Precipicio

Hoy he estado tratando un tema que me pone bastante triste. Hablé de él en mi última publicación, no directamente, pero sí que se leía entre líneas. Siento si soy una cansina, pero es algo que no puedo o, más bien, no quiero ignorar. Creo que nadie debería ignorar este tema.

Hay muchas personas en el mundo y todas somos diferentes. Si os soy sincera, me maravilla encontrarme con ese tipo de personas que saben quiénes son y que conocen sus límites; ese tipo de personas que saben y aceptan que sólo tienen autoridad sobre sí mismas. También son estas personas las que se esfuerzan en no juzgar e intentan que todo el mundo, sea como sea, se sienta a gusto. Ojalá fuéramos todos así, pero sería demasiado bonito. Me maravilla, he dicho, porque, aunque existen, no es tan fácil como parece encontrarlas. En cambio, te encuentras con aquellas que tienen que juzgar e incluso insultar a otro grupo, ya sea por su color de piel, su inclinación sexual, su género, sus preferencias… Vamos, por cualquier mínima cosa. No me voy a meter en cuestiones de xenofobia, homofobia, racismo o cualquier otro tipo de fobia que más que fobia es un problema interno que tienen los susodichos. No vengo a hablar de problemas que debían haberse solucionado o, al menos, empequeñecido desde hace mucho tiempo. Vengo a hablar de otro problema, no sé si el más grande de ellos, pero sí el que afecta a las personas maravillosas y a las que tienen problemas internos por igual; es decir, a todos.

Hemos destruido y doblegado a cualquier ser vivo que pudiera ser una amenaza para nosotros, (incluso a los que no lo son); y no contentos con esto, nos hemos ido aplastando los unos a los otros desde que la conciencia humana existe, es decir, la historia y, por tanto, la escritura. ¿Os dais cuenta? No es sólo que no sepamos respetar a otras especies, es que no sabemos respetarnos ni siquiera a nosotros mismos. Pero ojo, luego nos tiramos flores, porque nosotros somos capaces de pensar. Una cosa sí que dejo clara: pensar y tener conciencia no es lo mismo. Todo el mundo pude pensar, pero sólo los más valientes logran tener conciencia de algo.

Una vez que nos hemos cansado de pisotearnos los unos a los otros, hemos decidido que, como somos la especie superior, nadie puede estar por encima de nosotros, ni siquiera el planeta. Si estuvierais ahora mismo a mi lado, me habríais visto reír. Pensarlo con lógica: el planeta nos permite vivir, pero nosotros estamos matando lo que nos da la vida. ¿Sabéis lo que es peor? Sinceramente, creo que estamos tan convencidos de que somos los más fuertes, los intocables, los invencibles… que creemos que nada podrá con nosotros. Otra vez me río. Por Dios, abrid los ojos, por favor. El planeta se está muriendo y, con él, todos y cada uno de nosotros. Estamos destruyendo lo único que deberíamos defender con uñas y dientes.

Hay mucha concienciación respecto a quererse y respetarse a uno mismo y a nuestros semejantes. Lo veo magnífico pero, ¿qué hay del respeto hacia nuestro verdadero hogar?

Necesito hacer una pregunta a todas las personas que estén leyendo este texto: ¿Os gusta viajar? ¿Os parece maravilloso el mundo? A mí también, muchísimo. Pero nada tendrá sentido, ni los años que hemos estudiado, ni los años que hemos trabajado, ni los sueños que hemos cumplido o los que tenemos… nada. Nada tendrá sentido si matamos nuestra fuente de vida. Os digo la verdad y espero que ya seáis conscientes de ella: Nos vamos a morir. Desde que nacemos, sabemos que vamos a morir. Siempre va a ser así, pero al menos, dedicad un poco de vuestra vida para salvar a todos los que nacerán en el futuro, para salvaros a vosotros y a los que queréis, para salvar el planeta.

Parece que estuviéramos corriendo hacia el precipicio con ganas de rompernos la cabeza.

Aziul.

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Un nuevo paso

He estado un poco ausente el mes de agosto, pero supongo que me ha servido. No he escrito mucho y, tal vez, he sido algo perezosa en cuanto a los deberes que yo misma me hube puesto. Lo que sí he hecho ha sido leer. He leído muchísimo. No conozco vuestros sueños y, aunque los conociese, tal vez se me haría difícil entenderlos. A todo el mundo le cuesta entender a otra persona, por eso siempre comparamos su situación con una parecida nuestra. Así que os voy a contar un poco cómo me he sentido y podéis perfectamente compararlo con vuestras propias experiencias. Tal vez por eso me gusta escribir, porque cada persona puede interpretar mis palabras a su gusto.

Me hubiera gustado escribir más de lo que lo he hecho. Años anteriores no lo hacía simplemente porque encontraba mil escusas para no ponerme a ello. Pero este año me he dado cuenta de que es diferente. He buscado escusas, como en los viejos tiempos, pero no por pereza. He comprendido al fin que tengo miedo. Desde muy pequeña mi sueño ha sido escribir, dedicarme a ello. Supongo que el sueño se convirtió en una realidad que veía posible sin darme cuenta. Aunque no comprendía lo que estaba intentando hacer. Ahora creo que he madurado, que tengo miedo porque sé que escribir es una de las cosas más complejas que pueden llevarse a cabo en este mundo. Es un miedo que me aterroriza pero que igualmente me atrae, tal como lo hacen las rosas, siendo tan hermosas y peligrosas al mismo tiempo. Creo poder vivir con este miedo o, al menos, aprender a tolerarlo. Es difícil de explicar, pero este miedo es diferente. Es dulce, adictivo e incluso valiente. Me gusta la sensación de miedo que siento ante la incertidumbre de la escritura, porque sé que no podría vivir sin ella y, por ende, sin este empalagoso miedo.

Estar sin escribir por varias semanas me ha llevado a acumular mucha energía que se convertirá en palabras, lo cual me alegra. Aunque he de decir que me siento un poco triste por no haber escrito, pero a la vez comprendo mis sentimientos y comprendo que necesitaba tiempo. Tiempo para dar un nuevo paso. Sé que para ser buen escritor hace falta escribir mucho, pero para ser buen escritor también se necesita leer mucho. He leído muchísimo, hasta la extenuación. Y, de alguna manera, tengo nuevas perspectivas que antes no había vislumbrado. Creo saber cómo escribir, aunque nunca nadie sabe cómo se escribe. Simplemente fluye, y quiero que mis palabras fluyan. Ahora que ya estoy un poco más recuperada del miedo, ahora que he aprendido a afrontarlo y a comprenderlo, estoy lista para escribir mucho. Parecerá una tontería, quizás la gente que no ama las palabras no lo comprenda (o quizás sí y yo estoy completamente equivocada), pero la felicidad del miedo, ese dulce miedo que me hace querer llorar, es abismal. La felicidad de reencontrarse con los deseos más profundos del alma, incluso si son vertiginosos, es una de las mejores sensaciones que he experimentado.

Ahora creo que lo único que me falta es comprender que el tiempo necesita tiempo, que yo necesito tiempo y que, definitivamente, los sueños, para llegar a cumplirse, también necesitan su tiempo.

Tal vez es hora de dejar de correr y dejarme llevar por la corriente de las maravillosas palabras que pueda algún día llegar a escribir…

Aziul.

¿Sois felices?

¿Sois felices?

No sé si os hacen esta pregunta mucho, poco o nada. Por eso os la hago yo. Sólo hay una persona que me haya hecho esta pregunta en mi vida, que yo recuerde. Tal vez os habéis sorprendido al leer la pregunta, quizás porque no la oís. Yo también me sorprendí cuando esta persona me lo preguntó por primera vez. Creo que contesté con un sí dudoso, aunque era mentira, no era feliz. Dudo mucho de que hoy lo sea. Evidentemente soy mucho más feliz que entonces, que fue hace unos tres años más o menos, pero el concepto de felicidad es demasiado grande como para tomárselo a la ligera. Así que yo soy feliz en parte. ¿Y vosotros? ¿Sois felices?

¿Cómo explicáis que apenas nadie haga esta pregunta? Fácil. El concepto de felicidad para nosotros es que alguien sonría. Cuando alguien sonríe es feliz, cuando no, es infeliz. Fácil y sencillo, ¿verdad? Salvo porque no lo es tanto. Ah, y dejémonos de esa tontería de “el que más sonríe, más sufre por dentro”, porque es mentira. Puedes sonreír muchísimo o puedes sonreír poquísimo y estar igual de feliz o de triste. Así que pongámosle un punto y final a esa frase típica que leíamos para motivarnos o para sentirnos menos solos cuando teníamos doce años. Yo misma he sonreído miles de veces cuando lo único que deseaba era llegar a mi casa, encerrarme en algún cuarto y llorar hasta que no pudiera más. Y no soy la única, todos y cada uno de nosotros lo hemos hecho. Eso es lo que más me molesta de nuestra naturaleza. Sabemos que podemos sonreír estando rotos y, si podemos nosotros, puede cualquier persona. Sin embargo, nadie se detiene a observar la sonrisa o los ojos de una persona. Os aseguro que si observáramos más, nos daríamos cuenta de algo. O tal vez me equivoco, no lo sé. Pero, ¿tanto cuesta preguntarle a alguien si es feliz?

Esta pregunta es tan importante por una sola razón: porque es poderosa. Da igual a quién se la hagas, harás que se replantee su respuesta y a sí mismo. Y esto no es malo ni mucho menos. Te puede responder que sí o que no, independientemente de cómo se sienta realmente, pero cuando esa persona en cuestión esté a solas, pensará en la pregunta y será entonces cuando comience a comprenderse a sí misma. Pueden suceder dos cosas: que la persona en cuestión se dé cuenta de que es feliz, que es lo mejor que puede pasar; o que la persona en cuestión se dé cuenta de que es infeliz, lo que, en los mejores y la mayoría de los casos, la impulsará a buscar la manera de ser feliz. Y todo este proceso tan sólo por hacer una mísera pregunta de dos letras.

Por favor, haced más esta pregunta porque puede ayudar a muchas personas a ser mejores, a comprenderse e incluso a ser felices. ¿A qué no os preguntáis a vosotros mismos si sois felices cuando estáis solos? Nadie lo hace. Es triste como nosotros mismos no somos capaces de cuidar nuestra propia persona. Haced esta pregunta a las personas y, sobre todo, a vosotros mismos. Ayudad y ayudaos. No creo que exista la completa felicidad, pero creo que existe la felicidad adecuada para cada uno. Encontrad esa felicidad y no escondáis vuestras debilidades. Todos las tenemos, por muy fuertes que nos creamos o nos hagamos ver.

Por última vez: ¿Sois felices?

(A JR.)

Aziul.

El pájaro rompe el cascarón, H.H.

Durante los pasados días he estado releyendo un libro que es importante por mí por dos razones. La primera razón es porque este libro me impulsó a leer libros más filosóficos y ambiguos, e incluso a autores que no me hubiera atrevido a leer antes de él; y la segunda razón es porque fue el primer libro de Hermann Hesse que leí. No he hablado aún de este escritor, pero creo que ya es hora de hacerlo, porque a día de hoy es el autor que más me ha inspirado y que más repercusión ha tenido sobre mí. Podría decir que Hermann Hesse es uno de los escritores de mi vida. Este libro es Demian, con el subtítulo, Historia de la juventud de Emil Sinclair. Me hace gracia pensar que hace dos años, cuando leí por primera vez este libro, pensé haberlo entendido. Nada más lejos de la realidad. Había aprendido y disfrutado mucho, pero no lo había comprendido. Ahora, en esta segunda lectura, por fin he entendido el mensaje de esta obra y no os podéis imaginar lo emocionada que me siento.

No quiero hacer una reseña como tal, porque creo que es una obra que merece la pena leerla uno mismo, por no mencionar que también merece mucho la pena leer a Hermann Hesse. Intentaré hacer pocas menciones de situaciones que se dan en el libro, porque el mensaje es mucho más profundo cuando se entiende por uno mismo.

Emil Sinclair es un niño cuando empieza la obra, un niño que siempre ha estado rodeado de luz, de amor y de la protección de Dios. Pero un día, al salir de clase, se va con unos compañeros, y ellos comparten las fechorías que han realizado. Está de más decir que Sinclair nunca había llevado a cabo ninguna fechoría, pero se inventa una mentira para impresionar a sus compañeros. Esa mentira sigue siendo lo que es, una mentira, pero lo llevará a ser coaccionado por uno de esos compañeros, lo que turbará su conciencia mucho tiempo. Esa es la primera toma de contacto de Sinclair con el mundo oscuro. Más adelante conoce a Demian, un chico misterioso que parece saber muchas cosas sobre este mundo oscuro y, aunque Sinclair intenta alejarse de este chico, la atracción que este ejerce sobre él será mayor, porque la atracción de la maldad es dolorosa, pero adictiva. Hasta ahí lo que contaré sobre la novela en cuanto a argumento.

Quiero pasar ahora a los temas que me han llamado la atención. El primero de todos, el que ya os he expuesto en el argumento, es el contraste entre el bien y el mal. Hesse, por medio de Sinclair, hace una reflexión asombrosa: ¿acaso no vemos sólo la mitad del mundo? Nos fijamos en la parte luminosa del mundo, aquella llena de bondad y tranquilidad, pero no es el mundo real. Para que sea el mundo real, hay que tener en cuenta la otra mitad del mundo, la parte oscura, aquella llena de maldades y vicios. ¿Acaso no somos nosotros mismos la principal fuente de bondad y de maldad en el mundo? ¿Por qué censuramos la parte mala, como si hablar de ella o tenerla en cuenta fuera pecado? Esta pregunta nos lleva al próximo tema: la religión. He de aclarar que Hesse nunca criticó la religión, más bien reflexionó sobre ella, intentó entenderla, intentó encontrar la propia. Hesse tenía mucho respeto hacia la religión, él mismo decía que ninguna religión era mejor que otra, sino que eran diferentes y plenas en sí mismas. Bien, cuando hablamos de Dios, sólo le atribuimos las cosas buenas, es decir, la mitad luminosa del mundo. Pero entonces, ¿no estaría la religión también incompleta, porque censura y castiga la maldad? Aquí es donde tengo que introducir a Abraxas, un dios egipcio, pero que en esta obra tiene la característica de concentrar en su entidad tanto lo divino como lo infernal, es decir, tanto el bien como el mal. La figura de Abraxas es muy importante en esta novela, porque en ella se recogen ambos mundos, es decir, el mundo en su totalidad. Además, este dios concentra en sí mismo tanto la imagen del hombre como de la mujer, dándoles la suprema igualdad. La frase con la que constantemente se hace referencia a Abraxas en el libro es la siguiente: “El pájaro rompe el cascarón. El cascarón es el mundo. Quien quiera nacer, tiene que destruir un mundo. El pájaro vuela hacia Dios. El dios se llama Abraxas.”. Podemos explicar esta frase diciendo que si queremos que algo nuevo nazca, primero hay que destruir lo antiguo. A veces mediante la destrucción, (lo malo), se llega a lo nuevo y lo anhelado, (lo bueno).

Hermann Hesse habla constantemente del crecimiento personal en su obra literaria, y en Demian esto se ve claramente. Sinclair, desde su primer contacto con la maldad del mundo, comienza a desarrollarse, es decir, pasa de ser la persona que le imponen ser a ser la persona que él quiere ser, aunque muchas veces falla. Es más, durante la novela, se repite constantemente que la única manera de llegar a Abraxas es no renunciando a la propia persona: Hay que encontrarse a uno mismo para poder alcanzar a Abraxas. Tal vez incluso nosotros seamos Abraxas porque, a veces tenemos que destruir la imagen que los demás nos imponen, para aceptar la imagen que nosotros mismos nos damos. Estas personas, las que buscan su propio yo, las que quieren llegar a Abraxas, están marcados, tienen un estigma.

Durante la novela se nos muestra toda la evolución de Sinclair a lo largo de su juventud para poder llegar a sí mismo, para poder entenderse y conocerse. Esta evolución está magníficamente contada, y sólo se consigue mediante una serie de personajes que conoce nuestro protagonista a lo largo de este periodo de su vida. No voy a hablar de estos personajes, porque es imposible para mí explicarlos dignamente. Me es imposible hablar incluso de Sinclair y de Demian, pero a ellos, por razones obvias, me veo obligada a hacerles referencia. Son personajes muy bien construidos y creo que sólo se los puede comprender a través de la lectura minuciosa de esta obra.

Necesitaba mencionar esta obra y dedicarle una entrada entera, pero insuficiente, debido a que Demian es el claro reflejo de nosotros mismos. Todos nosotros somos Sinclair. Nos encontramos en un mundo, perdidos, intentando encontrarnos, conocernos. De eso se trata la vida, de ir poco a poco almacenando experiencias, memorias y reflexiones, con el fin algún día de llegar a nuestra propia persona, de llegar a Abraxas.

El cascarón está rompiéndose.

Aziul.

{010619}

Hace justo una semana desde que cumplí uno de mis mayores sueños. El sábado pasado asistí junto a unas amigas al primer (y espero que no último) concierto de una banda surcoreana que he seguido desde hace ya casi cuatro años, BTS. La experiencia que me llevé de este viaje, porque fuimos a Londres, creo que nunca podré dejar de emocionarme al recordarla. Pasé unos días increíbles visitando esta ciudad con unas personas a las que quiero muchísimo. Pasaron muchas cosas pero, ante todo, nos divertimos y fue muy estimulante salir de nuestra zona de confort. Soy una persona que le cuesta hacerse a los cambios así que, al principio, me costaba creer lo bien que estaba asimilando viajar a otro país sin saber absolutamente nada. Ahora, aunque ya he vuelto a mi día a día, hay una emoción enorme dentro de mí que me hace esperar con ansias la próxima oportunidad para aventurarme a un mundo que no conozco, pero que me encantaría conocer.

Mentiría si no reconociera que los días previos a nuestra partida tenía un miedo abismal, mientras mi mente me hacía pensar en todas las cosas malas que podrían suceder si tan solo una cosa se torciera. Pero, hubo cosas que se torcieron o que no salieron tan bien como esperábamos y, aun así, el viaje no dejó de ser increíble. Soy una persona bastante perfeccionista pero, poco a poco, estoy aprendiendo a disfrutar de los errores, porque cuando las cosas salen mal también conducen a cosas buenas. Este viaje fue increíble y estoy segura de que no lo olvidaré.

En cuanto a BTS, se me hace difícil explicar bien mis sentimientos. Desde que conocí a estos chicos he pasado por momentos duros y tenerlos a mi lado ha sido un gran apoyo. Su música siempre ha logrado calmarme, enseñarme cosas. Su música siempre ha estado a mi lado, en los momentos en los que no cabía más felicidad dentro de mí y en los momentos en los que no podía más. Siempre han sido mi refugio. Parece una tontería, pero si pudiera expresar tan sólo la mitad de todo lo que siento hacia ellos, (la gratitud, el amor, el orgullo, …), lo haría. Sólo puedo decir que me han ayudado mucho a través de las letras de sus canciones, a través de sus cálidos corazones y a través de su gran trabajo, inspirándome cada día a ser una mejor versión de mí misma. Verlos en vivo ha sido un sueño que nunca me permití soñar. Explico esto, siempre he vivido en mi imaginación y siempre he dejado que mi corazón fuera quien decidiera mi rumbo. Mi imaginación siempre crea situaciones imaginarias sin pedir permiso, pero nunca se atrevió a imaginarme en uno de sus conciertos. La posibilidad de asistir a uno de ellos me parecía tan sumamente improbable que no quería torturarme a mí misma con la dulzura de la esperanza. Pero tampoco me importa, porque mi corazón decidió que tenía que ir a ese concierto, que tenía que cumplir al menos este sueño. Al acabar 2018, me prometí que cumpliría uno de mis sueños, no sé si el que tenía en mente entonces se cumplirá este año o el siguiente, pero al menos no me he defraudado a mí misma y he logrado cumplir uno de ellos. Estando frente a ellos, mientras mis ojos seguían sin creerse que lo hubiera conseguido, supe que en el 2019 ya había ganado. Es curioso, ¿no? Como un solo día puede cambiar tu vida para siempre, como puede cambiarte a ti.

Volviendo a lo de la imaginación, me encanta usarla para crear diferentes escenarios y situaciones que, posiblemente, nunca se vayan a dar en la realidad. Mucha gente cuando me conoce elogia mi imaginación, y es uno de los elogios que más me gusta recibir, pues creo que no es ningún secreto que soy una escritora que aspira a convertirse en autora pronto. El caso es que, amo la imaginación, el poder de crear algo totalmente nuevo y propio. Poder crear personas, mundos, lugares, etc. Pero ese viaje me hizo darme cuenta de que la imaginación, por muy increíble que sea, nunca podrá producirme reacciones reales. Por mucho que hubiera imaginado Londres, nunca podría haberme imaginado la emoción y la felicidad que sentí al estar allí de verdad y mucho menos la gratitud que sentí hacia las dos maravillosas personas que me acompañaban. A su vez, por mucho que me hubiera imaginado el concierto en los días anteriores a él, nunca podría haberme imaginado el temblor de mis manos, las mariposas de mi estómago, las lágrimas que surgieron de mis ojos… Hay cosas que son necesarias vivirlas para poder llegar a sentir su completa esencia. Esos días que estuve en Londres, no pude dejar de sentirme como si estuviera soñando, como si todo hubiera sido producto de mi imaginación. Los días posteriores, al volver a casa, seguí sintiéndome igual. Aún creo que fue demasiado bueno para ser real. Pero sabía y sé que fue real, porque las emociones que sentía también eran muy reales, y las que sigo sintiendo a día de hoy también me lo demuestran.

Después del concierto, me sentí devastada por un enorme cúmulo de sentimientos. Días después de él seguí llorando, porque la realidad a veces es tan mala o, en mi caso, tan buena que parece irreal. Llorar es sólo la muestra de que algo es real. Nunca en mi vida he llorado tanto debido a la felicidad que me envolvía, y deseé llevar a cabo cientos de cosas nuevas después de ese día. Cumplir este sueño me ha motivado de una manera increíble y me ha impulsado a querer cumplir muchos más. Sé que sólo podré cumplir más sueños con esfuerzo y trabajo duro, pero estoy totalmente dispuesta a ello. Quiero disfrutar del proceso, que me sorprenda, y cuando llegue el momento de volver a cumplir un sueño, quiero poder llorar tanto como ahora de la alegría.

Nunca me he arrepentido de las decisiones que ha ido tomando mi corazón. Me alegro de que haya elegido mi vocación y que esta me haya llevado a las personas tan maravillosas que actualmente me rodean, me alegro de que decidiera arriesgarse en tantas ocasiones y me alegro de que haya elegido a BTS para que fueran y sigan siendo las personas que más me inspiran día a día. Nunca podré dejar de estar agradecida con ellos, porque parte de quién soy ahora, es debido al apoyo que me han transmitido durante años enteros a través de sus canciones. Y de verdad que aún no puedo creerme lo feliz que soy ahora mismo.

Por último, me gustaría haceros algunas preguntas para que reflexionéis sobre ellas, ni siquiera hace falta que os deis una respuesta ahora, pero buscadla. BTS hizo que me preguntara estas cosas, que me planteara la vida de otra manera. ¿Quiénes sois? ¿Qué queréis conseguir? ¿Es mejor no arriesgarse e ir por la vía cómoda y segura o es mejor arriesgarse y conseguir cumplir vuestro más anhelado sueño? ¿Cuál es vuestro nombre? No aquel que os dan al nacer ni el que os da la gente de vuestro alrededor, sino el que os dais vosotros mismos. ¿Cuál es vuestra verdadera cara, aquella que no os atrevéis a mostrarle a nadie? ¿Sois felices? ¿Queréis a alguien? ¿Os queréis a vosotros mismos? ¿Qué es lo que os hace emocionaros? ¿Qué es lo que os motiva? ¿Qué os da miedo? ¿Cuáles son vuestros pensamientos? ¿Y vuestros sentimientos? Hablad con vosotros mismos, comprendeos, conoceros. ¿Quiénes sois?

Aziul.

Ideal

Hay días en los que me despierto y no soporto mirarme en el espejo. Creo que no hay un solo día en el que no tenga miedo de hacerlo. El miedo a mirarse en un espejo, a contemplarse tal y como es uno mismo, es uno de los miedos más comunes que existen, si no el más común de todos. Aunque muchas veces ni siquiera logremos vernos de verdad.

Llevo un par de semanas pensando en esto, porque llevo un par de semanas en las que no me siento bien cuando me miro en el espejo. Creía que había superado la época del miedo a ver mi propio reflejo. Pero, ¿acaso alguna vez se supera? He pensado mucho en esto durante estos días y he tenido la arrebatadora necesidad de hablar de ello, porque sé que no soy la única persona que se siente así. Dejo claro que hablaré de mi experiencia personal como mujer en esta sociedad, aunque sé muy bien que los hombres también están muy condicionados. No quiero que me malinterpretéis, pero creo que nadie con dos dedos de frente vaya a discutir el hecho de que la mujer está condicionada, casi arrinconada, por la sociedad mucho más que el hombre, y no sólo por el tema de su cuerpo. Aunque no voy a meterme en más temas que ese.

Para empezar, tengo que hacer referencia a varias sentencias que son tan bonitas como falsas. La primera de ellas es la típica “No, yo adelgazo por mí, no por lo que piense la sociedad.”. Esta creo que no sólo la hemos escuchado, sino que la hemos defendido y pronunciado todos. Yo misma lo he hecho, convencida de que, cuando al fin conseguí adelgazar, lo hacía por mí y no por cómo me veía la sociedad. Mentira. Y siento tener que decirlo así, pero es una de las mentiras más grandes que hemos dicho en nuestra vida; y lo peor de todo es que mentimos para tranquilizarnos a nosotros mismos, para engañarnos y hacernos creer que a nosotros la sociedad no nos condiciona. Claro que lo hace, todos los días. Otra de las sentencias que creo que hemos oído todos es “Si está gorda, no me interesa.” o derivados, como si una persona con más peso fuera sinónimo de fealdad. Esta es una oración que me pone de bastante mal humor, sinceramente creo que el cuerpo de una persona no es suficiente para poder juzgarla. Sin mencionar que he visto a cantidad de personas con un cuerpo que se sale de los estándares impuestos por la sociedad, y os aseguro que eran más bonitas que muchas de las imágenes que nos intentan vender día a día. La última sentencia que voy a comentar es la de “No debemos compararnos con nadie, porque nadie es igual.”. Bien, ¿cómo es posible que no nos comparemos con personas con un “cuerpo perfecto” si nos la imponen en la televisión, en los anuncios, en los libros, en la pintura, en la industria musical, en la de la actuación, etc. día a día? No, no somos iguales, pero cómo nos hacen desear serlo cuando nos comparamos con esa persona tan perfecta que tanto admiramos.

¿Cuál es la finalidad? Quiero decir, ¿qué es lo que quiere la sociedad? ¿Un ejército de gente casi anoréxica? ¿Eso es una sociedad ideal? No sé qué pensar o qué decir si eso es lo ideal. Las personas, con sus kilos de más y sus kilos de menos, son reales. Eso es lo que nos hace completamente reales, que nunca seremos perfectos. Nos conformamos con la frase, “Nadie es perfecto.”, pero claro, eso sólo si nos referimos a la personalidad. Si entra el físico, es inaceptable. Físicamente todos tenemos que ser perfectos, pero ojo, una imagen de perfección que la sociedad nos ha impuesto desde que somos pequeños. Y creo que eso es lo más triste de todo, que aceptamos esa imagen como si fuera la natural, y despreciamos a las personas que no se adaptan a ellas. No, ninguno de nosotros ha adelgazado (por voluntad propia y sin que un médico lo recomendara) por nosotros mismos. Hemos adelgazado para sentirnos aceptados en una sociedad de cuerpos y caras perfectas, porque pensamos que sólo así que podemos ser queridos por alguien. Qué tristeza más grande pensar que seguirán pasando generaciones y esto sólo irá a peor. Yo comencé a sentirme acomplejada a los catorce años, pero actualmente veo a personas de incluso diez u once preocupadas por su aspecto físico, porque si no son delgados, nadie los va a aceptar. ¿Os dais cuenta? Acomplejados tantos años sólo por agradar a personas que no van a ser importantes en nuestra vida porque, y pongo las dos manos en el fuego, las personas que te quieren por tu corazón, no deciden si quedarse o no por tu cuerpo.

Quiero aclarar que no tengo ningún problema con las personas de complexión delgada, como no tengo ninguno con las de complexión más ancha. Este texto no es un ataque contra nadie, sino más bien una queja por lo que hace la sociedad con nuestra mente. Hace siglos, el ideal era estar más relleno, y seguro que la gente delgada se sentía muy acomplejada con ello. Ahora este es el ideal, y siguen habiendo personas acomplejadas.

Soy la primera que prefiere que me halaguen por mi mente que por mi cuerpo, me parece algo mucho más auténtico. Sin embargo, también soy la primera que desea encajar en los moldes que la sociedad ha impuesto. En este punto puede que me creáis una hipócrita, pero, ¿cómo va a ser de otra forma si desde que comenzamos a crecer y a desarrollarnos nos imponen esa imagen perfecta que no nos deja dormir por las noches? Todos tenemos tan interiorizado este ideal que la sociedad ya no necesita ser ella la que nos imponga sus principios, porque son impuestos por nuestra propia mente todos los días, haciéndonos sentir como si no mereciéramos amor y cariño.

Siento mucha ansiedad al pensar que tendremos que vivir toda nuestra vida condicionados por lo que la sociedad impone y por la impresión que causemos en el resto de personas. Somos un puñado de gente oprimida y acomplejada entre gente oprimida y acomplejada, que apenas se ayuda entre sí, que apenas habla, que apenas llora…

Aziul.

Ataraxia

Por fin me siento con fuerzas para subir algo. No voy a mentir, apenas he escrito estas últimas semanas. Aunque hace unos días estuve a punto de subir una cosita que escribí para el Librito Aziul. No lo hice porque era muy tarde y considero que repasar los textos antes de hacerlos públicos nunca está de más. Y si os preguntáis por qué no lo subí después, no lo hice porque siento que ese texto no está listo para ver la luz. Tengo en mente varios proyectos, algunos que repercuten directamente al blog, ya que son textos que se publicarán aquí. El caso es que ese texto que escribí forma parte de ese proyecto, y hasta que no esté medianamente preparado, no puedo permitirme el lujo de colgarlo. Os comento, quiero dar un nuevo estilo al Librito Aziul. Evidentemente, continuaré con mis textos en primera persona, con los que me comunico directamente con vosotros. Pero, aparte de estos textos, voy a empezar a subir otros con un carácter totalmente diferente, mucho más narrativos y que no tengan nada que ver con mi día a día. Calculo que será en algún momento de junio cuando comience con estos textos. Espero que así sea.

Después de esta leve especie de introducción, quiero escribir un texto que tampoco pretendo que sea filosófico, como muchos de los que he publicado anteriormente. Simplemente quiero escribir sobre cómo me siento ahora mismo. Para empezar, he de decir que estoy a punto de terminar el primer año de carrera, y estoy muy contenta. Esta carrera he querido hacerla desde hace seis años, cuando estaba en la ESO. Así que al encontrarme con una carrera que contaba con tan altas expectativas por mi parte, fue un duro golpe descubrir que no era tan mágica como yo me esperaba. No puedo negar que lo he pasado mal, creo que incluso peor que cuando estaba en Bachillerato a punto de examinarme para ver si conseguía o no entrar a la Universidad. No lo he pasado peor porque fuera más difícil, o porque tuviera muchas más cosas que estudiar, (cosa que creo que no es así, porque he tenido más tiempo para mí misma), sino porque es la carrera que quería hacer desde hace tiempo. Me explico, en Bachillerato estudiaba cosas que no quería estudiar, pero me resignaba porque no se puede hacer nada. En el instituto todos damos cosas que no queremos dar. Mientras que la carrera que eliges se supone que la eliges porque es lo que quieres hacer, pero descubrí que estaba estudiando muchas cosas que tampoco quería estudiar. Recuerdo que mi madre me dijo que siempre iba a encontrar cosas que no me gustaran, incluso en las cosas que se eligen porque te gustan. Ahora, realmente creo que fueron esas palabras las que me hicieron avanzar.

Hay muchas cosas a las que al principio no les encontraba el sentido y no entendía por qué tenía que estudiar. He aprendido, según ha pasado el año, que la carrera que yo tenía en mi mente era una pobre ilusión de la realidad. Creía que mi carrera estaría llena de literatura y de libros, y me encontré con las distintas ramas para estudiar el lenguaje, así como con la transcripción fonética del español, sin hablar de una asignatura llena de sintaxis. Y según iba pensándolo cada vez más me decía a mí misma que era imposible hacerlo todo, pero estoy aquí, a 11 de mayo, a un día de mi primer examen final, tranquila y feliz. Supongo que las cosas nunca son como uno lo imagina, porque la realidad que uno crea para sí mismo no es igual a la verdadera realidad. Pero me gusta la verdadera realidad, porque a pesar de que no todo ha sido literatura y libros, he aprendido cosas, cosas que creo valiosas, que me han hecho darme cuenta de que a pesar de que cuestan mucho más, también proporcionan aprendizaje, y descubrir que, incluso las cosas que creí que nunca me interesarían son apasionantes. No voy a mentir, sigo queriendo literatura y libros, pero porque elegí, ahora lo sé, mi vocación en el mismo momento en el que aprendí a leer; pero me gusta mi carrera, y estoy segura de que ahora en adelante voy a pasar muchos momentos malos, así como buenos, y que todos ellos me llevarán hasta la persona que quiero ser. Pensé en un momento dado que había elegido mal, ahora sé que, a pesar de que nunca hay una elección correcta y una incorrecta, la mía es la adecuada para mí. Sí, me he arrepentido y me he planteado cambiarla, pero dudar, plantearse las cosas y tener miedo, son unas de las acciones más humanas que puede haber en el mundo. De ahora en adelante, mi carrera va a ser muy diferente a la de mis compañeros de clase, así como la suya será diferente a la mía, porque cada uno realiza su carrera, con sus elecciones y sus gustos. Esto me lo dijo un gran amigo mío, y tenía razón, como casi siempre.

He conocido a personas maravillosas gracias a esta elección que hice hace seis años y, cuando retrocedo al pasado y veo a la que era yo en aquel entonces, no puedo evitar pensar que incluso esos momentos en los que la única que permanecía a mi lado era yo, en esos momentos en los que me sentía realmente sola, fue lo mejor que me pudo haber pasado. Ahora estoy donde tengo que estar, porque esa chica triste encontró a las personas adecuadas. Ahora estoy rodeada por las personas idóneas, aquellas que no me han hecho retroceder ni un solo milímetro, aquellas que sólo me han hecho avanzar.

Para terminar, he de decir que estoy realmente feliz porque por fin voy a tener tiempo para leerme las decenas de libros que se me han ido acumulando a lo largo del año, y me siento con mucha fuerza para compartir todas mis vacaciones de verano con mis libros. Además, he descubierto que confío mucho en mí misma, por lo que voy a estar los meses siguientes ocupada escribiendo y, quién sabe, tal vez dentro de unos cuantos más, por fin haya alcanzado mi objetivo.

Una vez, mi madre me dijo que no todo es negro o es blanco, que también puede haber gris. Me preguntaba entonces cómo era posible que hubiera gris cuando todo parecía ir mal. Ahora sé que existe ese gris del que me hablaba. Todo depende de cómo vemos las cosas. Somos nosotros los que decidimos si nuestro día va a ir o no bien. Es verdad que no todo depende de uno mismo, pero lo que sí depende de uno mismo es cómo afectará un suceso a tu vida. Nadie puede imponerse a tu mundo, porque somos todos y cada uno de nosotros los que confeccionamos un mundo a nuestra medida. Es como si todos estuviéramos escribiendo nuestro propio libro, siendo protagonista, narrador y escritor. Depende de nosotros el éxito de ese libro. Espero que todos hagamos de él un Best Seller.

Aziul.