Quería preguntaros si alguna vez, ¿habéis pensado en la magnitud de vuestra existencia y en lo que conlleva ser una persona? Yo, la verdad, siempre que me siento un poco desganada o desmotivada, lo pienso. Me suelo decir a mí misma que no pasa nada, porque todos nos sentimos derrotados alguna vez; pero por alguna razón no me acabo de convencer a mí misma. Supongo que este problema lo tenemos todos. Sabemos que no somos los únicos en sentirnos de una forma, pero también sabemos que jamás podremos estar en la piel de alguien que no seamos nosotros mismos y, por ende, jamás conocer su corazón. El mío está hecho un desastre. Aunque, a decir verdad, siempre ha sido así.

Tengo por costumbre juzgarme a mí misma todo el rato, por todas las decisiones y acciones que realizo. Sé que no es bueno compararse con nadie, porque cada persona y su historia son diferentes, pero no dejo de hacerlo. Quizás es que soy muy exigente conmigo misma. Si no lo soy yo, ¿quién lo será? O quizás es que no quiero encajar. No sé si os pasa, pero la rutina me aburre, me hace sentir perdida y lastimada. No me gustan los cambios, pero tampoco soporto que todo siga igual. Es como una constante lucha entre lo que debería hacer y lo que quiero hacer, entre lo seguro y lo temerario, entre el conocimiento y las ganas. Ah, y siempre me siento perdida, como un barco a la deriva.

Ser una persona es complicado. Creo que serlo es sinónimo de un recipiente vacío en el que se han metido de golpe unos pocos sentimientos que, en circunstancias, dan lugar a muchos más, hasta el infinito. Me han definido como un ser lleno de sensibilidad y creo que están en lo cierto. Supongo que no todos estamos dotados de las mismas habilidades y que nuestra manera de sentir las cosas se da de manera diferente, pero todos sentimos. A veces cansa tanto, tener que sentir. Deseas que pare, pero no para. Es imposible que pare. Y sufres y llueve en tu interior tan fuerte que, cuando vuelve a salir el sol, te ves como a un tonto. ¿De verdad aquello era tan grave? Siempre las cosas se nos hacen tan pequeñas tras haberlas sufrido. Tendemos a exagerarlo todo en demasía. Yo creo que lo hago en mayor medida de lo que debería.

A veces soy bastante pesimista. Muchos ya lo habréis notado por alguno de mis textos. Otros pensaréis que soy optimista, también por mis textos. Soy ambas cosas, depende del momento, de las circunstancias y de la sensibilidad. Me han dicho que soy como una montaña rusa; que cuando estoy bien, no hay nada que me derrumbe; pero cuando estoy mal, no hay nada que me levante. Y los días se convierten en fatídicos o en pequeñas euforias. Ah, y ser persona. Ojalá dieran clase de cómo ser persona. Esas sí que merecerían la pena.

Aziul.