Ideal

Hay días en los que me despierto y no soporto mirarme en el espejo. Creo que no hay un solo día en el que no tenga miedo de hacerlo. El miedo a mirarse en un espejo, a contemplarse tal y como es uno mismo, es uno de los miedos más comunes que existen, si no el más común de todos. Aunque muchas veces ni siquiera logremos vernos de verdad.

Llevo un par de semanas pensando en esto, porque llevo un par de semanas en las que no me siento bien cuando me miro en el espejo. Creía que había superado la época del miedo a ver mi propio reflejo. Pero, ¿acaso alguna vez se supera? He pensado mucho en esto durante estos días y he tenido la arrebatadora necesidad de hablar de ello, porque sé que no soy la única persona que se siente así. Dejo claro que hablaré de mi experiencia personal como mujer en esta sociedad, aunque sé muy bien que los hombres también están muy condicionados. No quiero que me malinterpretéis, pero creo que nadie con dos dedos de frente vaya a discutir el hecho de que la mujer está condicionada, casi arrinconada, por la sociedad mucho más que el hombre, y no sólo por el tema de su cuerpo. Aunque no voy a meterme en más temas que ese.

Para empezar, tengo que hacer referencia a varias sentencias que son tan bonitas como falsas. La primera de ellas es la típica “No, yo adelgazo por mí, no por lo que piense la sociedad.”. Esta creo que no sólo la hemos escuchado, sino que la hemos defendido y pronunciado todos. Yo misma lo he hecho, convencida de que, cuando al fin conseguí adelgazar, lo hacía por mí y no por cómo me veía la sociedad. Mentira. Y siento tener que decirlo así, pero es una de las mentiras más grandes que hemos dicho en nuestra vida; y lo peor de todo es que mentimos para tranquilizarnos a nosotros mismos, para engañarnos y hacernos creer que a nosotros la sociedad no nos condiciona. Claro que lo hace, todos los días. Otra de las sentencias que creo que hemos oído todos es “Si está gorda, no me interesa.” o derivados, como si una persona con más peso fuera sinónimo de fealdad. Esta es una oración que me pone de bastante mal humor, sinceramente creo que el cuerpo de una persona no es suficiente para poder juzgarla. Sin mencionar que he visto a cantidad de personas con un cuerpo que se sale de los estándares impuestos por la sociedad, y os aseguro que eran más bonitas que muchas de las imágenes que nos intentan vender día a día. La última sentencia que voy a comentar es la de “No debemos compararnos con nadie, porque nadie es igual.”. Bien, ¿cómo es posible que no nos comparemos con personas con un “cuerpo perfecto” si nos la imponen en la televisión, en los anuncios, en los libros, en la pintura, en la industria musical, en la de la actuación, etc. día a día? No, no somos iguales, pero cómo nos hacen desear serlo cuando nos comparamos con esa persona tan perfecta que tanto admiramos.

¿Cuál es la finalidad? Quiero decir, ¿qué es lo que quiere la sociedad? ¿Un ejército de gente casi anoréxica? ¿Eso es una sociedad ideal? No sé qué pensar o qué decir si eso es lo ideal. Las personas, con sus kilos de más y sus kilos de menos, son reales. Eso es lo que nos hace completamente reales, que nunca seremos perfectos. Nos conformamos con la frase, “Nadie es perfecto.”, pero claro, eso sólo si nos referimos a la personalidad. Si entra el físico, es inaceptable. Físicamente todos tenemos que ser perfectos, pero ojo, una imagen de perfección que la sociedad nos ha impuesto desde que somos pequeños. Y creo que eso es lo más triste de todo, que aceptamos esa imagen como si fuera la natural, y despreciamos a las personas que no se adaptan a ellas. No, ninguno de nosotros ha adelgazado (por voluntad propia y sin que un médico lo recomendara) por nosotros mismos. Hemos adelgazado para sentirnos aceptados en una sociedad de cuerpos y caras perfectas, porque pensamos que sólo así que podemos ser queridos por alguien. Qué tristeza más grande pensar que seguirán pasando generaciones y esto sólo irá a peor. Yo comencé a sentirme acomplejada a los catorce años, pero actualmente veo a personas de incluso diez u once preocupadas por su aspecto físico, porque si no son delgados, nadie los va a aceptar. ¿Os dais cuenta? Acomplejados tantos años sólo por agradar a personas que no van a ser importantes en nuestra vida porque, y pongo las dos manos en el fuego, las personas que te quieren por tu corazón, no deciden si quedarse o no por tu cuerpo.

Quiero aclarar que no tengo ningún problema con las personas de complexión delgada, como no tengo ninguno con las de complexión más ancha. Este texto no es un ataque contra nadie, sino más bien una queja por lo que hace la sociedad con nuestra mente. Hace siglos, el ideal era estar más relleno, y seguro que la gente delgada se sentía muy acomplejada con ello. Ahora este es el ideal, y siguen habiendo personas acomplejadas.

Soy la primera que prefiere que me halaguen por mi mente que por mi cuerpo, me parece algo mucho más auténtico. Sin embargo, también soy la primera que desea encajar en los moldes que la sociedad ha impuesto. En este punto puede que me creáis una hipócrita, pero, ¿cómo va a ser de otra forma si desde que comenzamos a crecer y a desarrollarnos nos imponen esa imagen perfecta que no nos deja dormir por las noches? Todos tenemos tan interiorizado este ideal que la sociedad ya no necesita ser ella la que nos imponga sus principios, porque son impuestos por nuestra propia mente todos los días, haciéndonos sentir como si no mereciéramos amor y cariño.

Siento mucha ansiedad al pensar que tendremos que vivir toda nuestra vida condicionados por lo que la sociedad impone y por la impresión que causemos en el resto de personas. Somos un puñado de gente oprimida y acomplejada entre gente oprimida y acomplejada, que apenas se ayuda entre sí, que apenas habla, que apenas llora…

Aziul.

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Ataraxia

Por fin me siento con fuerzas para subir algo. No voy a mentir, apenas he escrito estas últimas semanas. Aunque hace unos días estuve a punto de subir una cosita que escribí para el Librito Aziul. No lo hice porque era muy tarde y considero que repasar los textos antes de hacerlos públicos nunca está de más. Y si os preguntáis por qué no lo subí después, no lo hice porque siento que ese texto no está listo para ver la luz. Tengo en mente varios proyectos, algunos que repercuten directamente al blog, ya que son textos que se publicarán aquí. El caso es que ese texto que escribí forma parte de ese proyecto, y hasta que no esté medianamente preparado, no puedo permitirme el lujo de colgarlo. Os comento, quiero dar un nuevo estilo al Librito Aziul. Evidentemente, continuaré con mis textos en primera persona, con los que me comunico directamente con vosotros. Pero, aparte de estos textos, voy a empezar a subir otros con un carácter totalmente diferente, mucho más narrativos y que no tengan nada que ver con mi día a día. Calculo que será en algún momento de junio cuando comience con estos textos. Espero que así sea.

Después de esta leve especie de introducción, quiero escribir un texto que tampoco pretendo que sea filosófico, como muchos de los que he publicado anteriormente. Simplemente quiero escribir sobre cómo me siento ahora mismo. Para empezar, he de decir que estoy a punto de terminar el primer año de carrera, y estoy muy contenta. Esta carrera he querido hacerla desde hace seis años, cuando estaba en la ESO. Así que al encontrarme con una carrera que contaba con tan altas expectativas por mi parte, fue un duro golpe descubrir que no era tan mágica como yo me esperaba. No puedo negar que lo he pasado mal, creo que incluso peor que cuando estaba en Bachillerato a punto de examinarme para ver si conseguía o no entrar a la Universidad. No lo he pasado peor porque fuera más difícil, o porque tuviera muchas más cosas que estudiar, (cosa que creo que no es así, porque he tenido más tiempo para mí misma), sino porque es la carrera que quería hacer desde hace tiempo. Me explico, en Bachillerato estudiaba cosas que no quería estudiar, pero me resignaba porque no se puede hacer nada. En el instituto todos damos cosas que no queremos dar. Mientras que la carrera que eliges se supone que la eliges porque es lo que quieres hacer, pero descubrí que estaba estudiando muchas cosas que tampoco quería estudiar. Recuerdo que mi madre me dijo que siempre iba a encontrar cosas que no me gustaran, incluso en las cosas que se eligen porque te gustan. Ahora, realmente creo que fueron esas palabras las que me hicieron avanzar.

Hay muchas cosas a las que al principio no les encontraba el sentido y no entendía por qué tenía que estudiar. He aprendido, según ha pasado el año, que la carrera que yo tenía en mi mente era una pobre ilusión de la realidad. Creía que mi carrera estaría llena de literatura y de libros, y me encontré con las distintas ramas para estudiar el lenguaje, así como con la transcripción fonética del español, sin hablar de una asignatura llena de sintaxis. Y según iba pensándolo cada vez más me decía a mí misma que era imposible hacerlo todo, pero estoy aquí, a 11 de mayo, a un día de mi primer examen final, tranquila y feliz. Supongo que las cosas nunca son como uno lo imagina, porque la realidad que uno crea para sí mismo no es igual a la verdadera realidad. Pero me gusta la verdadera realidad, porque a pesar de que no todo ha sido literatura y libros, he aprendido cosas, cosas que creo valiosas, que me han hecho darme cuenta de que a pesar de que cuestan mucho más, también proporcionan aprendizaje, y descubrir que, incluso las cosas que creí que nunca me interesarían son apasionantes. No voy a mentir, sigo queriendo literatura y libros, pero porque elegí, ahora lo sé, mi vocación en el mismo momento en el que aprendí a leer; pero me gusta mi carrera, y estoy segura de que ahora en adelante voy a pasar muchos momentos malos, así como buenos, y que todos ellos me llevarán hasta la persona que quiero ser. Pensé en un momento dado que había elegido mal, ahora sé que, a pesar de que nunca hay una elección correcta y una incorrecta, la mía es la adecuada para mí. Sí, me he arrepentido y me he planteado cambiarla, pero dudar, plantearse las cosas y tener miedo, son unas de las acciones más humanas que puede haber en el mundo. De ahora en adelante, mi carrera va a ser muy diferente a la de mis compañeros de clase, así como la suya será diferente a la mía, porque cada uno realiza su carrera, con sus elecciones y sus gustos. Esto me lo dijo un gran amigo mío, y tenía razón, como casi siempre.

He conocido a personas maravillosas gracias a esta elección que hice hace seis años y, cuando retrocedo al pasado y veo a la que era yo en aquel entonces, no puedo evitar pensar que incluso esos momentos en los que la única que permanecía a mi lado era yo, en esos momentos en los que me sentía realmente sola, fue lo mejor que me pudo haber pasado. Ahora estoy donde tengo que estar, porque esa chica triste encontró a las personas adecuadas. Ahora estoy rodeada por las personas idóneas, aquellas que no me han hecho retroceder ni un solo milímetro, aquellas que sólo me han hecho avanzar.

Para terminar, he de decir que estoy realmente feliz porque por fin voy a tener tiempo para leerme las decenas de libros que se me han ido acumulando a lo largo del año, y me siento con mucha fuerza para compartir todas mis vacaciones de verano con mis libros. Además, he descubierto que confío mucho en mí misma, por lo que voy a estar los meses siguientes ocupada escribiendo y, quién sabe, tal vez dentro de unos cuantos más, por fin haya alcanzado mi objetivo.

Una vez, mi madre me dijo que no todo es negro o es blanco, que también puede haber gris. Me preguntaba entonces cómo era posible que hubiera gris cuando todo parecía ir mal. Ahora sé que existe ese gris del que me hablaba. Todo depende de cómo vemos las cosas. Somos nosotros los que decidimos si nuestro día va a ir o no bien. Es verdad que no todo depende de uno mismo, pero lo que sí depende de uno mismo es cómo afectará un suceso a tu vida. Nadie puede imponerse a tu mundo, porque somos todos y cada uno de nosotros los que confeccionamos un mundo a nuestra medida. Es como si todos estuviéramos escribiendo nuestro propio libro, siendo protagonista, narrador y escritor. Depende de nosotros el éxito de ese libro. Espero que todos hagamos de él un Best Seller.

Aziul.

Amigos, (451º F.)

El pasado martes 23 fue el día del libro, por eso quiero escribir algo sólo para esos amigos de papel y tinta que nos acompañan hasta en los días más fríos y solitarios. Me hubiera gustado escribirlo mucho antes, pero no ha podido ser, aunque no me preocupo, todo pasa cuando tiene que pasar.

Siempre empiezo el mes de abril como cualquier otro, pero a medida que este se sucede, comienzo a emocionarme. Esto se debe a que abril es el mes de los libros, y a cada día más cercano del 23, me emociono. Ese día, me levanté increíblemente feliz y, aunque tuve que salir corriendo de casa, cuando volví, pasada ya la mañana, miré mi modesta biblioteca y pensé, “es vuestro día, amigos”. Dedicar un día entero a los libros me parece asombroso, aunque en verdad no les dedicamos sólo un día, sino prácticamente el mes entero, porque es cuando aparecen los mercadillos o las ferias de libros. ¿Y qué deciros de estos eventos? Como a cualquier amante de la lectura y de estos pequeños amigos, me fascina moverme entre un montón de puestos llenos de ellos, buscando entre títulos y títulos uno que realmente quiera. Aunque, en mi caso, me siento un poco mal, porque me gustaría que todos esos libros fueran mis amigos, evidentemente esto no puede ser. Sin embargo, cuando encuentras uno y sientes que lo necesitas, es la mejor experiencia del mundo, a menos que ese sentimiento lo experimentes demasiado a menudo como es mi caso, pero no vamos a entrar en ese territorio porque si tengo que dar razones de por qué me maravillan tanto los libros, no terminamos. Lo compras y, cuando llegas a casa y lo sacas de la bolsa que lo protege, lo miras y piensas, “bienvenido a casa, pequeño, espero que nos llevemos bien y que aprendamos mucho juntos”, y lo colocas con el resto de tus libros, para que se protejan los unos a los otros, como buenos compañeros. He de confesar también que me da mucho miedo una cosa respecto a los libros, y es que me gustaría leer todos, pero sé que es imposible. Entonces, sufro pensando que llegará un día en el que me muera y, tal vez, no haya logrado leer ese libro que podría haber cambiado mi vida. Aunque, ¿podemos considerar que existe un libro así si nunca ha aparecido durante nuestra vida? Como ya he dicho en ciertas ocasiones, creo en el destino. Creo que todas las personas y cosas que conocemos durante nuestra vida son lo que debemos conocer. Dicho esto, ese libro que podría cambiar mi vida no existe, porque no ha aparecido durante mi vida, o tal vez sí existe, y está justo frente a mí. Gracias a este pensamiento me relajo y, al mirar mi estantería, observo el lomo de todos y cada uno de ellos y, aunque aún tengo muchos sin leer, sé que ellos son los que cambiarán mi vida, porque ellos han sido mi destino.

En relación con lo dicho anteriormente, no puedo dejar de mencionar un libro que he leído recientemente y que, si me pidieran que me definiera con un libro, elegiría ese sin duda alguna. Este libro del que hablo es Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Este libro me lo recomendó un gran amigo mío el año pasado, y desde que me contó un poco el argumento he querido leerlo, pero nunca encontraba el momento. Este mes me ha proporcionado la ocasión que tanto ansiaba y, por fin, pude disfrutar de este maravilloso libro. 451º Fahrenheit es, como viene explicado en el propio libro antes de darle comienzo, cito textualmente: “la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde”. Podría perfectamente su título ser el resumen completo del libro, pero no lo es porque, aunque te proporciona mucha información sobre la novela que vas a encontrar, no se aproxima para nada a lo que hay en su interior. Este libro es oro, no hay nada en él que no rebose conocimiento, reflexión e incluso filosofía.

La historia que nos cuenta Ray Bradbury está ubicada en un futuro en el que los bomberos, en vez de detener incendios, los provocan. Es más, estos bomberos, cuando reciben una voz de alarma, van a determinadas casas y queman todos los libros, porque en este futuro cualquiera que posea al menos un libro está cometiendo el mayor de los delitos. Aquí tenemos a Montag, quien es nuestro protagonista, cuyo oficio es bombero. Él vive tranquilamente, en una falsa felicidad proporcionada por la ignorancia, un tema muy importante tratado durante toda la novela, hasta que se encuentra con una jovencita que cuestiona todo. Al principio, a Montag le molesta esta chica sobremanera, hasta que finalmente comienza a desear encontrarse con ella, pues poco a poco descubre su mente tan maravillosa. Esta mente de la muchacha es tan maravillosa precisamente porque su familia tiene libros. No me voy a detener a hablar más de lo que sucede en el libro porque quiero que lo descubráis vosotros mismos. En vez de eso, me voy a centrar en otras cosas, como el maravilloso desarrollo que sufre nuestro querido Montag a lo largo de la historia. Pasa de ser un bombero ignorante metido en su propia burbuja a explotarla él mismo y buscar ayuda precisamente de lo que debería ser su enemigo, los libros. Esta novela es un enorme homenaje a lo que los libros representan y como la falta de ellos puede provocar una falsa felicidad que nunca llegará a ser real, puesto que si no hay conocimiento, no se puede ni siquiera saber lo que es la verdadera felicidad. Los libros son lo que hace que las personas tengan opiniones, criterios y preferencias, los que hacen que no se conformen con lo que los demás dicten, porque hay que pensar por uno mismo. Los libros enseñan valores, dan fuerza y proporcionan experiencias. Nunca me cansaré de decir que los libros son el mayor maestro que podemos llegar a tener. Y sí, han sido escritos por personas, pero tú eres el que decidirá que parte de lo que uno ha escrito te parece correcto o incorrecto. Un mismo libro cambia y se convierte en uno totalmente diferente dependiendo de los ojos que lo lean.

Para ya ir acabando, sí que me gustaría mencionar una escena de este libro que me impactó muchísimo y que me hizo darme cuenta todavía más de mis sentimientos hacia los libros. Lo que viene a continuación es un pequeño spoiler, aviso por si queréis saltar al siguiente párrafo. Hay una escena en la que los bomberos, entre ellos Montag, van a la casa de una mujer para quemar sus libros. Entran a la fuerza y, la pobre mujer al comprender lo que había sucedido, en vez de salir de la casa como le pedían los bomberos para que ella no se quemase junto a los libros, permanece allí. Montag intenta persuadirla para que salga de la casa y, tras mucho insistir, la mujer dice “Quiero quedarme aquí.”. La mujer ardió junto a sus libros aquella noche. Esta escena me hizo reflexionar mucho y, me sorprendió a mí misma la rapidez con la que mi mente respondió a la siguiente pregunta: Si hubiera sido yo esa mujer, ¿qué hubiera hecho? La respuesta fue sencilla y clara, hubiera hecho lo mismo. Entiendo perfectamente a esa mujer, vivir en un mundo en el que no hay libros, en el que no te permiten tener libertad de pensamiento y de expresión, no merece la pena.

Este gran amigo que me recomendó esta maravilla me dijo algo que me hizo mucha ilusión, “Parece como que Ray Bradbury hubiera escrito este libro pensando en ti.”. Evidentemente esto no es verdad, pero tener entre tus manos un libro que defina tu personalidad mucho mejor que tú mismo es aterrador e increíble. Me veo reflejada en Fahrenheit 451 y sé que esta es sólo la primera de las muchas veces que leeré, sin cansarme, este tesoro.

Qué bueno haber leído este libro durante abril, durante el mes del libro. Todo lo que soy, cada cosa buena y cada cosa mala, cada rareza y cada pensamiento, se lo debo a los libros. Ellos me han construido, ellos han hecho de mí su hija, su aprendiz y su gran amiga. Gracias, amigos, por darme la oportunidad de ser yo misma y, sobre todo, por darme la inmensa capacidad de pensar por mí misma. Gracias por hacerme libre.

Aziul.

Espejo

He estado intentando varios días escribir algo para el Librito Aziul sin poder. No sé por qué, aunque creo que soy bastante exigente conmigo misma y no acepto que, a lo mejor, lo más sencillo puede ser también lo más llamativo. He de decir que tengo bastantes preocupaciones actualmente, y el blog me atosiga un poco cuando tengo un montón de cosas que hacer, pero me he dado cuenta de que me encanta este blog. Todos los días me acuerdo de él, incluso si no quiero subir ninguna entrada. Simplemente me acuerdo de él y, aunque a veces me estresa la obligación de tener que escribir algo, he comprendido que no es una obligación. Escribo este blog porque me gusta. La sensación de estrés que experimento al tener que escribir algo y no tener tiempo se debe a mi tristeza por querer dedicar tiempo a cosas que me importan, como es el caso del blog, y no poder, porque otras obligaciones, siendo estas verdaderas obligaciones, exigen mi completa atención. Pero precisamente por ello me gusta tener el Librito Aziul a mi alcance, porque durante un momento, me permite desconectar de la realidad que me rodea y recargarme con mucha más energía.

Dicho esto, he de decir que tengo varios temas que me gustaría comentar, aunque no tengo ni idea cómo acabaré desarrollándolos, así que me dejaré llevar. A veces veo como un espejo mi presente y mi pasado. Me explico, hoy, por ejemplo, estaba caminando por una calle de mi ciudad, he levantado la mirada y me he visto a mí hace unos meses, en esa misma calle. Es algo extraño porque en realidad no te ves, pero de repente asalta tu mente un recuerdo de haber estado allí antes y, evidentemente has estado allí antes, pero es un recuerdo concreto. De todos los recuerdos que pueden asaltar tu mente, es precisamente ese y te preguntas por qué. Yo he visto a mi yo de hace meses que estaba en aquel mismo lugar con un paraguas morado, que sigo teniendo, bajo la lluvia y realmente preocupada. Mientras que hoy he pasado por ese mismo lugar sin detenerme, siendo feliz. Pero no me refiero sólo a esta sensación que he experimentado hoy, pues muchas veces me ha pasado estar en un lugar o estar haciendo algo y recordar que ya ha pasado, pero de una forma totalmente distinta. La misma persona triste que estaba bajo la lluvia con ese paraguas morado ya no existe, porque soy una persona diferente desde entonces, aunque también sigo siendo la misma. ¿Habéis visto el “me explico” del inicio de este párrafo? Si habéis leído alguna de mis entradas antiguas, posiblemente hayáis notado que la he utilizado más veces. Es una muletilla que empleaba muy a menudo anteriormente, ahora ya no tanto, aunque puede salvarme de inicios complicados. Lo que quiero decir con esto es que, ver quién era yo hace unos meses y ver quién soy ahora me hace reflexionar mucho. Por ahora considero que estoy mejorando, y creo que es lo mejor que puede pasarle a cualquier persona: verse a sí mismo hace unos meses y verse a día de hoy, y considerar que ha mejorado y que su vida va a mejor. Yo, a pesar de que estoy estresada, me deprimo frecuentemente y tengo miedo muchas veces, soy feliz. Lo soy porque tengo una fortaleza que antes no tenía, que es que yo misma puedo levantarme y que, a pesar de todo, continúo caminando hacia delante.

Lo sé, sigo hablando del tiempo, quizás es que abril es el mes del tiempo en el Librito Aziul. Quería compartir esto porque creo sinceramente que a todos nos pasa vernos a nosotros en el pasado como si realmente estuviéramos aquí, con nuestro yo del presente. Sé que he dicho que tenía varios temas para comentar y sólo he comentado uno, ya iré comentándolos en otras entradas, porque creo que necesito empaparme más de ellos antes de desarrollarlos. En fin, ya sabéis que muchas veces comienzo a divagar sobre cosas que a lo mejor no tienen tanta importancia. Me justifico diciendo que para mí la tienen, todo lo que llego a escribir o a pensar, por muy básico o raro que sea me importa. Por eso muchas veces no sé qué escribir o tardo mucho en publicar algo respecto a la entrada anterior, porque prefiero hablar de algo que realmente valga la pena que hablar de cosas triviales que no tienen ningún tipo de significado para mí. Si escribo sin sentir o pensar lo que escribo, ¿qué lógica tiene? Creo que en cuanto a lo que se escribe hay que ser honesto, y yo no traiciono las palabras.

Aziul.

Reloj

Actualmente, me siento un poco confusa. No sé la razón, o quizás sí, pero no del todo. Siento que estoy ahogándome entre mis propios sentimientos, entre esos que emanan directamente de la prudencia y, por otra parte, entre esos que me incitan fervientemente a aferrarme a la incertidumbre de la locura. Creo sinceramente que esta batalla continua entre lo que supuestamente está bien y lo que siento que está bien nunca va a llegar a su fin, simplemente porque soy demasiado cobarde. Demasiado cobarde para abandonar la seguridad de un futuro definido, y demasiado cobarde para renunciar del todo a mí misma. Soy tan cobarde que no puedo renunciar a ninguna de las dos cosas y, por ende, mi futuro es un mejunje de elementos incongruentes que intentan imponerse los unos a los otros en una incesante lucha por conocer al más poderoso. Si lo pienso bien, hablar de futuro no es realmente preciso, más bien me refiero a mi confusión. Siento como si este texto estuviese siendo un caos… Tal vez es un leve reflejo de mi interior. Quién sabe.

Pienso que las desencadenantes directas de esta confusión que siento son mis expectativas. Me refiero, cuando te hace especial ilusión una cosa y te la imaginas de mil maneras diferentes, pero nunca siendo mala, hasta que la realidad te golpea y ninguna de esos episodios creados por tu cerebro son reales, sino que acaban siendo todo lo contrario. Bien, eso me ha pasado a mí, pero además, hay una parte de mí que me dice que todavía falta, que no lo he visto todo, que permanezca, por mucho que me esté costando permanecer. De alguna forma hago caso a esa voz porque, como he dicho antes, soy una cobarde, pero creo además que no he realizado la elección incorrecta. Aunque hablando de elecciones correctas e incorrectas, debo decir que sigo manteniendo lo dicho en el anterior texto, ¿quién dicta qué es o no correcto? Sólo el tiempo.

Es ahí donde quería llegar, voy a volver a un tema que ya he tratado anteriormente, pero que sigue dándome mucho en qué pensar. Últimamente pienso mucho en el tiempo, de forma tan obsesiva que me siento como una masoquista, pero me es inevitable. Se ha formado un vacío de preocupaciones dentro de mí y, a causa de esto, el tiempo me acecha como si de un demonio se tratase. No sé si es bueno o malo, sólo sé que no quiero perder ni un minuto de mi vida haciendo algo que no vaya a ayudarme a evolucionar como persona o, sobre todo, a ser feliz. Ayer tuve un episodio desagradable, y es que perdí una hora entera de mi vida en algo que no me aportó nada más que aburrimiento y arrepentimiento. Mientras estaba viviéndolo, sentí una profunda aberración el quedarme allí viendo como las manillas del reloj seguían moviéndose incesantemente. Lo irónico es que este mismo día me regaló tiempo que me hizo mejorar. Pasé varias horas haciendo algo que engrandeció mi persona y, a pesar de que mi voz prudente me decía que debía irme y seguir con las tareas, mi voz de la locura me imploró que me quedara, que esa era la forma de ganar tiempo. Fui feliz, pero no pude evitar estar mal todo el día, y fue sólo entonces cuando por fin acepté que estaba triste.

Sigo observando las manillas de mi reloj moverse, sin detenerse ni un solo segundo, y hay ocasiones en que las siento como cuchillos que se me clavan, haciéndome revivir. Todo se para cuando dormimos, por ejemplo, pero esas manillas siguen moviéndose segundo tras segundo, siguen girando, al igual que lo hacen los planetas. Todo continúa su curso, incluso yo misma, pero quiero que esas manillas que ahora me duelen, me recompensen en algún momento con otras que me hagan saber que he vivido aceptando todo lo que dicta mi corazón.

Aziul.

ARTE

Estoy un poco enfadada, lo aviso por si acaso mi tono os asusta. Realmente no sé por dónde empezar o cómo, simplemente sé que tengo que soltar todo en el papel para poder continuar con mi vida y con las tareas que aún me quedan. Desde que comencé a leer y a desarrollar un amor inmenso por la lectura, he sentido que no encajo con la realidad en la que me ha tocado vivir. Ese sentimiento, de haber nacido en una época que es casi contraria a tu propia naturaleza, se agrava con el paso del tiempo, y es que cada vez siento con más intensidad esto. Me explico, vivimos en una realidad en la que las obras de arte, ya sean cuadros, esculturas, monumentos o cualquier creación realizada por la imaginación y habilidad del hombre, así como la escritura, la música y todo lo relacionado con la creatividad y el mundo del arte, ha quedado en un segundo plano. Me molesta profundamente, casi puedo decir que esta mentalidad hiere mi propia integridad como persona. Y es que nos movemos en un mundo en el que nos interesa más ver una imagen que leer varias palabras que quizás podrían mejorar tu vida de una forma inimaginable. Ojo, no voy en contra de las imágenes, la fotografía es otro tipo de arte. Pero vamos, ¿quién se para a observar una fotografía por más de unos segundos? Yo creo que nadie, a menos que le guste mucho el tema. Ni siquiera cuando vemos esas imágenes, esas fotografías, estamos viendo lo que realmente tenemos que ver. No, no vamos a ver nunca las intenciones de quien hizo la fotografía, de quien pintó el cuadro, de quien pulió la escultura, de quien construyó el monumento, de quien escribió el libro o de quien compuso la canción; pero si nos detenemos por un instante y observamos más allá de la superficie, que suele ser bastante tosca, a lo mejor descubrimos algo sobre nosotros mismos en lo que nunca antes habíamos reparado. Pero en vez de eso, preferimos hacernos una foto con esa escultura o monumento y que seamos nosotros el primer plano, como si fuéramos nosotros los que llevamos la ventaja de los siglos de antigüedad, o incluso si no son antiguos, ¿sabéis cuánto esfuerzo hay en cada obra de arte?, ¿cuánto tiempo empleado?, ¿cuánta ilusión? ¿Y cuánto empleáis vosotros en sacaros esa maldita foto? ¿Un segundo?, ¿dos tal vez? No me quejaría si, antes o después de haceros esa foto, os detuvieseis para observar la creación que tenéis delante. ¿Os dais cuenta de que todo el arte no es más que una idea que alguna vez cruzó la mente de alguna persona?, ¿os dais cuenta que ese cuadro, esa escultura, ese monumento, ese libro, esa fotografía, esa canción, etc. no habría podido conseguirse nunca si no fuera por la ilusión y la voluntad que su creador puso en ello?

Estoy enfadada porque hemos arrebatado la importancia a lo que realmente la tiene. Decimos día a día que lo importante está en el interior cuando nos referimos a las personas, ¿y cuánto nos lleva conocer medianamente bien a una persona?, ¿semanas?, ¿meses?, ¿años? Ese tiempo es el que emplean los artistas en llevar a cabo su obra, pero nosotros eso no lo tenemos en cuenta, porque se nos olvida que la belleza está en el interior. ¿No os parece ahora que somos un poco más superficiales de lo que nos creíamos? Y ya si me permitís rematar, no hace falta que pensemos en arte, mirad el mundo, ¿qué veis? El mundo es otro tipo de arte, que también es ignorado por nuestros ojos, porque, ah sí, ¿cómo era? La belleza está en el interior, ¿verdad? Nos falta aclarar que sólo lo está en el interior que nosotros decidimos ver, que no es casi ni el 20% de lo que existe en el mundo.

Definitivamente existo en una época que no encaja para nada con mi forma de ser, pero he aprendido a encontrar a personas que, como yo, se niegan a que el arte muera simplemente a causa de nuestra estúpida indiferencia. Esas personas me hacen sentir que esta época puede salvarse. Por eso continúo escribiendo día a día, porque el poder que poseo para salvar el mundo es la escritura y mi increíble predilección para con ella. Gracias a los artistas que se niegan a dejar morir el arte. Y siento si he sido demasiado agresiva, pero creo que ya era hora de que alguien lo dijera.

Aziul.

Luz de luna

Hace un par de semanas iba con mi padre en coche, era de noche y la luna, majestuosa y tan poderosa como siempre, iluminaba el oscuro cielo equitativamente. Él me dijo impresionado, “¿has visto lo redonda que está hoy la luna?”, y la miré a través del fino cristal que me protegía del frío. Era preciosa, como una obra de arte que sabe que ha nacido para ser admirada. No tan solo eso, sino que también fue, al menos para mí, letal.

Siempre me ha gustado observar la luna, pero al igual que pasa con cualquier cosa, cuando te acostumbras a verla, esa admiración se convierte paulatinamente en conformismo, casi en indiferencia. Esa noche fue distinta, o quizás lo era mi manera de mirarla. Sólo sé que la luna que iluminaba incesantemente aquella oscuridad consiguió mover algo en mi interior. Mis ojos quedaron prendados de ella y mi mente, tranquila hasta entonces, me planteó una pregunta que me dejó desorientada, “¿cómo es posible que nosotros, los seres humanos, creamos que somos lo más increíble que ha ocurrido nunca, cuando esa luna, inmensa y hermosa, se mantiene grandiosa en el cielo, dándonos equilibrio y vida?”. Casi simultáneamente, otra pregunta fue creada por mi mente, “¿y que pasa con el mundo, con este planeta que nos da cobijo y sin la que nuestra existencia nunca se hubiera producido?”. No pude contestar, pero aún siento la tristeza que me invadió lentamente en aquel instante. Me pregunté cuál era la razón de no haber sentido aquel agradecimiento antes por la luna, y digo por la luna, porque por el mundo lo siento casi siempre. ¿Por qué nunca antes me había sentido tan pequeña bajo la luz de la luna, tan insignificante? Pensé que tal vez alguien estuviera mirando aquella luna también, y quizás preguntas parecidas le asaltaran la mente y lo hicieran sentir bastante ridículo, tan ridícula como yo me siento cuando día tras día afirmamos que somos la mayor y mejor creación que existe. Pensamos que lo somos todo, que sin nosotros nada podría ser, y lo peor es que nos lo creemos y lo interiorizamos tanto que sólo conseguimos mostrar lo que realmente somos, un manojo de hipócritas con aires de superioridad.

Me río, porque mientras mis ojos seguían observando, casi cristalizados, aquel punto blanco que evitaba nuestra total sumisión en la oscuridad, supe que no es la luna quién está sola, como suelen decir las personas. No, la luna está bien como está, quién realmente está sola es la Tierra, que tiene que hacerse cargo de la vida de billones de personas mientras la destruimos y la sometemos a crueles torturas debido a nuestro afán de grandiosidad. La Tierra, con su enorme generosidad por y para nosotros, a cada minuto sangra más. Las personas, lamentablemente, lo destruimos todo, a nosotros mismos, a nuestros semejantes, a seres de diferente especie y a nuestra fuente de vida.

Mientras la Tierra sigue llorando, regando así con sus lágrimas nuestra triste existencia, la luna se mantiene a su lado, como un buen amigo que, a pesar de no poder hacer nada para curar las heridas ajenas, permanece con el único fin de compartir un dolor tan fuerte que nadie debería soportar, ni mucho menos imaginar. Estamos matando un planeta que, simplemente por su naturaleza afable, debería ser amado y cuidado. Sí, estamos matando nuestro propio origen y lo peor es que no nos damos cuenta de que, a la par, nos estamos matando.

Aziul.