Enmascarado (Relato I; Pt.3)

Hoy quiero contar un episodio que acaeció cuando llegó esa época tan tormentosa que llamamos adolescencia. Si soy sincero, nunca había sido un niño demasiado abierto, así que nadie esperaba que fuera un adolescente extrovertido, sino más bien, introvertido. Cuando quiero decir que nadie esperaba eso, me refiero más bien a mí. Bien es cierto que no fui muy propenso a contar mis intimidades a la primera persona que me dedicara una sonrisa, pero tampoco fui especialmente tímido. Creo que mi manera de relacionarme con el mundo estuvo bien, la pena es que no duró mucho tiempo. Cuando ya tenía quince años y estaba cursando el tercer año de instituto, me perdí a mí mismo.

El curso comenzó en términos que podemos denominar normales. Verdad es que no hablaba mucho con nadie, a pesar de conocer a un par de personas de mi clase por haber compartido aula con ellos anteriormente. Era raro que yo me acercase a personas si no lograban atraerme en demasía, y eso sucedía muy poco. Con esto no quiero decir que yo fuese la guinda del pastel, ni mucho menos; simplemente esa era mi manera de obrar de cara al público. Según los días se fueron aconteciendo, conocí a un chico que, en primeras instancias, no me interesaba en lo absoluto; aunque yo a él sí. Era claro que el muchacho forzaba situaciones con tal de estar junto a mí y si no fuera porque lo había visto flirteando con varias chicas, probablemente hubiera creído que tenía un interés amoroso en mí. Su nombre era Dan y, poco a poco, logró ganarse mi confianza. En aquellos momentos, pasaba poco tiempo en casa, porque odiaba verla vacía. Mi madre trabajaba casi todo el día y yo llegaba a casa unos minutos antes de que ella volviera. Apenas sabía de mí, y yo apenas sabía de ella. Lo único que sabía con certeza era que la echaba de menos, pero mi orgullo de joven independiente y fuerte me impedía sincerarme con ella. Si pudiera volver el tiempo atrás, haría las cosas de otra manera. ¿Pero quién no ha pensado así alguna vez en su vida? Si erramos es sólo para que podamos aprender la lección y no volver a repetirla, aunque muchos sigamos tropezando con la misma piedra todos los días a pesar de todo.

Dan era un chico alto y corpulento, muy mal estudiante y muy maleducado. Era todo lo contrario a mí y fue precisamente lo que me atrajo de él. Siempre se metía en broncas y nunca hablaba sin decir al menos tres tacos, pero era libre. Esa libertad que yo sentía que me faltaba. Él la tenía y, cuando estaba con él, casi podía sentir que la rozaba. Así que hice lo que haría cualquiera para conseguir algo que ha anhelado por mucho tiempo, convertirme en una copia de Dan. Poco a poco, dejé de estudiar. No insultaba, los insultos nunca habían sido lo mío, pero ignoraba, que era, tal vez, mucho peor. Comencé a meterme en problemas e incluso a pegar puñetazos a bocajarro a cualquiera que me molestara un poco. Lo irónico era que nada me molestaba realmente, pero actuaba como si así fuera, por mantener una imagen que no deseaba, pero de la que tampoco quería desprenderme. Lo cierto es que me sentía protegido siendo así, porque de alguna manera, logré que nadie quisiera acercarse a mí estando a solas, pero todos deseaban estar a mi lado en grupo. No es que me tuvieran miedo, pues no sabía luchar, pero me evitaban, porque era de esas personas que estropeaban el día a cualquiera. Nadie quería conocerme de verdad, pero todos pretendían adorarme. Me lo había ganado a pulso y, a pesar de saberlo, muchas veces había molestado a personas con el único fin de ignorar mi mente.

Llegó un día en el que Dan se alejó y, en vez de evitar esa lejanía, dejé que sucediera. No necesitaba a nadie, no quería a nadie, sólo a mí mismo. Hubo momentos en los que me lo creí de verdad, en los que mi imagen parecía superior frente a mis ojos. Me atrapé a mí mismo en una falsa ilusión que confundía con libertad. Me sentía poderoso y creía que ese poder me hacía libre, pero en realidad no hacía más que estrangularme con cadenas de hierro. Continué flotando sobre mi falsa nube y conocí a un grupo de chicos bastante peligrosos. Eran peligrosos, pero mi concepción del peligro había ido disminuyendo progresivamente hasta llegar a ser nulo. Creí haber encontrado unos amigos de verdad, pero no hice más que engañarme y no fue hasta que acabé en el hospital, con varios huesos rotos, que comprendí mi error.

En la sala luminosa que olía a medicamento, sobre el duro colchón en el que reposaba mi malherida espalda, las lágrimas de mi madre inundaron las sábanas. Pasé varias semanas allí y nadie vino a verme, salvo mi madre. Pasé de estar enfadado a estar desilusionado y, finalmente, a estar desolado. Me lo había ganado, no era importante en la vida de nadie salvo en la de la persona que me había dado la vida. No culpaba a nadie, no había hecho nada para merecerme la simpatía de nadie. Al menos deseé que Dan viniera, pero no lo hizo. Supongo que fue entonces cuando el corazón se me rompió por primera y única vez. No porque Dan me hubiese abandonado, sino porque yo me había abandonado primero. Comprendí que había enmascarado todos mis temores y mis anhelos y los había convertido en otro, para poder ser una persona que los demás quisieran; pero cuando te conviertes en una persona que quieren, pero no quieres, al final nadie te quiere. Había hecho todo lo posible para ser libre, pero me había encadenado a las preferencias de las demás personas. Comprendí que uno es libre sólo cuando es quién es, sin reparos. Comprendí que me quedaba mejor mi rostro que la máscara que había creado.

Aziul.

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Hace justo una semana desde que cumplí uno de mis mayores sueños. El sábado pasado asistí junto a unas amigas al primer (y espero que no último) concierto de una banda surcoreana que he seguido desde hace ya casi cuatro años, BTS. La experiencia que me llevé de este viaje, porque fuimos a Londres, creo que nunca podré dejar de emocionarme al recordarla. Pasé unos días increíbles visitando esta ciudad con unas personas a las que quiero muchísimo. Pasaron muchas cosas pero, ante todo, nos divertimos y fue muy estimulante salir de nuestra zona de confort. Soy una persona que le cuesta hacerse a los cambios así que, al principio, me costaba creer lo bien que estaba asimilando viajar a otro país sin saber absolutamente nada. Ahora, aunque ya he vuelto a mi día a día, hay una emoción enorme dentro de mí que me hace esperar con ansias la próxima oportunidad para aventurarme a un mundo que no conozco, pero que me encantaría conocer.

Mentiría si no reconociera que los días previos a nuestra partida tenía un miedo abismal, mientras mi mente me hacía pensar en todas las cosas malas que podrían suceder si tan solo una cosa se torciera. Pero, hubo cosas que se torcieron o que no salieron tan bien como esperábamos y, aun así, el viaje no dejó de ser increíble. Soy una persona bastante perfeccionista pero, poco a poco, estoy aprendiendo a disfrutar de los errores, porque cuando las cosas salen mal también conducen a cosas buenas. Este viaje fue increíble y estoy segura de que no lo olvidaré.

En cuanto a BTS, se me hace difícil explicar bien mis sentimientos. Desde que conocí a estos chicos he pasado por momentos duros y tenerlos a mi lado ha sido un gran apoyo. Su música siempre ha logrado calmarme, enseñarme cosas. Su música siempre ha estado a mi lado, en los momentos en los que no cabía más felicidad dentro de mí y en los momentos en los que no podía más. Siempre han sido mi refugio. Parece una tontería, pero si pudiera expresar tan sólo la mitad de todo lo que siento hacia ellos, (la gratitud, el amor, el orgullo, …), lo haría. Sólo puedo decir que me han ayudado mucho a través de las letras de sus canciones, a través de sus cálidos corazones y a través de su gran trabajo, inspirándome cada día a ser una mejor versión de mí misma. Verlos en vivo ha sido un sueño que nunca me permití soñar. Explico esto, siempre he vivido en mi imaginación y siempre he dejado que mi corazón fuera quien decidiera mi rumbo. Mi imaginación siempre crea situaciones imaginarias sin pedir permiso, pero nunca se atrevió a imaginarme en uno de sus conciertos. La posibilidad de asistir a uno de ellos me parecía tan sumamente improbable que no quería torturarme a mí misma con la dulzura de la esperanza. Pero tampoco me importa, porque mi corazón decidió que tenía que ir a ese concierto, que tenía que cumplir al menos este sueño. Al acabar 2018, me prometí que cumpliría uno de mis sueños, no sé si el que tenía en mente entonces se cumplirá este año o el siguiente, pero al menos no me he defraudado a mí misma y he logrado cumplir uno de ellos. Estando frente a ellos, mientras mis ojos seguían sin creerse que lo hubiera conseguido, supe que en el 2019 ya había ganado. Es curioso, ¿no? Como un solo día puede cambiar tu vida para siempre, como puede cambiarte a ti.

Volviendo a lo de la imaginación, me encanta usarla para crear diferentes escenarios y situaciones que, posiblemente, nunca se vayan a dar en la realidad. Mucha gente cuando me conoce elogia mi imaginación, y es uno de los elogios que más me gusta recibir, pues creo que no es ningún secreto que soy una escritora que aspira a convertirse en autora pronto. El caso es que, amo la imaginación, el poder de crear algo totalmente nuevo y propio. Poder crear personas, mundos, lugares, etc. Pero ese viaje me hizo darme cuenta de que la imaginación, por muy increíble que sea, nunca podrá producirme reacciones reales. Por mucho que hubiera imaginado Londres, nunca podría haberme imaginado la emoción y la felicidad que sentí al estar allí de verdad y mucho menos la gratitud que sentí hacia las dos maravillosas personas que me acompañaban. A su vez, por mucho que me hubiera imaginado el concierto en los días anteriores a él, nunca podría haberme imaginado el temblor de mis manos, las mariposas de mi estómago, las lágrimas que surgieron de mis ojos… Hay cosas que son necesarias vivirlas para poder llegar a sentir su completa esencia. Esos días que estuve en Londres, no pude dejar de sentirme como si estuviera soñando, como si todo hubiera sido producto de mi imaginación. Los días posteriores, al volver a casa, seguí sintiéndome igual. Aún creo que fue demasiado bueno para ser real. Pero sabía y sé que fue real, porque las emociones que sentía también eran muy reales, y las que sigo sintiendo a día de hoy también me lo demuestran.

Después del concierto, me sentí devastada por un enorme cúmulo de sentimientos. Días después de él seguí llorando, porque la realidad a veces es tan mala o, en mi caso, tan buena que parece irreal. Llorar es sólo la muestra de que algo es real. Nunca en mi vida he llorado tanto debido a la felicidad que me envolvía, y deseé llevar a cabo cientos de cosas nuevas después de ese día. Cumplir este sueño me ha motivado de una manera increíble y me ha impulsado a querer cumplir muchos más. Sé que sólo podré cumplir más sueños con esfuerzo y trabajo duro, pero estoy totalmente dispuesta a ello. Quiero disfrutar del proceso, que me sorprenda, y cuando llegue el momento de volver a cumplir un sueño, quiero poder llorar tanto como ahora de la alegría.

Nunca me he arrepentido de las decisiones que ha ido tomando mi corazón. Me alegro de que haya elegido mi vocación y que esta me haya llevado a las personas tan maravillosas que actualmente me rodean, me alegro de que decidiera arriesgarse en tantas ocasiones y me alegro de que haya elegido a BTS para que fueran y sigan siendo las personas que más me inspiran día a día. Nunca podré dejar de estar agradecida con ellos, porque parte de quién soy ahora, es debido al apoyo que me han transmitido durante años enteros a través de sus canciones. Y de verdad que aún no puedo creerme lo feliz que soy ahora mismo.

Por último, me gustaría haceros algunas preguntas para que reflexionéis sobre ellas, ni siquiera hace falta que os deis una respuesta ahora, pero buscadla. BTS hizo que me preguntara estas cosas, que me planteara la vida de otra manera. ¿Quiénes sois? ¿Qué queréis conseguir? ¿Es mejor no arriesgarse e ir por la vía cómoda y segura o es mejor arriesgarse y conseguir cumplir vuestro más anhelado sueño? ¿Cuál es vuestro nombre? No aquel que os dan al nacer ni el que os da la gente de vuestro alrededor, sino el que os dais vosotros mismos. ¿Cuál es vuestra verdadera cara, aquella que no os atrevéis a mostrarle a nadie? ¿Sois felices? ¿Queréis a alguien? ¿Os queréis a vosotros mismos? ¿Qué es lo que os hace emocionaros? ¿Qué es lo que os motiva? ¿Qué os da miedo? ¿Cuáles son vuestros pensamientos? ¿Y vuestros sentimientos? Hablad con vosotros mismos, comprendeos, conoceros. ¿Quiénes sois?

Aziul.

El arte de amar, Erich Fromm

He estado leyendo un ensayo sobre el amor y, por ende, me han entrado ganas de hablar sobre el sentimiento que denominamos “amor”. El libro en cuestión es El arte de amar de Erich Fromm. No voy a escribir una reseña de este libro porque es bastante complicado de hacer, pero sí mencionaré los aspectos que más me han hecho reflexionar.

Como todos sabemos, hay muchas formas distintas de amar, el mismo Erich Fromm realiza una división bastante acertada. Según él, tenemos el “Amor fraternal” que, como su misma etimología indica, viene de “frater” en latín (“hermano” en español). Por tanto, es obvio que este amor es el propio que se da entre hermanos; luego está el “Amor materno”, pero no es únicamente el amor propio de la madre. Este amor se divide, a su vez, en dos: el amor maternal y el amor paternal. El amor maternal (del latín “mater”) es aquel que profesa la madre a su hijo. Este amor es incondicional. Sin embargo, este amor no es ganado por el niño, sino que este nace y muere con él, simplemente por ser hijo de su madre, (aunque ya sabemos que hay excepciones). Por tanto, se puede decir que el niño no hace nada para conseguir este amor. Por otro lado, tenemos el amor paternal (del latín “pater”), que es aquel amor que no es incondicional, sino que este hay que ganarlo. Es decir, si el niño quiere conseguir el amor del padre, deberá ganarse la admiración de este y, por ende, satisfacer sus expectativas. Si el padre tiene varios hijos, se descantará siempre por el que se parece más a él mismo. Por tanto, para conseguir el amor paterno hay que esforzarse continuamente, porque al igual que se pude ganar, también se puede perder; el siguiente es el “Amor erótico”, que es aquel que se da entre una pareja. Aquí Fromm explica que su visión de este amor no es una mera atracción sexual, que para él no es ningún tipo de amor, sino que se basa en que la atracción sexual se desarrolle a través del amor profesado a una persona o, para ser claros, el enamoramiento. No censura por ello que a través de la atracción física se consiga el amor, es más, acepta que eso también representa este tipo de amor; luego nos habla del “Amor a sí mismo”, es decir, aquel amor que las personas se profesan (o deberían) a sí mismos. Es más, Fromm afirma que este amor es la base de los demás tipos de amores porque, si no te amas a ti mismo, nunca serás capaz de amar a nadie realmente. Sólo serán meras especulaciones sin sentido, un espectro imaginario de lo que significa realmente amar; finalmente, tenemos el “Amor a Dios”, y he de decir que es el tipo de amor que más me ha sorprendido de todos, puesto que me esperaba otro tipo de explicación, pero la que Erich Fromm da es impactante y, debo confesar, comparto su opinión. Para Fromm el “Amor a Dios” es una mera especulación, un invento realizado para mantener a las personas ligadas a algo. Es más, para él, las personas muy religiosas son como niños pequeños que aún necesitan de mamá y papá. Es decir, son adultos que se han separado de sus padres, pero que necesitan seguir recurriendo a alguien en busca de consuelo cuando las cosas van mal, y es ahí donde entra Dios. Dios es materno y paterno, es madre y padre. La única diferencia es que es omnipresente y que nadie llegará nunca a estar frente a él.

Aparte de esta diferenciación extraordinaria que hace Fromm en su libro, hay muchos más puntos interesantes en su obra. Sólo voy a mencionar los que me han impactado personalmente durante la lectura. Empezaré por uno que se descubre casi desde el inicio del libro, y es la realidad de que en nuestra sociedad actual casi nadie sabe lo que es amar de verdad. Creemos que sabemos lo que es amar, pero realmente no tenemos ni idea. Preocuparse por la pareja, buscar su comodidad, no es amor según Fromm, es conformidad. Una vez que encuentras a una persona con la que te sientes a gusto, enfocas en ella todas tus atenciones e intentas desesperadamente ser bueno para la comodidad de esa persona. Esto acaba convirtiéndose en rutinario, en mera alienación. Fromm hace también una comparación entre el trabajo y el matrimonio o pareja, puesto que para él ambas son beneficiarias por una u otra cosa para los individuos y, a la vez, se convierte en rutina. Sin embargo, Fromm también defiende que sí que hay personas que saben amar de verdad, y son aquellas que no temen discutir. Entendiendo la acción de discutir como medio para que la pareja crezca y evolucione, con el fin de conseguir un estado en el que ambos individuos se mantengan en armonía el uno con el otro, siempre sin dejar de lado el amor que sienten.

Fromm habla también mucho de la sociedad capitalista, la que impera en nuestra actualidad. Para quien no sepa lo que significa sociedad capitalista, explicaré que es un tipo de sistema político, social y económico basado en la producción e intercambio de mercancías, entendido este intercambio como una compra. Es decir, si queremos conseguir cualquier objeto o servicio, debemos comprarlo. Por tanto, nos encontramos en una sociedad basada en el dinero. Una sociedad que sólo tomará en cuenta aquellos métodos que le permitan ganar dinero, sea bueno o no. Este ensayo está repleto de pensamientos y críticas respecto a este tema, puesto que incluso el amor se convierte en algo basado en el dinero. ¿Os dais cuenta? Mercantilizamos incluso algo tan sencillo y bonito como es el sentimiento de amor.

Volviendo un poco al tema del amor a Dios, también quiero destacar el hecho de que, para Erich Fromm, quien realmente sabe amar a Dios, es aquel que no se preocupa por pensar en él ni le pide nada por muy mal que esté la situación. Esto se produce sólo cuando el individuo en cuestión es consciente de que el mundo que hay enfrente de él es el único que existe, que es real y verdadero. Y por mucho que desee creer en un dios todopoderoso que lo salvará de todos los males, entiende que todo lo que ocurre en su vida depende de su propia persona, no de una fuerza divina. El verdadero religioso es aquel que no piensa ni pide nada a Dios, porque todo está fuera de su alcance.

Fromm afirma que el amor es un arte, pensamiento que comparto, y que, por tanto, hay que saber cómo realizarlo. Es decir, como cualquier arte, hay que conocerlo, experimentarlo y realizarlo. No importa si se falla, puesto que es fallando como se aprende a mejorar en un arte, al igual que en el arte de la pintura, el arte de cualquier deporte, etc. Además, al ser un arte, el amor debe practicarse día a día, con continuidad, sin dejarlo nunca de lado. Puesto que si no lo hacemos, nunca conseguiremos aprender realmente cómo es amar de verdad.

Nadie realmente sabrá nunca qué es exactamente el “amor”, puesto que es demasiado complejo para comprenderlo del todo. Sin embargo, creo que El arte de amar puede hacernos reflexionar, cambiar de ideas e incluso comprender cosas en las que no habíamos reparado anteriormente. Hay muchos tipos de sentimientos que podemos experimentar durante nuestra existencia, pero es el amor el más poderoso, aquel que todos deberíamos intentar entender al menos un poco.

Aziul.

Ideal

Hay días en los que me despierto y no soporto mirarme en el espejo. Creo que no hay un solo día en el que no tenga miedo de hacerlo. El miedo a mirarse en un espejo, a contemplarse tal y como es uno mismo, es uno de los miedos más comunes que existen, si no el más común de todos. Aunque muchas veces ni siquiera logremos vernos de verdad.

Llevo un par de semanas pensando en esto, porque llevo un par de semanas en las que no me siento bien cuando me miro en el espejo. Creía que había superado la época del miedo a ver mi propio reflejo. Pero, ¿acaso alguna vez se supera? He pensado mucho en esto durante estos días y he tenido la arrebatadora necesidad de hablar de ello, porque sé que no soy la única persona que se siente así. Dejo claro que hablaré de mi experiencia personal como mujer en esta sociedad, aunque sé muy bien que los hombres también están muy condicionados. No quiero que me malinterpretéis, pero creo que nadie con dos dedos de frente vaya a discutir el hecho de que la mujer está condicionada, casi arrinconada, por la sociedad mucho más que el hombre, y no sólo por el tema de su cuerpo. Aunque no voy a meterme en más temas que ese.

Para empezar, tengo que hacer referencia a varias sentencias que son tan bonitas como falsas. La primera de ellas es la típica “No, yo adelgazo por mí, no por lo que piense la sociedad.”. Esta creo que no sólo la hemos escuchado, sino que la hemos defendido y pronunciado todos. Yo misma lo he hecho, convencida de que, cuando al fin conseguí adelgazar, lo hacía por mí y no por cómo me veía la sociedad. Mentira. Y siento tener que decirlo así, pero es una de las mentiras más grandes que hemos dicho en nuestra vida; y lo peor de todo es que mentimos para tranquilizarnos a nosotros mismos, para engañarnos y hacernos creer que a nosotros la sociedad no nos condiciona. Claro que lo hace, todos los días. Otra de las sentencias que creo que hemos oído todos es “Si está gorda, no me interesa.” o derivados, como si una persona con más peso fuera sinónimo de fealdad. Esta es una oración que me pone de bastante mal humor, sinceramente creo que el cuerpo de una persona no es suficiente para poder juzgarla. Sin mencionar que he visto a cantidad de personas con un cuerpo que se sale de los estándares impuestos por la sociedad, y os aseguro que eran más bonitas que muchas de las imágenes que nos intentan vender día a día. La última sentencia que voy a comentar es la de “No debemos compararnos con nadie, porque nadie es igual.”. Bien, ¿cómo es posible que no nos comparemos con personas con un “cuerpo perfecto” si nos la imponen en la televisión, en los anuncios, en los libros, en la pintura, en la industria musical, en la de la actuación, etc. día a día? No, no somos iguales, pero cómo nos hacen desear serlo cuando nos comparamos con esa persona tan perfecta que tanto admiramos.

¿Cuál es la finalidad? Quiero decir, ¿qué es lo que quiere la sociedad? ¿Un ejército de gente casi anoréxica? ¿Eso es una sociedad ideal? No sé qué pensar o qué decir si eso es lo ideal. Las personas, con sus kilos de más y sus kilos de menos, son reales. Eso es lo que nos hace completamente reales, que nunca seremos perfectos. Nos conformamos con la frase, “Nadie es perfecto.”, pero claro, eso sólo si nos referimos a la personalidad. Si entra el físico, es inaceptable. Físicamente todos tenemos que ser perfectos, pero ojo, una imagen de perfección que la sociedad nos ha impuesto desde que somos pequeños. Y creo que eso es lo más triste de todo, que aceptamos esa imagen como si fuera la natural, y despreciamos a las personas que no se adaptan a ellas. No, ninguno de nosotros ha adelgazado (por voluntad propia y sin que un médico lo recomendara) por nosotros mismos. Hemos adelgazado para sentirnos aceptados en una sociedad de cuerpos y caras perfectas, porque pensamos que sólo así que podemos ser queridos por alguien. Qué tristeza más grande pensar que seguirán pasando generaciones y esto sólo irá a peor. Yo comencé a sentirme acomplejada a los catorce años, pero actualmente veo a personas de incluso diez u once preocupadas por su aspecto físico, porque si no son delgados, nadie los va a aceptar. ¿Os dais cuenta? Acomplejados tantos años sólo por agradar a personas que no van a ser importantes en nuestra vida porque, y pongo las dos manos en el fuego, las personas que te quieren por tu corazón, no deciden si quedarse o no por tu cuerpo.

Quiero aclarar que no tengo ningún problema con las personas de complexión delgada, como no tengo ninguno con las de complexión más ancha. Este texto no es un ataque contra nadie, sino más bien una queja por lo que hace la sociedad con nuestra mente. Hace siglos, el ideal era estar más relleno, y seguro que la gente delgada se sentía muy acomplejada con ello. Ahora este es el ideal, y siguen habiendo personas acomplejadas.

Soy la primera que prefiere que me halaguen por mi mente que por mi cuerpo, me parece algo mucho más auténtico. Sin embargo, también soy la primera que desea encajar en los moldes que la sociedad ha impuesto. En este punto puede que me creáis una hipócrita, pero, ¿cómo va a ser de otra forma si desde que comenzamos a crecer y a desarrollarnos nos imponen esa imagen perfecta que no nos deja dormir por las noches? Todos tenemos tan interiorizado este ideal que la sociedad ya no necesita ser ella la que nos imponga sus principios, porque son impuestos por nuestra propia mente todos los días, haciéndonos sentir como si no mereciéramos amor y cariño.

Siento mucha ansiedad al pensar que tendremos que vivir toda nuestra vida condicionados por lo que la sociedad impone y por la impresión que causemos en el resto de personas. Somos un puñado de gente oprimida y acomplejada entre gente oprimida y acomplejada, que apenas se ayuda entre sí, que apenas habla, que apenas llora…

Aziul.

Espejo

He estado intentando varios días escribir algo para el Librito Aziul sin poder. No sé por qué, aunque creo que soy bastante exigente conmigo misma y no acepto que, a lo mejor, lo más sencillo puede ser también lo más llamativo. He de decir que tengo bastantes preocupaciones actualmente, y el blog me atosiga un poco cuando tengo un montón de cosas que hacer, pero me he dado cuenta de que me encanta este blog. Todos los días me acuerdo de él, incluso si no quiero subir ninguna entrada. Simplemente me acuerdo de él y, aunque a veces me estresa la obligación de tener que escribir algo, he comprendido que no es una obligación. Escribo este blog porque me gusta. La sensación de estrés que experimento al tener que escribir algo y no tener tiempo se debe a mi tristeza por querer dedicar tiempo a cosas que me importan, como es el caso del blog, y no poder, porque otras obligaciones, siendo estas verdaderas obligaciones, exigen mi completa atención. Pero precisamente por ello me gusta tener el Librito Aziul a mi alcance, porque durante un momento, me permite desconectar de la realidad que me rodea y recargarme con mucha más energía.

Dicho esto, he de decir que tengo varios temas que me gustaría comentar, aunque no tengo ni idea cómo acabaré desarrollándolos, así que me dejaré llevar. A veces veo como un espejo mi presente y mi pasado. Me explico, hoy, por ejemplo, estaba caminando por una calle de mi ciudad, he levantado la mirada y me he visto a mí hace unos meses, en esa misma calle. Es algo extraño porque en realidad no te ves, pero de repente asalta tu mente un recuerdo de haber estado allí antes y, evidentemente has estado allí antes, pero es un recuerdo concreto. De todos los recuerdos que pueden asaltar tu mente, es precisamente ese y te preguntas por qué. Yo he visto a mi yo de hace meses que estaba en aquel mismo lugar con un paraguas morado, que sigo teniendo, bajo la lluvia y realmente preocupada. Mientras que hoy he pasado por ese mismo lugar sin detenerme, siendo feliz. Pero no me refiero sólo a esta sensación que he experimentado hoy, pues muchas veces me ha pasado estar en un lugar o estar haciendo algo y recordar que ya ha pasado, pero de una forma totalmente distinta. La misma persona triste que estaba bajo la lluvia con ese paraguas morado ya no existe, porque soy una persona diferente desde entonces, aunque también sigo siendo la misma. ¿Habéis visto el “me explico” del inicio de este párrafo? Si habéis leído alguna de mis entradas antiguas, posiblemente hayáis notado que la he utilizado más veces. Es una muletilla que empleaba muy a menudo anteriormente, ahora ya no tanto, aunque puede salvarme de inicios complicados. Lo que quiero decir con esto es que, ver quién era yo hace unos meses y ver quién soy ahora me hace reflexionar mucho. Por ahora considero que estoy mejorando, y creo que es lo mejor que puede pasarle a cualquier persona: verse a sí mismo hace unos meses y verse a día de hoy, y considerar que ha mejorado y que su vida va a mejor. Yo, a pesar de que estoy estresada, me deprimo frecuentemente y tengo miedo muchas veces, soy feliz. Lo soy porque tengo una fortaleza que antes no tenía, que es que yo misma puedo levantarme y que, a pesar de todo, continúo caminando hacia delante.

Lo sé, sigo hablando del tiempo, quizás es que abril es el mes del tiempo en el Librito Aziul. Quería compartir esto porque creo sinceramente que a todos nos pasa vernos a nosotros en el pasado como si realmente estuviéramos aquí, con nuestro yo del presente. Sé que he dicho que tenía varios temas para comentar y sólo he comentado uno, ya iré comentándolos en otras entradas, porque creo que necesito empaparme más de ellos antes de desarrollarlos. En fin, ya sabéis que muchas veces comienzo a divagar sobre cosas que a lo mejor no tienen tanta importancia. Me justifico diciendo que para mí la tienen, todo lo que llego a escribir o a pensar, por muy básico o raro que sea me importa. Por eso muchas veces no sé qué escribir o tardo mucho en publicar algo respecto a la entrada anterior, porque prefiero hablar de algo que realmente valga la pena que hablar de cosas triviales que no tienen ningún tipo de significado para mí. Si escribo sin sentir o pensar lo que escribo, ¿qué lógica tiene? Creo que en cuanto a lo que se escribe hay que ser honesto, y yo no traiciono las palabras.

Aziul.

Reloj

Actualmente, me siento un poco confusa. No sé la razón, o quizás sí, pero no del todo. Siento que estoy ahogándome entre mis propios sentimientos, entre esos que emanan directamente de la prudencia y, por otra parte, entre esos que me incitan fervientemente a aferrarme a la incertidumbre de la locura. Creo sinceramente que esta batalla continua entre lo que supuestamente está bien y lo que siento que está bien nunca va a llegar a su fin, simplemente porque soy demasiado cobarde. Demasiado cobarde para abandonar la seguridad de un futuro definido, y demasiado cobarde para renunciar del todo a mí misma. Soy tan cobarde que no puedo renunciar a ninguna de las dos cosas y, por ende, mi futuro es un mejunje de elementos incongruentes que intentan imponerse los unos a los otros en una incesante lucha por conocer al más poderoso. Si lo pienso bien, hablar de futuro no es realmente preciso, más bien me refiero a mi confusión. Siento como si este texto estuviese siendo un caos… Tal vez es un leve reflejo de mi interior. Quién sabe.

Pienso que las desencadenantes directas de esta confusión que siento son mis expectativas. Me refiero, cuando te hace especial ilusión una cosa y te la imaginas de mil maneras diferentes, pero nunca siendo mala, hasta que la realidad te golpea y ninguna de esos episodios creados por tu cerebro son reales, sino que acaban siendo todo lo contrario. Bien, eso me ha pasado a mí, pero además, hay una parte de mí que me dice que todavía falta, que no lo he visto todo, que permanezca, por mucho que me esté costando permanecer. De alguna forma hago caso a esa voz porque, como he dicho antes, soy una cobarde, pero creo además que no he realizado la elección incorrecta. Aunque hablando de elecciones correctas e incorrectas, debo decir que sigo manteniendo lo dicho en el anterior texto, ¿quién dicta qué es o no correcto? Sólo el tiempo.

Es ahí donde quería llegar, voy a volver a un tema que ya he tratado anteriormente, pero que sigue dándome mucho en qué pensar. Últimamente pienso mucho en el tiempo, de forma tan obsesiva que me siento como una masoquista, pero me es inevitable. Se ha formado un vacío de preocupaciones dentro de mí y, a causa de esto, el tiempo me acecha como si de un demonio se tratase. No sé si es bueno o malo, sólo sé que no quiero perder ni un minuto de mi vida haciendo algo que no vaya a ayudarme a evolucionar como persona o, sobre todo, a ser feliz. Ayer tuve un episodio desagradable, y es que perdí una hora entera de mi vida en algo que no me aportó nada más que aburrimiento y arrepentimiento. Mientras estaba viviéndolo, sentí una profunda aberración el quedarme allí viendo como las manillas del reloj seguían moviéndose incesantemente. Lo irónico es que este mismo día me regaló tiempo que me hizo mejorar. Pasé varias horas haciendo algo que engrandeció mi persona y, a pesar de que mi voz prudente me decía que debía irme y seguir con las tareas, mi voz de la locura me imploró que me quedara, que esa era la forma de ganar tiempo. Fui feliz, pero no pude evitar estar mal todo el día, y fue sólo entonces cuando por fin acepté que estaba triste.

Sigo observando las manillas de mi reloj moverse, sin detenerse ni un solo segundo, y hay ocasiones en que las siento como cuchillos que se me clavan, haciéndome revivir. Todo se para cuando dormimos, por ejemplo, pero esas manillas siguen moviéndose segundo tras segundo, siguen girando, al igual que lo hacen los planetas. Todo continúa su curso, incluso yo misma, pero quiero que esas manillas que ahora me duelen, me recompensen en algún momento con otras que me hagan saber que he vivido aceptando todo lo que dicta mi corazón.

Aziul.

XII

A mediados de este mes, estuve hablando con unas amigas de un tema un poco peliagudo, un tema que, lamentablemente para mí, siempre va ligado a alguien. Recordé entonces a un amigo mío, quizás el mejor amigo que he tenido nunca, y se me llenó el corazón de nostalgia y la cabeza de recuerdos compartidos con él.

He de decir que no suelo pararme a pensar en él mucho, aunque lo tengo presente todos los días, si no que alguien se lo pregunte a la ansiedad que siento si pierdo ese objeto tan importante que me recuerda a él y que casi siempre llevo encima. ¿Por qué no pienso mucho en él si tan importante es para mí? Fácil, porque lo quise y aún lo quiero demasiado. Recordar es fácil cuando a quien quieres sigue a tu lado, pero cuando ya no lo está, los recuerdos pueden llegar a ser látigos que te golpean incesantemente. No por eso digo que no esté bien recordar a quienes quisimos alguna vez y ya no están, debemos hacerlo, porque al fin y al cabo las personas no somos más que eso, recuerdos. Lo que pasa es que el recordar a alguien que ya no está es doloroso, porque nos gustaría que siguiera estando. Aunque de eso va la vida, supongo. El caso es que al recordarlo vi a mi yo de hace ocho años y lo vi caminando hasta llegar al día de hoy, a ser quien soy. Me di cuenta entonces de que nunca hubiera tomado todas las decisiones que he tomado hasta el día de hoy si no fuera porque tuve ese amigo tan bueno hace años. Y sí, que él se fuera abrió un abismal agujero en mi interior, y aunque tardara bastante en darme cuenta, ese agujero sólo apareció para enseñarme que soy fuerte. Me he ido dando cuenta a lo largo de los años que el mundo siempre ha estado cuidando de mí, primero con ese amigo que tuve hace años, ahora con las maravillosas personas con las que puedo contar día a día. Es un privilegio encontrar a tantas personas a las que querer y que te quieran. Yo tengo ese enorme privilegio.

Continuamos la conversación y llegamos a un tema que me ha interesado mucho desde siempre, y es que una de ellas habló del destino. Les dije que creía en el destino, porque es cierto, pero que también creía en que se podía cambiar según las decisiones que se tomaran. Las decisiones que tomamos día a día son las que hace de nosotros ser quienes somos, no somos más que decisiones y recuerdos de esas decisiones. En este punto una de ellas preguntó algo que, a pesar de ser tan obvio, no me había parado a pensar nunca: “¿Puede ser que el destino sean todas las decisiones que tomamos en nuestra vida?”, y en ese momento todo cobró sentido. Siempre había creído en el destino y en las decisiones, pero nunca pensé que la respuesta a eso podría ser que destino y decisión son la misma cosa. Cuando mi amiga dijo eso respondí casi involuntariamente que sí, que eso era el destino.

Poco después, fijé mis ojos en la calle que se abría frente a mí y supe que las decisiones están incluso en qué calle eliges para caminar y en qué ruta para llegar a tu destino, (aclaro que aquí me refiero al lugar al que vas). Tus decisiones y tu destino están a tu lado en todo momento, tan sólo hay que fijarse. ¿Por qué soy la persona que soy?, ¿y por qué tú eres la persona que eres? Lo somos por las decisiones y elecciones que hemos ido tomando a cada segundo. Si me estás leyendo ahora, ¿acaso no decidiste tú leerme? Si estás aquí lo hiciste e, inevitablemente, yo he sido tu destino hoy y a esta hora que me lees.

Hace mucho me atormentaba la idea de estar continuamente eligiendo entre una cosa u otra, porque me daba pánico escoger la elección no acertada. Ahora eso ya no me importa, porque he aprendido que no hay elecciones acertadas, no hay una mejor que otra, sino que son diferentes y que, cada una de ellas, desencadenará una serie de circunstancias que irán guiando nuestra vida, siempre haciéndonos elegir.

Elegí hace mucho a ese amigo y, aunque se marchó hace tiempo, fue la razón por la que decidí dejar de tener miedo y apostar por lo que movía mi corazón. Hoy soy yo misma porque decidí, aquel 12 de septiembre de 2011, compartir mi tiempo con él, y no me arrepiento de nada.

Aziul.