Estas semanas que han pasado desde que publiqué por última vez han sido agotadoras a nivel personal, sobre todo en lo emocional. Cuando acabó mayo, tenía muchísimas ganas de dar más vida al blog, de publicar más y hablar de diferentes cosas. Me propuse todo eso para junio, pero no he podido cumplirlo porque, sinceramente, no encontraba fuerzas. Espero cumplir ese objetivo a partir de esta publicación y, quizás, con un poco de suerte, se convierta en un hábito: escribir más, estar más.

Hay veces en la vida que nos sentimos derrotados por las circunstancias, y creo que lo que llevamos de año, con todos sus sucesos, nos ha llevado a todos a sentirnos así en una u otra ocasión. Yo me sentí así en marzo, cuando comenzó la cuarentena. Creo que esas dos primeras semanas fueron las peores, en las que de verdad puedo decir que estaba derrotada. Lo bueno es que siempre encontramos una pizca de fortaleza dentro de nosotros y nos empujamos a seguir adelante, a pesar de todo. En estas tres semanas que han pasado de junio no he sentido esa derrota interna que sentí en aquel momento, pero sí he sentido mucha desgana, incluso de lo que más me gusta, que es escribir. Por eso mis palabras no han surgido hasta ahora. Dentro de esa amargura y esa angustia de querer hacer algo pero no encontrar la fuerza suficiente para llevarlo a cabo volví, por fin y tras un largo mes sin ello, a leer. Hoy mismo me he pasado toda la mañana y gran parte de la tarde leyendo y me he sentido revitalizada. La lectura muchas veces me da el empujón que necesito para ponerme a escribir. La lectura es quien hace que uno escriba, supongo.

Y a qué viene todo esto, os preguntaréis. Viene a que siento como si el tiempo pasase y yo estuviera inmóvil. Estudio, leo, escribo, investigo, dibujo, etc. y aún siento que no hago nada. Muchas veces me pregunto si llegará el día en el que deje de sentir que lo que hago día a día es insuficiente, al menos en lo relativo a lo que quiero conseguir. Creo que también veo las cosas desde un punto de vista un tanto pesimista, cosa que ojalá cambiara en estos meses de descanso. Estoy segura de que es culpa mía, el sentir que no estoy haciendo nada, pero no puedo evitarlo. Tal vez el principal problema es que soy bastante inquieta y me interesan muchas cosas, lo que me hace desear llevar a cabo mil cosas diferentes. He llegado a la conclusión de que soy paciente en general, pero muy impaciente conmigo misma. Quiero hacerlo todo y rápido, y sé que las cosas no van así.

Debo confesar que estoy un poco triste, porque sigo sintiendo como si me estuviera fallando todos los días y, en el fondo, sé que lo hago. Es difícil salir de un estado en el que has estado sumergido durante tanto tiempo. Un estado con el que te has acostumbrado y al que has vuelto hasta beneficioso para ti. Todos los días se repiten iguales y llega un momento en el que simplemente sientes que, mientras que todo fluye, tú estás estancado. He pensado mucho en este estancamiento y creo que nos sentimos así por nuestro deseo de ser alguien, de que reconozcan nuestro valor y de que todo sea como uno se imagina. Soy una persona que ha vivido toda su vida imaginando situaciones que jamás se volverán reales, situaciones que no podrían ser reales porque son demasiado perfectas y, sin embargo, la imaginación no puede darnos lo que nos da la realidad, no nos puede hacer sentir lo que nos hace sentir algo cuando es real. Espero algún día cruzar esa inmensa frontera y hacer que lo que en mi mente es imaginación se convierta en una realidad visible para ojos ajenos a los míos.

Antes de que acabara mayo, me hice un plan para escribir casi todos los días durante este mes de junio, pero no lo he seguido. La irónica realidad es que, ahora que puedo hacer lo que realmente quiero, no lo hago. Me he estado culpando mucho por ello y, sin embargo, no quiero seguir haciéndolo. Sé que pronto llevaré a cabo ese plan y por fin dejaré de sentir que me defraudo a mí misma, pero tengo que admitir que no deberíamos culparnos cuando algo no sale como queremos o cuando no hacemos algo que hemos deseado desde hace tiempo. La vida es agotadora y, después de un periodo lleno de subidas y bajadas, es normal que lo que necesites sea descansar. A veces parece que no haces nada y que nunca conseguirás mejorar, pero no es cierto. También es importante parar, abandonar la rutina y pasar un tiempo sin hacer nada. Sé cuántas veces he dicho lo importante que es el tiempo y aprovecharlo, pero creo que si pasan días sin que tú hagas nada salvo recuperar el ánimo, la ilusión y la confianza, no es un tiempo perdido. Por eso, pienso que deberíamos dejar de ser tan duros con nosotros mismos y comprender que a veces, por mucho que el corazón quiera, el cuerpo y la mente necesitan descansar. Y no es nada malo porque el corazón, a pesar de todo, no se desilusiona cuando se trata de algo que realmente quiere, y cuando la mente se recupera, los dos coinciden en un mismo esfuerzo. El descanso también es parte del camino y, seguramente, es el que lleve a cada uno de nosotros hasta nuestras metas.

Sí, me siento inmóvil, como si no hubiera hecho nada todo este tiempo, pero no es así. He estado usando toda mi energía durante mucho tiempo y era hora de descansar un poco. Ahora que ya me he armado de valor y he escrito, supongo que he conseguido descansar lo necesario para que mi mente comience a ponerse en marcha. Es necesario aceptar los días en los que parece que no hacemos nada, porque en verdad nos estamos recuperando para darlo todo de nuevo y es importante no forzarnos a hacer cosas que no queremos hacer, por mucho que lo hayamos deseado durante tanto tiempo. Si lo hacemos, sólo lograremos que nuestro objetivo sea más difícil, porque nada bueno puede salir de una mente que no está plenamente dedicada a cumplir su objetivo. Con esto no quiero hacer la palabra «descanso» sinónimo de «pereza». Está bien ser perezoso un día o dos, pero no más, porque la pereza sí que acaba con los sueños. La pereza no es descansar, es realmente no hacer nada. Descansar, por el contrario, es recuperarse y armarse de fuerzas para volver al campo de batalla.

Descansemos y esperemos a que nuestra energía se renueve. Estoy segura de que así iremos hacia el buen camino. Y recordemos siempre que, aunque las cosas no siempre salgan como uno quiere, siempre se puede mejorar.

Aziul.

Fotografía de Pixabay, sacada de Canva.