Nunca imaginé que escribiría en condiciones como estas, encerrada en mi casa y con la imposibilidad moral de salir de ella. No os voy a mentir, yo lo llevo más o menos, y lo sabía desde el principio. Siempre creí que la privación de la libertad de una persona era algo horrible, con el único objetivo de hacerle daño. Jamás pensé que podrían llegar a privar a alguien de su libertad a cambio de su bienestar. Pero aquí estamos la mayoría de nosotros, confinados en nuestras casas con el fin de salvarnos a nosotros y a quienes queremos.

No quiero hablar mucho de la enfermedad que está asustando a todo el planeta porque no creo que sea la indicada. Aunque supongo que mencionaré cierta cosa llegado el momento. Empezaré diciendo que he sido de las primeras que se han quejado por esta cuarentena por una simple razón: mi mente nunca ha sido mi mejor compañera. Así que, tener que estar las veinticuatro horas del día durante varias semanas aguantándola, se me hace insoportable. Aunque, por ahora, lo llevo bien. He aprendido a convivir con ella durante estos años y, por tanto, no le tengo tanto miedo. Pero, si yo, habiendo superado en cierta manera mis demonios internos, temblé al saber que debería convivir con ellos día sí y día también, ¿qué pasa con las personas con depresión, con ansiedad o con cualquier tipo de problema mental e interno? Sé de muchas personas que están fastidiadas, y lo están precisamente por tener que aguantarse a sí mismas. Así que, al menos pido a las personas que nunca se han sentido tan mal consigo mismas como para desear ser otra persona con todas sus fuerzas, que respeten. Debemos entender y respetar que no todos somos iguales y que quizás, lo que es para ti un camino de rosas puede ser, para otro, uno lleno de espinas.

A las personas como yo, que somos un poco más propensas a deprimirnos y a estar tristonas, les recomiendo que se distraigan, con todo lo que tengan. Simplemente intentad que las horas se os pasen rápido y evitad pensar lo máximo posible. Si no lo lográis, escribid. Podéis ser o no amantes de la escritura, pero escribid. Os aseguro que el papel en blanco os puede ayudar a entender el remolino de vuestro interior mucho mejor de lo que podría hacerlo cualquier otra persona. No hace falta que escribáis hasta cansaros, pero desahogaros, soltadlo todo y, cuando lo hayáis hecho, seguid viviendo. Mirad, puede que estemos en unas circunstancias horribles y no está mal que lloréis. Es más, por favor, llorad. No os guardéis nada dentro porque puede destruiros. Leí en alguna parte que llorar te hace más fuerte. Sinceramente no sé si es o no verdad, lo que sí sé es que, puede que paséis unos minutos horribles en los que penséis que nada podrá ir a mejor pero, os aseguro que, cuando termináis, cuando ya no quedan más lágrimas y los sentimientos se han relajado, comprenderéis que nada podrá ir a peor. Y eso es increíble, porque significa que falta poco para el ascenso. Si caerse una y otra vez duele, levantarse es lo más fácil que podéis llegar a hacer. En fin, buscad distracciones, a esos lectores aficionados como yo, leed mucho, no olvidéis que un libro siempre puede ser la puerta de salida a un mundo nuevo, quizás la que tanto ansiáis. Si no soléis leer (que debería y es la única cosa que jamás dejaré que nadie me discuta), ved una película o enganchaos a esa serie que tanto habéis pospuesto, también pueden haceros viajar muy lejos. Ya que estoy hablando de series, os recomiendo encarecidamente Anne with an E. Lo hago porque me maravilla esa serie y porque sé que tiene el poder de maravillaros a vosotros también. Creo que puede llegar a gustarle a todo el mundo, si usáis esos ojos de niños que habéis guardado en el armario, junto al monstruo que os acechaba a la hora de dormir. Miradla con inocencia y con entusiasmo, os aseguro de que os hará ver la vida de otra manera y vuestra paleta de colores habrá aumentado. Por otro lado, si no queréis hacer nada de eso o si ya habéis hecho todo eso y os aburrís, escuchad música, es una de las medicinas más eficaces que existen.

He dedicado el anterior párrafo a las personas como yo, que somos un poco más propensas a la depresión, pero he mentido. He mentido porque todas las personas sois como yo, todos tenemos esa necesidad de evitar quedarnos a solas con nosotros mismos. Pero os quiero pedir algo personalmente, de tú a tú, no huyáis de lo que sentís. Escuchaos, porque si no, jamás podréis entenderos.

Hay cosas buenas que podemos sacar de esta situación, ¿no creéis? Creo que todos valoramos más el salir fuera a dar un paseo, sentimos la ausencia del viento refrescándonos e incluso la pesada rutina de los viajes en transporte público o los increíbles atascos hasta llegar al lugar de estudio o de trabajo. Extrañamos quejarnos, incluso desear volver a casa. Extrañamos el contacto con las personas que queremos y que nos hacen ser un poco más felices, e incluso a las personas que no nos caen tan bien, pero a cuya presencia nos hemos acostumbrado. Y supongo que, lo que más extrañamos, es nuestra libertad de decidir ir a un sitio o a otro, sin restricciones. No estamos en la mejor época de nuestras vidas, pero tampoco en la peor. No tenemos a mucha gente cerca ahora, pero tenemos a gente que es familia. Aprovechemos para estar con ella porque, en nuestro día a día, apenas nos paramos a verla. Y veros a vosotros mismos. Entre toda esa soledad que sentimos agobiarnos, quizás descubramos que podemos ser felices sin la ayuda de nadie.

Y recordad, estar en cuarentena en casa es un privilegio, muchos están luchando por su vida, otros intentando salvarla. No tiremos todo ese esfuerzo por la borda. Quizás, y sólo quizás, era lo que nos faltaba para comprender que aún nos queda un poco de lo que llamamos humanidad. Espero que, la próxima vez, no necesitemos llegar a tales extremos.

Si necesitáis hablar y no queréis hacerlo con alguien que os conozca mucho por miedo a ser juzgados, estoy aquí.

Aziul.

Imagen sacada de Pinterest.