéis idealizado vuestro yo del futuro cuando eráis niños? No me refiero a ser rico, astronauta, famoso o cualquiera de esas cosas; me refiero a idealizaros en actos, en comportamientos y en personalidad. ¿Nunca habéis creado un carácter que deseabais tanto tenerlo de mayores y que encima, no teníais ni la menor duda de que ese carácter iba a ser el vuestro? Yo sí.

Hay comportamientos que cuando era niña decía “Jamás me comportaré de esa manera”, pero acabé haciéndolo; o tal vez, “nunca haré tal cosa a una persona”, pero acabé haciéndolo; o, “nunca seré de ese tipo de persona”, pero acabé siéndolo; o quizás, “yo haré esto seguro”, y acabé haciendo todo lo contrario. Sé que nunca vamos a ser capaces ninguno de nosotros ser exactamente la idealización que creamos cuando aún éramos inocentes e imaginativos, porque la vida no es así, la inocencia se pierde y, lamentablemente, en la mayoría de los casos la imaginación también.

Cuando eres niño, temes que un monstruo se esconda en el armario o debajo de tu cama, o se te hace imposible pegar ojo tras escuchar o ver alguna historia de terror que tal vez, más adelante, comprendas que no daba tanto miedo. ¿Por qué? Porque cuando te das cuenta de que los verdaderos monstruos pueden ser hermosos y que caminan pacíficamente por la calle por la que tú mismo andas, entonces, deseas que esos monstruos que algún día te asustaron, salieran del armario, de debajo de la cama o de la historia o película de terror y te atrape. Es menos doloroso ser atrapado por un monstruo de mentira, porque los de verdad te destruyen. Pero hay otro tipo de monstruo que no es externo, sino que es interno, y está formado completamente por ti. Sinceramente creo que todos tenemos uno, pero será más o menos fuerte dependiendo de lo mucho que lo alimentes. Desgraciadamente, alimenté en el pasado mucho al mío, y es poderoso. ¿Conocéis alguno la frustración de no poder vencerte a ti mismo? Es ahí cuando aparece quien eras de niño y te coge de la mano, prometiéndote que te ayudará, sin saber lo mucho que cuesta deshacerte de tus propios demonios.

Llevo tiempo intentando vencer los míos, y creo que no hay nada más duro en esta vida que enfrentarse a tu propia mente, porque sabes que si no lo haces, no te dañarás sólo a ti mismo, sino a las personas que quieres también. Cambiar es difícil, convertirse en la idea de adulto que tu niño tenía también. Sin embargo, a todos los que habéis luchado contra vuestros demonios y habéis ganado os doy mi más sincera enhorabuena; y a todos aquellos que luchan por matarlos, os envío toda mi fuerza. Algún día nos convertiremos en un tipo de adulto que supere por mucho las expectativas del adulto ideal de tu niño. Hasta entonces, fijaos bien en quién se queda y quién se va, porque os aseguro que las personas que se queden a pesar de todo, esas siempre van a estar; y sobre todo, fíjate en la persona que siempre permanece a tu lado, aceptándote y amándote tal y como eres, porque no te imaginas la suerte que tienes de tener a esa persona. No te imaginas la suerte que tienes de tenerte.

Aziul.

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