Monstruos, pt.2

Me preguntaba a mí misma si realmente está bien exponerse tanto hacia un público como yo a veces lo hago en mis textos, y me he dicho que sí. He llegado a esa conclusión solamente porque, a pesar de que siempre me confundo y acabo pensando en que debo ser una especie de Lope de Vega que escriba lo que los demás quieren oír, yo escribo para mí. Estos textos e incluso este blog entero lo hice por y para mí, no para que nadie más me diera su aprobación sobre si están bien o mal los temas que toco en él.

Me siento ahora mismo bastante confusa respecto a mi propia persona, por el mero hecho de que mis sentimientos y mis pensamientos chocan, no se ponen de acuerdo, provocándome un dolor agudo que no sé cómo interpretar. Normalmente siempre han sido mis pensamientos los que se han empeñado en hacerme daño, creando situaciones imaginarias, de esas que sabes que posiblemente nunca lleguen a suceder, pero aun así te hacen mal. Normalmente las personas saben que el peor enemigo que pueden tener es su propia mente, al igual que a mí me ha pasado durante mucho tiempo. Pero ha sucedido que, ahora son mis sentimientos los que se empeñan en que salgan a la luz recuerdos que me atormentaron en su día y que me atormentan ahora por igual. A veces sientes que has superado muchas cosas, que has madurado, que ya no eres la misma persona débil e indecisa que eras, pero repentinamente se te presentan unas circunstancias en las que vuelven todos esos miedos que creías enterrados hace mucho. ¿Qué controla a qué realmente? ¿La mente al corazón o el corazón a la mente? O quizás ni siquiera se controlan, sino que son dos elementos de la misma pieza que encajan y que a veces se mueven, como el mecanismo de un reloj, haciendo que cada cosa vaya a una ritmo desacompasado, al igual que las agujas que marcan las horas día tras día.

Siento un tótum revolútum en mi interior, como si nada quisiera dar su brazo a torcer para que las aguas vuelvan a su cauce. No, más bien es como un tsunami, que lo arrasa todo sin avisar. En estos días en los que me siento vulnerable, a veces me pregunto qué sentido tiene vivir, qué sentido tiene cuando no puedes entender tus propios sentimientos, cuando ni siquiera sabes la razón exacta de tu disgusto o de tu mala disposición. Me pregunto, si somos tan perfectos como la ciencia, la literatura y la religión nos hace creer, por qué somos tan débiles, cómo algo que ni siquiera se ve como es el caso de los sentimientos puede hacernos encerrarnos de por vida o recorrer el mundo entero si hace falta. ¿Cómo podemos ser tan cínicos e hipócritas de incluso pretender engañarnos a nosotros mismos e ignorar lo que no está bien, lo que nunca lo estuvo? ¿Cómo pretendemos ser felices si no escuchamos lo que estamos pidiendo a gritos? ¿Cómo osamos que nos quieran cuando ni siquiera sabemos hacerlo nosotros mismos? ¿Cómo enseñamos a los demás a ser humanos cuando ni siquiera nosotros sabemos serlo?

Si algo he temido de verdad en mi vida, no son los monstruos que hay debajo de mi cama o en mi armario, sino más bien los que se encuentran en mí y en todas las personas que me rodean. Al lado de esto, lo que más miedo me da en el mundo es que mis monstruos acaben por ahogar a personas que no tienen porqué verse envueltas en mis batallas. Por eso, días como hoy, siento la necesidad de encerrarme y de mantener una larga charla interna, para evitar que mis monstruos acaben destruyendo a otros. Peor que destruirte, es destruir. Yo desde luego, quiero apagar la voz del monstruo.

Aziul.

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