Realidades

Todos hemos querido alguna vez cambiar de vida, ser una persona totalmente distinta. Aunque nunca pasa, sigues siendo tú y sigues teniendo la misma vida de siempre.

Cada mañana me despierto con el mismo rostro, con la misma apariencia, con los mismos gustos y sobre todo, con la misma personalidad. Todos los días soy la misma, salvo porque no lo soy. Es contradictorio, pero también es verídico. Tienes la misma vida, la misma apariencia, los mismos gustos y la misma personalidad, pero eres diferente. ¿Por qué? Porque tu vida cambia, todos y cada uno de tus pasos han ido cambiando el rumbo de tu existencia, así como siguen cambiando, y debido a esos pasos, te has encontrado con unas personas y con unas situaciones, a pesar de que podías haber encontrado a otras personas y verte envuelto en otras situaciones. Creo que en el momento en el que debes tomar una decisión, aunque sea tan simple como si cruzar la calle por la izquierda o por la derecha, desechas miles de oportunidades, pero también abres otra muchas. Me explico, cuando nacemos, se nos otorgan infinitos caminos distintos entre sí, con infinitas realidades que podrían llegar a ser. Según vamos creciendo y desarrollándonos mentalmente, vamos tomando decisiones. Todo lo que hacemos a cada segundo es tomar decisiones. Por ejemplo, yo estoy aquí escribiendo y he desechado otras muchas opciones que podría haber elegido. Podría haber elegido leer, o dormir, o estudiar, o salir a la calle, o comer, o cantar, o correr, o simplemente quedarme quieta, entre muchas otras, pero elegí escribir; y en el momento en el que elegí escribir por encima de otras cosas, todas esas realidades se reducen a nada, porque no existen. Sólo existe una realidad, la que estoy viviendo. Existe la realidad de que estoy escribiendo en este mismo momento, y existe la realidad en la que tú has decidido leer mis cavilaciones locuaces y un poco locas, (si ya lo decía mi querido Ortega y Gasset). Ninguna otra realidad existe. Al menos, no en este mundo. Pero no me voy a meter en temas de si existen otras dimensiones o no porque no tengo la suficiente información ni formación para hacerlo. Me limito a exponer mis ideas. A esto he de decir otra cosa, y no, no me estoy yendo del tema, he aprendido este año algo muy valioso que creo que debería tener en mente todo el mundo: así como no existe otra realidad a la que vivimos por decisión propia, tampoco existe algo que no sea el presente. Es decir, sólo existe este momento, por eso dicen que vivimos de recuerdos, o eso creo. Porque el pasado ha sucedido, pero nunca más volverá a sucederse, y mucho menos a ser real. Con esto no quiero menospreciar al pasado, es un importante pilar de nuestras vidas, y evidentemente es real y verdadero. A lo que me refiero es a que, nos preocupamos a menudo por el pasado o por el futuro, cuando ni siquiera existen en el momento en el que llamamos presente. El presente es este, el presente es el hecho de que tus ojos estén recorriendo algo que yo escribí en el pasado. ¿Te acuerdas del principio de este texto? Eso ya es pasado. La oración anterior es pasado, convirtiéndose esta en presente, pero en pasado inmediatamente. ¿Te das cuenta de lo poco que dura el presente? Un segundo quizás, incluso me atrevería a decir que menos. El presente, en el momento en el que se desarrolla, inevitable e inmediatamente se convierte en pasado, e incluso en futuro. Explico esto último, digo en futuro, porque a veces me paro en el presente para pensar qué voy a escribir a continuación. Estoy anticipando un futuro que va a ser inmediato. 

Lo sé, me entusiasmo escribiendo y me alejo de lo que quería decir en un principio. Aunque si te soy sincera, ¿de verdad crees que todo el texto anterior no tiene nada que ver con lo que quiero decir?, ¿o tal vez te estoy poniendo en contexto para la respuesta que voy a dar? Creo que a quien escribe con el alma, no le sobra ni una sola palabra. 

Volvamos al principio, dije que todos los días soy la misma, salvo que no lo soy. No sólo lo pienso, estoy firmemente convencida de ello. Mi yo de esta mañana, o de esta tarde, no es para nada mi yo que está escribiendo esto. ¿Por qué? Porque esta mañana salí de mi casa siendo una persona, y volví a mi casa siendo otra. ¿Por qué? Porque el presente es efímero. Hoy ya es pasado, este momento es pasado, mi yo de esta mañana es pasado, mi yo de cuando comenzó a escribir este texto es pasado, mi yo de hace un segundo es pasado. 

Todos hemos querido alguna vez cambiar de vida, ser una persona totalmente distinta. Aunque nunca pasa, sigues siendo tú y sigues teniendo la misma vida de siempre. Bueno, ¿y qué? ¿Realmente necesitamos cambiar de vida o ser otra persona cuando día a día nuestra vida sufre cambios y nuestra persona no es la misma de un minuto antes? No necesitamos otra vida, ni ser otra persona. Necesitamos aceptar que nos ha tocado la vida que nos ha tocado y que somos la persona que somos. Puedes ser otra persona teniendo el mismo rostro y apariencia, eso depende únicamente de ti y tus decisiones. Creo que las personas que desean ser otra, vivir otra vida, es porque no saben lo que es ser ellos mismos. Yo misma he deseado muchas veces tener otra vida o ser otra persona, pero ya no. ¿Por qué? Porque he entendido que no es posible, y que la posibilidad de que yo esté aquí en este momento es dificilísima, pero estoy aquí. No, no quiero ser otra persona, quiero ser yo. Quiero ser mi mejor versión cada día, aunque sea diferente. Al fin y al cabo, como dijo ya Heráclito en el siglo VI a.C. en Grecia, todo está en continuo movimiento, no sólo el planeta, sino nosotros. Cambiamos a cada segundo que pasa y eso es tan terrible como maravilloso. 

Ser felices, amigos, y no os preocupéis mucho más por el pasado y el futuro, ni siquiera por el presente. Dejad que la vida siga su curso y que los momentos fluyan. 

Aziul.

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