He estado bastante ocupada estas últimas semanas, lo que me ha impedido dedicar tanto tiempo como me hubiera gustado en un principio al blog. Estos últimos meses están siendo los más duros del año a nivel personal, pero espero recuperarme pronto. El caso es que ya quedan unos pocos días para que el 2019 llegue a su fin y, aunque considero que podría hacerlo un poco más tarde, quiero hablar de él.

Cuando comenzó este año, tenía unas metas en mente que no he llegado a cumplir del todo. Algunas sí y otras no. Aunque, sinceramente, a todos nos pasa esto. Supongo que el problema está en que soy muy impaciente y tiendo a comerme la cabeza si algo no sale como había planeado en un principio. En ocasiones puedo llegar a ser exasperante. Sin embargo, he aprendido que incluso las cosas que no pasan, no lo hacen por algo. He comprendido que quizás no estoy preparada, me falta mucho por aprender o, simplemente, necesito endurecer mi corazón. Sé que cuando consiga arreglar ciertos problemas conmigo misma, podré conseguir mi objetivo.

¿Os ha pasado alguna vez que vuestra confianza en vosotros mismos aumenta de manera asombrosa durante un tiempo y, cuando creéis que nada podrá con vosotros, esa confianza se derrumba, como un castillo de arena en la orilla de la playa? Y lo peor es que no hay alguien ajeno que te derribe, sino tú mismo, tú eres el mar.

Es importantísimo creer en uno mismo, aceptarse y quererse. Si no, es difícil no sólo conseguir algo en la vida, que eso es lo de menos, sino vivir. La vida no siempre es bonita, pero si encima nos convertimos en nuestro propio enemigo, ya es insufrible. Animo a todas las personas que me leen y que sienten una brecha en su interior que se escuchen, porque todo lo que hace daño a un corazón, es importante, sea lo que sea.

No puedo evitar pensar en el 2018, el cual fue un año horrible para mí. Tenía unas ganas inmensas de acabarlo y fui tremendamente feliz al comienzo de este. Sin embargo, que 2019 llegue a su fin, me deja una sensación agridulce. Por una parte, deseo que dure más, porque temo lo que me deparará el futuro; pero, por otra parte, quiero que termine y volver a empezar, enmendar los errores y seguir creciendo. Lo bueno es que, de todas formas, lo que deseamos tampoco es tan importante, porque las cosas que tienen que pasar, pasan.

Siempre me pongo nerviosa a finales de año, desde que era una niña. Parezco tonta, como si algo grande sucediera. Pero es que ocurre algo grande: nuevos comienzos no los tenemos siempre, y el más grande es una vez al año. Es algo abismal. Y… como adivinaréis, tengo miedo. Aunque, últimamente pienso que el miedo es bueno a su manera, si sabemos utilizarlo a nuestro favor y no dejar que nos aplaste. Ah, y creo que de todo se aprende, sea bueno o malo. Yo he aprendido mucho este año y, sólo por eso, debería sentirme afortunada.

De ahora en adelante, me gustaría escucharme más y apostar por mí, porque si no lo hago yo, ¿quién lo hará?

Espero que vosotros también apostéis por lo que grita vuestro corazón.

Aziul.