Reloj

Actualmente, me siento un poco confusa. No sé la razón, o quizás sí, pero no del todo. Siento que estoy ahogándome entre mis propios sentimientos, entre esos que emanan directamente de la prudencia y, por otra parte, entre esos que me incitan fervientemente a aferrarme a la incertidumbre de la locura. Creo sinceramente que esta batalla continua entre lo que supuestamente está bien y lo que siento que está bien nunca va a llegar a su fin, simplemente porque soy demasiado cobarde. Demasiado cobarde para abandonar la seguridad de un futuro definido, y demasiado cobarde para renunciar del todo a mí misma. Soy tan cobarde que no puedo renunciar a ninguna de las dos cosas y, por ende, mi futuro es un mejunje de elementos incongruentes que intentan imponerse los unos a los otros en una incesante lucha por conocer al más poderoso. Si lo pienso bien, hablar de futuro no es realmente preciso, más bien me refiero a mi confusión. Siento como si este texto estuviese siendo un caos… Tal vez es un leve reflejo de mi interior. Quién sabe.

Pienso que las desencadenantes directas de esta confusión que siento son mis expectativas. Me refiero, cuando te hace especial ilusión una cosa y te la imaginas de mil maneras diferentes, pero nunca siendo mala, hasta que la realidad te golpea y ninguna de esos episodios creados por tu cerebro son reales, sino que acaban siendo todo lo contrario. Bien, eso me ha pasado a mí, pero además, hay una parte de mí que me dice que todavía falta, que no lo he visto todo, que permanezca, por mucho que me esté costando permanecer. De alguna forma hago caso a esa voz porque, como he dicho antes, soy una cobarde, pero creo además que no he realizado la elección incorrecta. Aunque hablando de elecciones correctas e incorrectas, debo decir que sigo manteniendo lo dicho en el anterior texto, ¿quién dicta qué es o no correcto? Sólo el tiempo.

Es ahí donde quería llegar, voy a volver a un tema que ya he tratado anteriormente, pero que sigue dándome mucho en qué pensar. Últimamente pienso mucho en el tiempo, de forma tan obsesiva que me siento como una masoquista, pero me es inevitable. Se ha formado un vacío de preocupaciones dentro de mí y, a causa de esto, el tiempo me acecha como si de un demonio se tratase. No sé si es bueno o malo, sólo sé que no quiero perder ni un minuto de mi vida haciendo algo que no vaya a ayudarme a evolucionar como persona o, sobre todo, a ser feliz. Ayer tuve un episodio desagradable, y es que perdí una hora entera de mi vida en algo que no me aportó nada más que aburrimiento y arrepentimiento. Mientras estaba viviéndolo, sentí una profunda aberración el quedarme allí viendo como las manillas del reloj seguían moviéndose incesantemente. Lo irónico es que este mismo día me regaló tiempo que me hizo mejorar. Pasé varias horas haciendo algo que engrandeció mi persona y, a pesar de que mi voz prudente me decía que debía irme y seguir con las tareas, mi voz de la locura me imploró que me quedara, que esa era la forma de ganar tiempo. Fui feliz, pero no pude evitar estar mal todo el día, y fue sólo entonces cuando por fin acepté que estaba triste.

Sigo observando las manillas de mi reloj moverse, sin detenerse ni un solo segundo, y hay ocasiones en que las siento como cuchillos que se me clavan, haciéndome revivir. Todo se para cuando dormimos, por ejemplo, pero esas manillas siguen moviéndose segundo tras segundo, siguen girando, al igual que lo hacen los planetas. Todo continúa su curso, incluso yo misma, pero quiero que esas manillas que ahora me duelen, me recompensen en algún momento con otras que me hagan saber que he vivido aceptando todo lo que dicta mi corazón.

Aziul.

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