He estado un poco perdida estos últimos días, aunque más bien podría decir estos últimos meses. Aún no he encontrado lo que busco o, quizás sí, pero me falta la valentía para llegar hasta ello. Así que, por el momento, sigo un poco confundida y perdida.

Solía pensar que el sentirse o no perdido era algo momentáneo, pero estoy empezando a creer que siempre es así. Nunca dejamos de estar perdidos porque nunca dejamos de encontrar sitios en el mundo que nos hacen sentir vivos. No hay un solo rincón o un solo lugar que nos haga completamente felices. Quizás es por nuestra abrumadora necesidad de seguir buscando a pesar de tenerlo todo, porque la curiosidad siempre es más fuerte. También, no creo que el mundo sea lo que nos confunde, creo que nos confundimos nosotros mismos según adquirimos conocimientos. Nuestra capacidad de juzgar y de pensar es un don, desde luego, pero también complica nuestra existencia. Siempre estamos buscando algo y, muchas veces, nisiquiera sabemos el qué. Sinceramente, creo que pocas veces uno encuentra lo que busca, porque tampoco sabe el qué está buscando. La solución de todo está dentro de nosotros, pero nuestro interior es un jardín precioso lleno de espinas; lo que hace difícil que podamos atravesarlo.

La vida no es complicada, somos nosotros los que nos empeñamos en complicarla. Tampoco es que lo hagamos aposta, (bueno, hay gente que sí), simplemente nos sale. Tenemos miedo constantemente y nos sentimos inseguros sobre todas las cosas que hacemos. Necesitamos que nos acepten, que nos halaguen y que nos quieran, porque nuestra naturaleza es depender de los demás. Por ende, nunca uno mismo va a ser suficiente. Siempre vamos a buscar a alguien que sienta lo mismo que nosotros, para no sentirnos tan solos y miserables. Cuando pensamos que hay otro que está igual que uno mismo, el corazón tiende a apaciguarse y la mente a decir algo como «¿Lo ves? No es para tanto, no eres el único que se siente así». Aunque la verdad es que sí: nadie puede sentir lo mismo que uno ni compartir el mismo sufrimiento. Pueden asemejarse e incluso parecer casi idénticos, pero nunca es lo mismo. Esto es simple, ninguna persona en el mundo, por muchos que seamos y por muy parecido que puede ser un grupo de personas a uno mismo, es igual que tú. Así que tampoco siente lo mismo que tú. No creo que sea algo negativo ni pesimista, es algo que es así. La diferencia que hay es tan fina que no tiene importancia, porque, aunque lo que se sienta no es lo mismo, se parece lo suficiente como para hacernos sentir más tranquilos.

Y sí, creo que llega un momento en la vida en el que hay que aceptar el hecho de que nunca dejaremos de sentirnos perdidos, porque siempre lo estaremos un poquito. Pero no hay nada de malo en esto. Seguiremos caminando como lo hemos hecho hasta ahora; y seguiremos creciendo día a día. Habrá situaciones que nos harán sentirnos los reyes del mundo y otras que nos harán sentir que nada merece la pena, pero de eso se trata la vida. Al fin y al cabo, no estamos aquí para ser perfectos ni para agradar a nadie. Estamos aquí porque nos ha tocado estar, y lo mínimo que podemos hacer por nosotros mismos es buscar un poco de felicidad; aunque sólo sea en esas mañanas en las que se observa el mundo a través de la ventana con el café en la mano, o lo que sea, qué sé yo. Las pequeñas cosas que nos rejuvenecen mil años, eso es lo que debemos conservar. Ah, y a nosotros, siempre conservar nuestra persona a nuestro lado. No hay mayor satisfacción que tenerse a uno mismo de soporte.

Aziul.