En blanco

Llevo varios días diciéndome a mí misma que debo escribir algo para el Librito Aziul, lo que pasa es que no sé muy bien de qué hablaros esta vez. Un gran amigo mío me dijo que aunque no supiera qué escribir, que compartiera eso mismo, el no tener una idea de lo que saldrá de este texto.

Considero que puede ser una buena idea, no ya sólo para escribir, sino para descubrir qué es lo que esconde mi interior y es tan difícil de ver ahora. El caso es que no me ha ocurrido nada relevante estas última semanas, ni tampoco he vivido ningún sentimiento profundo que me haga necesitar descargar todo en el papel, como pasó con la última publicación, por ejemplo. Suelo escribir por necesidad, aunque también por gusto, evidentemente. A lo que me refiero es que, cuando hay una necesidad tan poderosa para escribir que no puedes evitar hacerlo, ya sea por un suceso inesperado o por sentimientos tan fuertes como la felicidad o la tristeza (y sus derivados) es cuando sale lo mejor, o quizás lo peor, depende de cómo se mire. Doy por hecho que todos sabemos a lo que me refiero, porque espero que todos hayamos escrito al menos una vez en nuestra vida por necesidad, ya sea para conocer nuestros sentimientos, ya sea por el gran amor que profesamos a nuestro amado o amada, ya sea por lo mucho que admiramos a una persona, ya sea por el motivo que sea. Aconsejo que se escriba, y no lo digo porque escribir despierte en mí una pasión ardiente, sino porque creo que escribir es una de las llaves que nos permite llegar a lo más profundo de nuestra alma.

Escribiendo esto me he puesto un poco triste, y quizás era ahí donde quería llegar cuando comencé este texto. Nunca me ha dado miedo una hoja en blanco, más bien me emociona, porque cuando tengo una hoja en blanco delante de mis ojos, no puedo evitar entusiasmarme por las hermosas figuras que sé que se unirán para dar un mensaje, unas figuras que yo misma creo, porque mis palabras nunca van a ser iguales a las palabras del resto de personas. Es más, cada persona tiene sus propias palabras. Puede que en estructura sean iguales y que el significado sea el mismo, pero la esencia es diferente, la esencia depende de cada persona que emplee esas maravillosas figuras. Estoy triste porque necesitaba esto, plantarme delante de una hoja vacía y ser yo misma. Actualmente, estoy bastante ocupada y apenas tengo tiempo para hacer todo lo que me gustaría, pero las personas siempre encuentran tiempo para lo que de verdad es importante para ellas. Por eso estoy aquí, porque escribir me importa, porque estoy más hecha de palabras que de ninguna otra cosa.

¿Veis? Al final ha funcionado. Empecé hace un buen rato sin una clara idea del contenido que tendría este texto y al final el resultado ha sido este. Seguramente no hubiera pensado en nada de esto hoy, ni mañana, como tampoco lo pensé ayer, porque estas cosas no suelen pensarse. Estamos tan atrapados todos por nuestra rutina y por nuestras obligaciones que nos olvidamos de nosotros mismos. Es muy importante cuidarnos, saber cuáles son nuestros sentimientos, nuestras satisfacciones y nuestras carencias. Escribir a mí me ayuda a pensar en todo lo que ignoro haciendo cualquier otra cosa, me ayuda a saber quién soy, a darme una identidad. Os aconsejo, aunque en vuestra mano está hacerme caso o ignorarme, porque a decir verdad no siempre estoy en mis cabales (aunque vosotros decidiréis cuándo lo estoy y cuándo no, porque yo, la verdad, no lo distingo muy bien), que cuidéis vuestro corazón y que hagáis eso que os dé identidad. Sólo así podréis romper la monotonía, y no sé si soy yo o el qué, pero la monotonía sí que me abruma y aburre al mismo tiempo. Vivid, sobre todo vivid, sed libres como los pájaros que surcan los cielos cada día.

Aziul.

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