A veces me pregunto cuánto nos ahorraríamos si no diéramos tantas vueltas a las cosas que nos importan. Tal vez el miedo solo llega hasta donde lo dejamos llegar y, si no le ponemos límites, es capaz de hacer de nosotros unas marionetas tristes. El miedo es bueno, sobre todo cuando lo sientes respecto a algo o a alguien que te importa, porque te muestra lo fuertes que pueden llegar a ser tus sentimientos. Es bueno porque es el que va a hacerte fuerte si lo superas, pero es malo si dejamos que nos destruya. Es difícil establecer una tabla de cosas buenas y cosas malas del miedo, aunque creo que no es necesario hacerlo. Cada uno tenemos nuestros propios miedos, incluso algunos en común, como el que tenemos cuando algo nos entusiasma y queremos que salga bien. Dicen que las derrotas son las que más nos enseñan, y de verdad que lo creía así; pero ahora creo que las victorias pueden enseñarte mucho también. Las dos cosas son imprescindibles e imposibles de esquivar en la vida, pero como todo, ¿no? Siempre hay contrarios que chocan entre ellos para dar lugar a nuestra conocida realidad.

A veces me pregunto cuántas cosas haríamos si no perdiéramos el tiempo haciendo otras. Deberíamos centrarnos en lo que nos apasiona y apostar por ello con todas nuestras fuerzas, pero es más fácil huir. Supongo que todas las personas huimos en algún momento, algunas más que otras, pero todos lo hacemos. Es difícil creer en la aceptación de otras personas cuando, en ocasiones, ni nosotros mismos nos aceptamos. Pero es completamente normal. Estamos llenos de dudas y de temores, así como de sueños y valor. Lo dije antes, los contrarios siempre están acechándose los unos a los otros. ¿Y sabéis qué? Me parece maravilloso, que lo negativo y lo positivo se junten, otorgándonos nada más ni nada menos que nuestro propio ser.

Estamos llenos de defectos y de virtudes que nos hacen ser humanos, que nos hacen ser diferentes pero iguales, que nos hacen vivir. Creo que todos tenemos miedo a la vida, de alguna u otra forma, y que todos nos hemos dejado llevar por ella, en vez de tomar las riendas. Pero nos levantamos después de que nos aplaste y seguimos, tal vez porque no nos queda otra, tal vez porque dar un paso más es lo mejor que podemos hacer, tal vez porque las cicatrices se convierten en fuerza. No lo sé, solo doy vueltas y vueltas en mi cabeza. Ah, ¡si no pensáramos tanto en las cosas! Pero es maravillosa, la capacidad de pensar y de enredar las cosas. Dolorosa también, pero maravillosa.

¿Qué sé yo que ando un poco perdida? Me dejo llevar mucho por la vida, pero también la controlo bastante. Aunque ando perdida, muy perdida; y quizás nunca deje de estar perdida. Tal vez es mejor así. Cuando uno está perdido nunca sabe qué va a encontrar. Quizás es mejor así, sin saber a dónde, pero con el por qué guiándonos siempre.

Aziul.