Amigos, (451º F.)

El pasado martes 23 fue el día del libro, por eso quiero escribir algo sólo para esos amigos de papel y tinta que nos acompañan hasta en los días más fríos y solitarios. Me hubiera gustado escribirlo mucho antes, pero no ha podido ser, aunque no me preocupo, todo pasa cuando tiene que pasar.

Siempre empiezo el mes de abril como cualquier otro, pero a medida que este se sucede, comienzo a emocionarme. Esto se debe a que abril es el mes de los libros, y a cada día más cercano del 23, me emociono. Ese día, me levanté increíblemente feliz y, aunque tuve que salir corriendo de casa, cuando volví, pasada ya la mañana, miré mi modesta biblioteca y pensé, “es vuestro día, amigos”. Dedicar un día entero a los libros me parece asombroso, aunque en verdad no les dedicamos sólo un día, sino prácticamente el mes entero, porque es cuando aparecen los mercadillos o las ferias de libros. ¿Y qué deciros de estos eventos? Como a cualquier amante de la lectura y de estos pequeños amigos, me fascina moverme entre un montón de puestos llenos de ellos, buscando entre títulos y títulos uno que realmente quiera. Aunque, en mi caso, me siento un poco mal, porque me gustaría que todos esos libros fueran mis amigos, evidentemente esto no puede ser. Sin embargo, cuando encuentras uno y sientes que lo necesitas, es la mejor experiencia del mundo, a menos que ese sentimiento lo experimentes demasiado a menudo como es mi caso, pero no vamos a entrar en ese territorio porque si tengo que dar razones de por qué me maravillan tanto los libros, no terminamos. Lo compras y, cuando llegas a casa y lo sacas de la bolsa que lo protege, lo miras y piensas, “bienvenido a casa, pequeño, espero que nos llevemos bien y que aprendamos mucho juntos”, y lo colocas con el resto de tus libros, para que se protejan los unos a los otros, como buenos compañeros. He de confesar también que me da mucho miedo una cosa respecto a los libros, y es que me gustaría leer todos, pero sé que es imposible. Entonces, sufro pensando que llegará un día en el que me muera y, tal vez, no haya logrado leer ese libro que podría haber cambiado mi vida. Aunque, ¿podemos considerar que existe un libro así si nunca ha aparecido durante nuestra vida? Como ya he dicho en ciertas ocasiones, creo en el destino. Creo que todas las personas y cosas que conocemos durante nuestra vida son lo que debemos conocer. Dicho esto, ese libro que podría cambiar mi vida no existe, porque no ha aparecido durante mi vida, o tal vez sí existe, y está justo frente a mí. Gracias a este pensamiento me relajo y, al mirar mi estantería, observo el lomo de todos y cada uno de ellos y, aunque aún tengo muchos sin leer, sé que ellos son los que cambiarán mi vida, porque ellos han sido mi destino.

En relación con lo dicho anteriormente, no puedo dejar de mencionar un libro que he leído recientemente y que, si me pidieran que me definiera con un libro, elegiría ese sin duda alguna. Este libro del que hablo es Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Este libro me lo recomendó un gran amigo mío el año pasado, y desde que me contó un poco el argumento he querido leerlo, pero nunca encontraba el momento. Este mes me ha proporcionado la ocasión que tanto ansiaba y, por fin, pude disfrutar de este maravilloso libro. 451º Fahrenheit es, como viene explicado en el propio libro antes de darle comienzo, cito textualmente: “la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde”. Podría perfectamente su título ser el resumen completo del libro, pero no lo es porque, aunque te proporciona mucha información sobre la novela que vas a encontrar, no se aproxima para nada a lo que hay en su interior. Este libro es oro, no hay nada en él que no rebose conocimiento, reflexión e incluso filosofía.

La historia que nos cuenta Ray Bradbury está ubicada en un futuro en el que los bomberos, en vez de detener incendios, los provocan. Es más, estos bomberos, cuando reciben una voz de alarma, van a determinadas casas y queman todos los libros, porque en este futuro cualquiera que posea al menos un libro está cometiendo el mayor de los delitos. Aquí tenemos a Montag, quien es nuestro protagonista, cuyo oficio es bombero. Él vive tranquilamente, en una falsa felicidad proporcionada por la ignorancia, un tema muy importante tratado durante toda la novela, hasta que se encuentra con una jovencita que cuestiona todo. Al principio, a Montag le molesta esta chica sobremanera, hasta que finalmente comienza a desear encontrarse con ella, pues poco a poco descubre su mente tan maravillosa. Esta mente de la muchacha es tan maravillosa precisamente porque su familia tiene libros. No me voy a detener a hablar más de lo que sucede en el libro porque quiero que lo descubráis vosotros mismos. En vez de eso, me voy a centrar en otras cosas, como el maravilloso desarrollo que sufre nuestro querido Montag a lo largo de la historia. Pasa de ser un bombero ignorante metido en su propia burbuja a explotarla él mismo y buscar ayuda precisamente de lo que debería ser su enemigo, los libros. Esta novela es un enorme homenaje a lo que los libros representan y como la falta de ellos puede provocar una falsa felicidad que nunca llegará a ser real, puesto que si no hay conocimiento, no se puede ni siquiera saber lo que es la verdadera felicidad. Los libros son lo que hace que las personas tengan opiniones, criterios y preferencias, los que hacen que no se conformen con lo que los demás dicten, porque hay que pensar por uno mismo. Los libros enseñan valores, dan fuerza y proporcionan experiencias. Nunca me cansaré de decir que los libros son el mayor maestro que podemos llegar a tener. Y sí, han sido escritos por personas, pero tú eres el que decidirá que parte de lo que uno ha escrito te parece correcto o incorrecto. Un mismo libro cambia y se convierte en uno totalmente diferente dependiendo de los ojos que lo lean.

Para ya ir acabando, sí que me gustaría mencionar una escena de este libro que me impactó muchísimo y que me hizo darme cuenta todavía más de mis sentimientos hacia los libros. Lo que viene a continuación es un pequeño spoiler, aviso por si queréis saltar al siguiente párrafo. Hay una escena en la que los bomberos, entre ellos Montag, van a la casa de una mujer para quemar sus libros. Entran a la fuerza y, la pobre mujer al comprender lo que había sucedido, en vez de salir de la casa como le pedían los bomberos para que ella no se quemase junto a los libros, permanece allí. Montag intenta persuadirla para que salga de la casa y, tras mucho insistir, la mujer dice “Quiero quedarme aquí.”. La mujer ardió junto a sus libros aquella noche. Esta escena me hizo reflexionar mucho y, me sorprendió a mí misma la rapidez con la que mi mente respondió a la siguiente pregunta: Si hubiera sido yo esa mujer, ¿qué hubiera hecho? La respuesta fue sencilla y clara, hubiera hecho lo mismo. Entiendo perfectamente a esa mujer, vivir en un mundo en el que no hay libros, en el que no te permiten tener libertad de pensamiento y de expresión, no merece la pena.

Este gran amigo que me recomendó esta maravilla me dijo algo que me hizo mucha ilusión, “Parece como que Ray Bradbury hubiera escrito este libro pensando en ti.”. Evidentemente esto no es verdad, pero tener entre tus manos un libro que defina tu personalidad mucho mejor que tú mismo es aterrador e increíble. Me veo reflejada en Fahrenheit 451 y sé que esta es sólo la primera de las muchas veces que leeré, sin cansarme, este tesoro.

Qué bueno haber leído este libro durante abril, durante el mes del libro. Todo lo que soy, cada cosa buena y cada cosa mala, cada rareza y cada pensamiento, se lo debo a los libros. Ellos me han construido, ellos han hecho de mí su hija, su aprendiz y su gran amiga. Gracias, amigos, por darme la oportunidad de ser yo misma y, sobre todo, por darme la inmensa capacidad de pensar por mí misma. Gracias por hacerme libre.

Aziul.

Anuncios