Hay ocasiones en las que perdemos el rumbo de nuestras vidas y nuestros sueños, anhelos y metas se vuelven cada vez más inalcanzables. Son esos momentos en los que nos sentimos perdidos, sin rumbo fijo, como entes merodeadores en un mundo lleno de experiencias que ya no les pertenecen, en los que comprendemos nuestros verdaderos deseos, no aquellos creados por nosotros, sino aquellos que emanan desde el fondo de nuestro ser.

Cuando nos encontramos en esta situación, pasan muchas preguntas por nuestra cabeza, tantas que a veces son imposibles de aguantar. Por eso huimos, de lo que somos y de lo que queremos, pero sobre todo, del dolor de nuestro corazón. Nos ignorarnos a nosotros mismos, lo que queremos darnos a entender, y ese es el peor daño que podemos infligirnos. Nadie nunca nos va a tomar totalmente en serio. Podemos compartir nuestros sueños y, a pesar del apoyo, nunca será total, porque nadie sabe cómo nos sentimos realmente en nuestro interior. Si encima acallamos esa voz incesante que trata, de manera desesperada, de mostrarnos el camino indicado, ¿qué estamos haciendo?, ¿quién va a escucharnos y quién va a darnos una oportunidad cuando ni siquiera nosotros somos capaces de hacerlo?

Caen las dudas y nos inquietamos. Repasamos todas las decisiones que hemos ido tomando a lo largo de nuestras vidas hasta llegar al punto en el que nos encontramos y nos preguntamos una y otra vez si hemos hecho las elecciones correctas. Tal vez lo sean o tal vez no, pero siempre y cuando la decisión haya sido tomada por nosotros y la pasión de nuestros corazones, no debería estar mal. Y, aunque digo esto, muchos nos sentimos perdidos e incluso nos arrepentimos de lo que nunca deberíamos dudar y, nos duela lo que nos duela, es culpa nuestra.

Nos empeñamos en compararnos con los demás a cada instante y aprendemos que subestimar nuestras propias capacidades es una forma de vida. Eso sólo conduce a que los pensamientos negativos, tristes, oscuros, esa parte de nosotros que sabemos que nos hace daño pero a la que nos hacemos adictos, se apoderen de nosotros. Y una vez se han apoderado de nosotros, es ahí cuando es difícil salir. Muchos intentamos huir, solapar esos pensamientos con algún tipo de pasatiempo que no nos hiera pero, ¿cuánto dura eso? Como mucho unos días, porque los pensamientos negativos siempre vuelven y no dejan de pulular a nuestro alrededor nunca. Huir y solaparlos no es una solución, sino levantarnos, enfrentarnos a ellos y luchar. El único gran enemigo, el único gran muro y la única gran piedra en el camino siempre seremos nosotros mismos. Nadie nos va a boicotear, porque nadie tiene la capacidad de frenarnos si no les damos ese poder. Nosotros somos los que nos saboteamos, los que nos ponemos zancadillas y los que posponemos algo que realmente nos importa por miedo a caer. Parece que olvidamos que son las caídas las que nos han hecho fuertes y que volver a levantarnos nos ha hecho invencibles.

Hemos pasado por mucho, todos nosotros, y seguiremos pasando por muchísimas cosas hasta que expire nuestro último aliento. La vida no es fácil, ni dulce, ni suave, sino dura. Es esa dureza la que nos hará ganar o perder, pero no es esa dureza la que decidirá si ganamos o perdemos, sino de lo mucho que apostemos por nosotros mismos.

Yo he tenido suficiente cantidad de autocompasión y de huida. He ignorado lo que soy y no ha servido de nada, porque lo que el corazón desea es imposible de negar. He tenido suficiente. No quiero seguir pensando en lo que puede salir mal y quiero llenarme de lo que puede salir bien. Todo es difícil, pero más difícil es si no nos damos la oportunidad. Somos lo que la mente nos hace creer, así que llenémosla de nuestros sueños y objetivos, para convertirnos en lo que realmente anhelamos, en lo que soñamos cuando nadie nos escucha y en lo que está impreso en nuestro interior.

Valemos mucho más de lo que nos hacemos creer a nosotros mismos y somos capaces, todos y cada uno de nosotros, de cambiarlo todo. Lo único que necesitamos es un poco de confianza y de paciencia. Si somos fieles a nosotros mismos y a lo que queremos conseguir, no me cabe ninguna duda de que lo lograremos. Espero algún día ser un ejemplo de ello.

Gracias a todas las personas que me leen siempre, a las que sienten lo mismo que yo y a las que siguen luchando a pesar del miedo. Me siento muy orgullosa de vuestra existencia.

Imagen sacada de Pinterest. 

Aziul.