Viernes 13

Hoy es un día oscuro, no sólo por la cantidad de supersticiones que tienen el viernes y el número trece juntos, sino porque llueve. El cielo no se ve, porque las nubes lo tapan como si formaran un lienzo desnudo, esperando a que el pintor lo acaricie con su fino pincel. La luz entra escasamente por la ventana que tengo al lado y el cuarto parece estar triste. Tal vez el mundo parece estar triste. Aunque hay una calidez especial en la fría lluvia que impacta sobre el suelo, en el aire gris de la cama y en los colores que se esfuerzan por iluminar la casa.

Los días lluviosos me parecen sinónimo de tranquilidad. Cuando llueve, la gente se refugia en su casa, entre las paredes que siempre los mantienen seguros. Quizás algunos hasta buscan unos brazos en los que acurrucarse y descansar hasta que el sol aparezca de nuevo exigiendo esfuerzo.

Creo que me hace un poco de gracia, eso de que el mundo haya decidido llorar en pleno viernes 13, para acrecentar más el temor de las personas respecto a esta fecha maldita. Quizás es que el mundo también bromea de vez en cuando y esta sea una de sus bromas. Algunos dirán que es de muy mal gusto, yo creo que podría reírme un rato.

Aunque es emocionante, ¿no? La lluvia. Las gotas impactan lentamente, sin ningún tipo de prisa y creemos que ya está, que pronto cesará. Luego las gotas se hacen más rápidas y constantes y, a cada impacto, nuestras ropas pesan más. Corremos y nos estresamos, en vez de pararnos y observar esa maravillosa fuente de vida. Algunos la reconocen cuando están a cubierto, con una manta sobre las piernas y una taza caliente entre las manos; otros, no la reconocen jamás. Pienso que, cuando llueve, pueden suceder muchas más aventuras, porque la lluvia en sí es una enorme.

Quizás la lluvia es el arma que usan esas supersticiones para atacarnos y nosotros no sabemos que nuestros temores están a nuestro lado.

La mala suerte está aquí de nuevo: es viernes 13. O, tal vez, es sólo un día en el que el mundo ha necesitado llorar, porque aguanta demasiado y a demasiados, porque nadie será nunca capaz de sufrir lo que sufre él. El mundo es nuestro gran padre y él nos reconoce como sus hijos. Por eso, la calidez que se esconde tras cada fría gota, esas que hacen milagros, es el amor que nos profesa. Hemos hecho más daño al mundo del que jamás seremos capaz de hacer a nadie y, sin embargo, él nos sigue meciendo y cuidando, con ese amor tan profundo y verdadero que nosotros nunca seremos capaz de profesar.

Aziul.

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Un nuevo paso

He estado un poco ausente el mes de agosto, pero supongo que me ha servido. No he escrito mucho y, tal vez, he sido algo perezosa en cuanto a los deberes que yo misma me hube puesto. Lo que sí he hecho ha sido leer. He leído muchísimo. No conozco vuestros sueños y, aunque los conociese, tal vez se me haría difícil entenderlos. A todo el mundo le cuesta entender a otra persona, por eso siempre comparamos su situación con una parecida nuestra. Así que os voy a contar un poco cómo me he sentido y podéis perfectamente compararlo con vuestras propias experiencias. Tal vez por eso me gusta escribir, porque cada persona puede interpretar mis palabras a su gusto.

Me hubiera gustado escribir más de lo que lo he hecho. Años anteriores no lo hacía simplemente porque encontraba mil escusas para no ponerme a ello. Pero este año me he dado cuenta de que es diferente. He buscado escusas, como en los viejos tiempos, pero no por pereza. He comprendido al fin que tengo miedo. Desde muy pequeña mi sueño ha sido escribir, dedicarme a ello. Supongo que el sueño se convirtió en una realidad que veía posible sin darme cuenta. Aunque no comprendía lo que estaba intentando hacer. Ahora creo que he madurado, que tengo miedo porque sé que escribir es una de las cosas más complejas que pueden llevarse a cabo en este mundo. Es un miedo que me aterroriza pero que igualmente me atrae, tal como lo hacen las rosas, siendo tan hermosas y peligrosas al mismo tiempo. Creo poder vivir con este miedo o, al menos, aprender a tolerarlo. Es difícil de explicar, pero este miedo es diferente. Es dulce, adictivo e incluso valiente. Me gusta la sensación de miedo que siento ante la incertidumbre de la escritura, porque sé que no podría vivir sin ella y, por ende, sin este empalagoso miedo.

Estar sin escribir por varias semanas me ha llevado a acumular mucha energía que se convertirá en palabras, lo cual me alegra. Aunque he de decir que me siento un poco triste por no haber escrito, pero a la vez comprendo mis sentimientos y comprendo que necesitaba tiempo. Tiempo para dar un nuevo paso. Sé que para ser buen escritor hace falta escribir mucho, pero para ser buen escritor también se necesita leer mucho. He leído muchísimo, hasta la extenuación. Y, de alguna manera, tengo nuevas perspectivas que antes no había vislumbrado. Creo saber cómo escribir, aunque nunca nadie sabe cómo se escribe. Simplemente fluye, y quiero que mis palabras fluyan. Ahora que ya estoy un poco más recuperada del miedo, ahora que he aprendido a afrontarlo y a comprenderlo, estoy lista para escribir mucho. Parecerá una tontería, quizás la gente que no ama las palabras no lo comprenda (o quizás sí y yo estoy completamente equivocada), pero la felicidad del miedo, ese dulce miedo que me hace querer llorar, es abismal. La felicidad de reencontrarse con los deseos más profundos del alma, incluso si son vertiginosos, es una de las mejores sensaciones que he experimentado.

Ahora creo que lo único que me falta es comprender que el tiempo necesita tiempo, que yo necesito tiempo y que, definitivamente, los sueños, para llegar a cumplirse, también necesitan su tiempo.

Tal vez es hora de dejar de correr y dejarme llevar por la corriente de las maravillosas palabras que pueda algún día llegar a escribir…

Aziul.

¿Sois felices?

¿Sois felices?

No sé si os hacen esta pregunta mucho, poco o nada. Por eso os la hago yo. Sólo hay una persona que me haya hecho esta pregunta en mi vida, que yo recuerde. Tal vez os habéis sorprendido al leer la pregunta, quizás porque no la oís. Yo también me sorprendí cuando esta persona me lo preguntó por primera vez. Creo que contesté con un sí dudoso, aunque era mentira, no era feliz. Dudo mucho de que hoy lo sea. Evidentemente soy mucho más feliz que entonces, que fue hace unos tres años más o menos, pero el concepto de felicidad es demasiado grande como para tomárselo a la ligera. Así que yo soy feliz en parte. ¿Y vosotros? ¿Sois felices?

¿Cómo explicáis que apenas nadie haga esta pregunta? Fácil. El concepto de felicidad para nosotros es que alguien sonría. Cuando alguien sonríe es feliz, cuando no, es infeliz. Fácil y sencillo, ¿verdad? Salvo porque no lo es tanto. Ah, y dejémonos de esa tontería de “el que más sonríe, más sufre por dentro”, porque es mentira. Puedes sonreír muchísimo o puedes sonreír poquísimo y estar igual de feliz o de triste. Así que pongámosle un punto y final a esa frase típica que leíamos para motivarnos o para sentirnos menos solos cuando teníamos doce años. Yo misma he sonreído miles de veces cuando lo único que deseaba era llegar a mi casa, encerrarme en algún cuarto y llorar hasta que no pudiera más. Y no soy la única, todos y cada uno de nosotros lo hemos hecho. Eso es lo que más me molesta de nuestra naturaleza. Sabemos que podemos sonreír estando rotos y, si podemos nosotros, puede cualquier persona. Sin embargo, nadie se detiene a observar la sonrisa o los ojos de una persona. Os aseguro que si observáramos más, nos daríamos cuenta de algo. O tal vez me equivoco, no lo sé. Pero, ¿tanto cuesta preguntarle a alguien si es feliz?

Esta pregunta es tan importante por una sola razón: porque es poderosa. Da igual a quién se la hagas, harás que se replantee su respuesta y a sí mismo. Y esto no es malo ni mucho menos. Te puede responder que sí o que no, independientemente de cómo se sienta realmente, pero cuando esa persona en cuestión esté a solas, pensará en la pregunta y será entonces cuando comience a comprenderse a sí misma. Pueden suceder dos cosas: que la persona en cuestión se dé cuenta de que es feliz, que es lo mejor que puede pasar; o que la persona en cuestión se dé cuenta de que es infeliz, lo que, en los mejores y la mayoría de los casos, la impulsará a buscar la manera de ser feliz. Y todo este proceso tan sólo por hacer una mísera pregunta de dos letras.

Por favor, haced más esta pregunta porque puede ayudar a muchas personas a ser mejores, a comprenderse e incluso a ser felices. ¿A qué no os preguntáis a vosotros mismos si sois felices cuando estáis solos? Nadie lo hace. Es triste como nosotros mismos no somos capaces de cuidar nuestra propia persona. Haced esta pregunta a las personas y, sobre todo, a vosotros mismos. Ayudad y ayudaos. No creo que exista la completa felicidad, pero creo que existe la felicidad adecuada para cada uno. Encontrad esa felicidad y no escondáis vuestras debilidades. Todos las tenemos, por muy fuertes que nos creamos o nos hagamos ver.

Por última vez: ¿Sois felices?

(A JR.)

Aziul.

Comienzo y final (Relato I; pt.2)

Me desperté una mañana, como cualquier otra, y escuché el canto de los pájaros. Aquellos que se acercaban cada mañana al árbol que había frente a mi ventana. Me encantaba escucharlos piar, por eso a menudo tardaba en salir de la cama. Me quedaba allí, disfrutando de su música. Me sentía pleno y me decía a mí mismo que iba a ser un gran día. No siempre lo era, pero cuando los escuchaba piar, estaba convencido de que lo sería. Al fin y al cabo era un niño.

Apenas comprendía entonces la abismal explicación del inicio y del final, de la vida y de la muerte. Tampoco me interesaban, como a ningún niño le interesa pensar en asuntos que van mucho más allá de la razón. No, aquello llegó mucho más tarde, tal vez en mi adolescencia, donde comencé a planteármelo todo. Bonitos momentos eran aquellos en los que aún tenía permitido vivir en la completa ignorancia. Siempre han dicho que el ignorante es mucho más feliz que el que sabe mucho, y estoy completamente de acuerdo.

Mis padres nunca me explicaron detenidamente qué significaba que alguien viviera y que alguien muriera. Creo que nadie le explica a su hijo eso, simplemente lo interioriza al estar en contacto con el mundo. Mi abuela murió cuando yo tenía seis años. La quería mucho y ella a mí también, pero nunca fui capaz de comprender completamente su muerte. Sí, mi abuela había desaparecido, ya no venía a casa, ni yo iba a visitarla salvo al cementerio, ya no me estrujaba las mejillas hasta dejármelas rojas y ya no veía su sonrisa; pero todo seguía igual. Igual, pero sin ella. Apenas lloré por su muerte porque, como he dicho, no comprendía qué le había sucedido. No fue hasta los once años que lo hice. Cuando tenía esa edad, solía ir de mi casa al colegio y del colegio a mi casa solo. El día que comprendí que mi abuela no volvería jamás, no fue diferente. Para llegar a mi casa tenía que cruzar un descampado que sólo daba miedo si ibas de noche, cosa que no hacía porque mi madre me lo tenía prohibido. Aquel día caminaba tranquilo mientras tarareaba una canción y de repente escuché un ruido fuerte y algo cayó a mi lado. Me sobresalté y miré al suelo: un pájaro. Me acerqué a él, estaba cubierto de sangre. Mi mano se dirigió a él cuando alguien me detuvo. Era un señor mayor, con escopeta, el asesino de aquel pobre pájaro. Está muerto, me dijo. Luego lo dejó allí tirado mientras hacía que me alejara del lugar. Cuando al fin reaccioné, salí corriendo y, cuando estuve lo suficientemente lejos de aquel hombre, rompí a llorar. Comprendí que aquel pájaro, como mi abuela, no volvería a tener un comienzo nunca, porque el final decisivo había llegado a él.

Fue en aquel momento que lloré todo lo que no había llorado por mi abuela a los seis años, y también lloré por aquel pobre pájaro. La vida, me dije, es una oportunidad única que se nos da, y que puede desaparecer en cualquier momento en tan solo un pestañeo.

Aziul.

Vacío

¿Alguna vez habéis tenido la necesidad de desaparecer? No porque algo vaya mal, sino porque la cantidad de cosas que sientes se reúnen en tu interior como un grupo de chiquillos buscando divertirse. Lo único que la diversión aquí es hacer que te plantees todo: tu vida, tu existencia, tus sueños, tus miedos e incluso tu propia persona. ¿Alguna vez os habéis puesto tristes sin ningún motivo aparente? Simplemente te sientas, fijas tu mirada en un punto determinado y de repente sientes como la primera lágrima se escurre por tu mejilla. Y sabes que la primera lágrima es la más peligrosa, porque detrás de ella aparecerán muchas más. Entonces lloras y sientes cómo tu corazón se encoge cada vez más y te preguntas por qué, por qué estás llorando, si eres feliz.

Después de tanto tiempo, sinceramente creo que las personas somos un poco adictas al sufrimiento. Si no sufrimos, nos sentimos incompletos y buscamos una manera de completar esa carencia interna que nos carcome. Antes creía que se podía llorar sin razón y que, tal vez, te podías poner triste en un momento determinado y descargarte a través del llanto. Alguien me dijo que nunca se llora sin razón, y otra persona me dijo que cualquier razón que te hiciese llorar, por estúpida que pareciera, era importante. Ahora creo que nadie llora si es feliz. Puedes llorar de la felicidad, no voy en contra de eso, pero no cuando te sientas, fijas tu mirada en un punto determinado y de repente la primera lágrima se escurre por tu mejilla.

Además, cabe decir que yo soy bastante intensa. Entonces los sentimientos me afectan con una intensidad abrumadora, aunque lo he empezado a controlar. Sin embargo, hay momentos como este, en el que no hay nada que vaya mal, pero me siento vacía. Uno de los miedos más comunes entre las personas es el de quedarse a solas consigo mismas. No soy una excepción, he aprendido a lidiar conmigo misma, pero siempre hay momentos de debilidad. Este es uno de ellos. Y aquí es cuando me percato de los muchos rostros que tenemos las personas. No necesariamente estamos mintiendo a nadie, simplemente mostramos una cara u otra dependiendo del momento y de la persona. Es cuando estás solo cuando las máscaras desaparecen y te ves, indefenso.

Llevo unas semanas sintiéndome extraña, tal vez llevo más pero no me he dado cuenta. Cuando me siento y no hago nada, suelo pensar que me gustaría que todos los sentimientos y todos los pensamientos desaparecieran y se transformaran en otra persona. Es entonces cuando comprendo que nunca podré dejar de ser yo. Antes me atormentaba, ahora ya no. Ahora no me importa ser yo, pero deseo protegerme. Son esos momentos los que me hacen ponerme a escribir. Cada uno tendrá su manera de protegerse, la mía es esta. Invento un personaje y lo desarrollo, hago que mis sentimientos se conviertan en suyos, permito que haga lo que quiera con mis pensamientos, que los haga propios, que los cambie. Puede hacer lo que quiera, pero no ser yo. Esta es mi manera de ser otra persona, mi manera de protegerme cuando los sentimientos me asfixian. Sé que estoy atrapada en mi cuerpo, como todas las personas lo están en el suyo, pero siento que sólo así puedo desaparecer, ser otro, curar las heridas. Todos necesitamos huir alguna vez de nosotros mismos, y cada uno tiene su propia huida. Mi escapatoria es esta. Necesito ser palabras, porque ser persona, en ocasiones, es demasiado duro.

Aziul.

Magia

No sabía muy bien de qué hablar en esta entrada. Es más, llevo varios días dándole vueltas. Me llego a sentir mal conmigo misma porque creo que estoy dejando un poco de lado el blog. Ya mencioné en alguna otra entrada que siempre pienso mucho el tema acerca del que hablar en las publicaciones y, aunque esté bien darle vueltas, también es un error. Entonces, entre todo este caos interno me acordé de las palabras de un amigo: “Incluso cuando no tengas nada que escribir, escribe”. Así que creo que voy a hacer eso.

Mientras entraba a WordPress, comencé a pensar en lo poderosa que era la mente. ¿Alguna vez os habéis parado a pensarlo? Supongo que sí. La mente influye todos los días en nuestro estado de ánimo, nos puede levantar o destruir en un abrir y cerrar de ojos, simplemente con pensamientos que, pueden o no ser verdad, pero el daño que hacen sí que lo es. Seguro que habéis vivido alguna vez una situación en la que debíais hacer muchas cosas, ya sea por trabajo o por estudios o lo que sea, e hicisteis algo que no tenía nada que ver, como ver una serie durante todo el día o simplemente tumbaros en la cama viendo las horas pasar. En estas situaciones, nuestra mente nos excusa, pero a la vez, nos sentimos con la necesidad de defendernos ante nuestra mente. Sabemos que estamos haciendo algo mal y nos excusamos por ello; es como cuando estás en clase hablando con tus compañeros mientras el profesor explica y este te llama la atención, sólo que aquí, el profesor es nuestra propia mente.

La mente también es capaz de crear situaciones, personas, animales, cosas y lugares imaginarios, entre otras muchas cosas. La imaginación es un aspecto que me interesa mucho de nuestra mente. Personalmente, la imaginación lo es todo para mí, es lo que me define, pero nunca pensé que lo que imaginaba lograría ser real. Quiero decir, sé que si escribo una historia basándome en lo que mi mente imagina se convierte en real, pero creo que no he sido consciente de ello hasta ahora. Ya no me refiero sólo a escribir, sino a nuestra propia vida. Si alguien imagina que quiere ser bombero y día a día hace algo para ser bombero, acabará siendo bombero. El poder de la mente es ilimitado. Fui consciente de este poder tan abrumador que tenemos dentro de nosotros mientras leía un libro cuyo tema principal es precisamente este, la mente, el cerebro y el corazón. Este libro es La tienda de magia de James R. Doty, un gran neurocirujano.

Al mencionar este libro, necesariamente he tenido que mencionar también el corazón. Si nos paramos a pensarlo, ¿acaso hay algo que haga la mente que no tenga que ver con el corazón? Sinceramente creo que no. Todo lo que pasa por nuestro cerebro y todo lo que crea la mente lo hace a partir de algo tan poderoso como es el corazón. El corazón es lo más importante que tenemos, es él mismo quien permite que no sólo la mente, sino todo, funcione. El corazón es el dios que nos impera, a cada uno de nosotros. Muchas veces he escuchado que hay que hacer caso también a la lógica a la hora de decidir algo, y no soy nadie para ir en contra de ello, es más, concuerdo. Pero si la lógica va totalmente en contra de los sentimientos, sobre todo si es un asunto que decidirá hacia dónde se mueve nuestro propio ser, creo que hay que elegir lo que sentimos. Yo no sería la persona que soy hoy si hubiera basado mis decisiones en la lógica, sería alguien completamente distinto. Aunque, sí que me gustaría decir que si hay que tomar una decisión en la que la lógica y los sentimientos no estén enfrentados, debemos hacer caso a los sentimientos, pero recurriendo a la lógica como guardaespaldas.

Seguimos soñando con volar, con ser invisibles y con teletransportarnos, y vivimos toda nuestra vida pensando que las hadas, los duendes y los monstruos no existen. Pero existe todo eso y más, porque alguien lo imaginó y lo hizo real. Todo, las personas que vuelan, las que se hacen invisibles, las que se teletransportan, incluso las hadas, los duendes y los monstruos, existe. Existe porque todo está en nuestro mundo, porque todo vive a nuestro alrededor, y la gran fuente de magia responsable de todo esto siempre han sido nuestro cerebro y nuestro corazón. Aunque no todos logran hacer magia porque, para hacer magia, se necesita de los cerebros y de los corazones más soñadores y más valientes.

Aziul.

Introducción (Relato I)

Todo lo que empieza inevitablemente debe acabar. Me pregunto cuál es el principio y cuál el final. Supuestamente el nacimiento es el principio de todo, cuando llegas a un mundo en el que no has pedido existir; y la muerte es el final, cuando por fin el mundo que nunca deseaste te abandona, porque ya no necesita nada de ti. Después de todo, puede que sea cierto, que ese sea el principio y ese sea el final, pero hay personas que piensan que el verdadero principio es la muerte, porque pasas a un mundo mucho mejor, mientras que esta vida terrenal y llena de dificultades es un mero camino para llegar a la felicidad. ¿Sería entonces el nacimiento el final y la muerte el principio? ¿Cuál sería, en ese caso, el final del principio de la muerte? ¿Habría acaso uno? Debería. Todo lo que empieza debe acabar, pero también todo lo que acaba debe empezar.

Siempre me ha resultado muy curiosa la vida, pues vivimos con la certidumbre de que quizás mañana pueda ser nuestro último día. Estamos destinados a vivir sabiendo que moriremos. Es como estar encerrado en una jaula imposible de escapar, pero seguir intentando salir. Y, aun así, nos empeñamos en hacer de nuestra vida algo memorable, intentamos hacer que se grabe en la tierra nuestro nombre para que, cuando ya no estemos, nos recuerden. El recuerdo es curioso, parece que nos da vida, aunque ya no estemos. Tan sólo somos meros contenedores de recuerdos. Nuestra entera existencia no es más que los recuerdos que tenemos dentro, sin ellos no somos mucho mejor que cualquier objeto inerte.

Los seres humanos somos individuos realmente extraños. Constantemente clasificamos la vida como difícil pero, ¿quién hace que sea difícil? ¿Cuál es el verdadero concepto de dificultad? Subjetivo. En eso nos basamos siempre, en nuestros sentimientos personales, en nuestras creencias, somos subjetivos. Creemos entender a alguien, pero sólo entendemos a nuestros semejantes dentro de lo que nuestra subjetividad nos permite. Entendemos la parte nuestra que hay en ellos. Nunca podremos librarnos de nosotros mismos, nunca podremos saber qué es verdad y qué es mentira. ¿Acaso existe la verdad?, ¿y la mentira?

Llevo preguntándome cosas como estas toda mi vida y sigo sin saber cómo explicar la inmensidad de estas preguntas. Hay ocasiones en las que creo tener la respuesta, pero tal vez sólo sea mi respuesta. Al fin y al cabo, lo que pienso con mi mente también es subjetivo. Supongo que nunca habrá nada en lo que toda la humanidad coincida, porque somos demasiado diferentes y parecidos a la vez. Incluso nuestras relaciones personales las llevamos a cabo con personas que se asemejan en algún aspecto a nuestra subjetividad, pero sin ser nunca completamente iguales.

Todo lo que comienza inevitablemente tiene que acabar y, todo lo que acaba inevitablemente tiene que comenzar. Pero, ¿y si no hay sólo un comienzo y un final?, ¿y si hay millones de comienzos y millones de finales? Comenzando únicamente con el principio de despertarme cada mañana, acabando únicamente con el final de irme a la cama por la noche. Estamos llenos de comienzos y finales, a cada segundo.

Tal vez es mejor si narro con más detenimiento.

Aziul.

{010619}

Hace justo una semana desde que cumplí uno de mis mayores sueños. El sábado pasado asistí junto a unas amigas al primer (y espero que no último) concierto de una banda surcoreana que he seguido desde hace ya casi cuatro años, BTS. La experiencia que me llevé de este viaje, porque fuimos a Londres, creo que nunca podré dejar de emocionarme al recordarla. Pasé unos días increíbles visitando esta ciudad con unas personas a las que quiero muchísimo. Pasaron muchas cosas pero, ante todo, nos divertimos y fue muy estimulante salir de nuestra zona de confort. Soy una persona que le cuesta hacerse a los cambios así que, al principio, me costaba creer lo bien que estaba asimilando viajar a otro país sin saber absolutamente nada. Ahora, aunque ya he vuelto a mi día a día, hay una emoción enorme dentro de mí que me hace esperar con ansias la próxima oportunidad para aventurarme a un mundo que no conozco, pero que me encantaría conocer.

Mentiría si no reconociera que los días previos a nuestra partida tenía un miedo abismal, mientras mi mente me hacía pensar en todas las cosas malas que podrían suceder si tan solo una cosa se torciera. Pero, hubo cosas que se torcieron o que no salieron tan bien como esperábamos y, aun así, el viaje no dejó de ser increíble. Soy una persona bastante perfeccionista pero, poco a poco, estoy aprendiendo a disfrutar de los errores, porque cuando las cosas salen mal también conducen a cosas buenas. Este viaje fue increíble y estoy segura de que no lo olvidaré.

En cuanto a BTS, se me hace difícil explicar bien mis sentimientos. Desde que conocí a estos chicos he pasado por momentos duros y tenerlos a mi lado ha sido un gran apoyo. Su música siempre ha logrado calmarme, enseñarme cosas. Su música siempre ha estado a mi lado, en los momentos en los que no cabía más felicidad dentro de mí y en los momentos en los que no podía más. Siempre han sido mi refugio. Parece una tontería, pero si pudiera expresar tan sólo la mitad de todo lo que siento hacia ellos, (la gratitud, el amor, el orgullo, …), lo haría. Sólo puedo decir que me han ayudado mucho a través de las letras de sus canciones, a través de sus cálidos corazones y a través de su gran trabajo, inspirándome cada día a ser una mejor versión de mí misma. Verlos en vivo ha sido un sueño que nunca me permití soñar. Explico esto, siempre he vivido en mi imaginación y siempre he dejado que mi corazón fuera quien decidiera mi rumbo. Mi imaginación siempre crea situaciones imaginarias sin pedir permiso, pero nunca se atrevió a imaginarme en uno de sus conciertos. La posibilidad de asistir a uno de ellos me parecía tan sumamente improbable que no quería torturarme a mí misma con la dulzura de la esperanza. Pero tampoco me importa, porque mi corazón decidió que tenía que ir a ese concierto, que tenía que cumplir al menos este sueño. Al acabar 2018, me prometí que cumpliría uno de mis sueños, no sé si el que tenía en mente entonces se cumplirá este año o el siguiente, pero al menos no me he defraudado a mí misma y he logrado cumplir uno de ellos. Estando frente a ellos, mientras mis ojos seguían sin creerse que lo hubiera conseguido, supe que en el 2019 ya había ganado. Es curioso, ¿no? Como un solo día puede cambiar tu vida para siempre, como puede cambiarte a ti.

Volviendo a lo de la imaginación, me encanta usarla para crear diferentes escenarios y situaciones que, posiblemente, nunca se vayan a dar en la realidad. Mucha gente cuando me conoce elogia mi imaginación, y es uno de los elogios que más me gusta recibir, pues creo que no es ningún secreto que soy una escritora que aspira a convertirse en autora pronto. El caso es que, amo la imaginación, el poder de crear algo totalmente nuevo y propio. Poder crear personas, mundos, lugares, etc. Pero ese viaje me hizo darme cuenta de que la imaginación, por muy increíble que sea, nunca podrá producirme reacciones reales. Por mucho que hubiera imaginado Londres, nunca podría haberme imaginado la emoción y la felicidad que sentí al estar allí de verdad y mucho menos la gratitud que sentí hacia las dos maravillosas personas que me acompañaban. A su vez, por mucho que me hubiera imaginado el concierto en los días anteriores a él, nunca podría haberme imaginado el temblor de mis manos, las mariposas de mi estómago, las lágrimas que surgieron de mis ojos… Hay cosas que son necesarias vivirlas para poder llegar a sentir su completa esencia. Esos días que estuve en Londres, no pude dejar de sentirme como si estuviera soñando, como si todo hubiera sido producto de mi imaginación. Los días posteriores, al volver a casa, seguí sintiéndome igual. Aún creo que fue demasiado bueno para ser real. Pero sabía y sé que fue real, porque las emociones que sentía también eran muy reales, y las que sigo sintiendo a día de hoy también me lo demuestran.

Después del concierto, me sentí devastada por un enorme cúmulo de sentimientos. Días después de él seguí llorando, porque la realidad a veces es tan mala o, en mi caso, tan buena que parece irreal. Llorar es sólo la muestra de que algo es real. Nunca en mi vida he llorado tanto debido a la felicidad que me envolvía, y deseé llevar a cabo cientos de cosas nuevas después de ese día. Cumplir este sueño me ha motivado de una manera increíble y me ha impulsado a querer cumplir muchos más. Sé que sólo podré cumplir más sueños con esfuerzo y trabajo duro, pero estoy totalmente dispuesta a ello. Quiero disfrutar del proceso, que me sorprenda, y cuando llegue el momento de volver a cumplir un sueño, quiero poder llorar tanto como ahora de la alegría.

Nunca me he arrepentido de las decisiones que ha ido tomando mi corazón. Me alegro de que haya elegido mi vocación y que esta me haya llevado a las personas tan maravillosas que actualmente me rodean, me alegro de que decidiera arriesgarse en tantas ocasiones y me alegro de que haya elegido a BTS para que fueran y sigan siendo las personas que más me inspiran día a día. Nunca podré dejar de estar agradecida con ellos, porque parte de quién soy ahora, es debido al apoyo que me han transmitido durante años enteros a través de sus canciones. Y de verdad que aún no puedo creerme lo feliz que soy ahora mismo.

Por último, me gustaría haceros algunas preguntas para que reflexionéis sobre ellas, ni siquiera hace falta que os deis una respuesta ahora, pero buscadla. BTS hizo que me preguntara estas cosas, que me planteara la vida de otra manera. ¿Quiénes sois? ¿Qué queréis conseguir? ¿Es mejor no arriesgarse e ir por la vía cómoda y segura o es mejor arriesgarse y conseguir cumplir vuestro más anhelado sueño? ¿Cuál es vuestro nombre? No aquel que os dan al nacer ni el que os da la gente de vuestro alrededor, sino el que os dais vosotros mismos. ¿Cuál es vuestra verdadera cara, aquella que no os atrevéis a mostrarle a nadie? ¿Sois felices? ¿Queréis a alguien? ¿Os queréis a vosotros mismos? ¿Qué es lo que os hace emocionaros? ¿Qué es lo que os motiva? ¿Qué os da miedo? ¿Cuáles son vuestros pensamientos? ¿Y vuestros sentimientos? Hablad con vosotros mismos, comprendeos, conoceros. ¿Quiénes sois?

Aziul.

Ideal

Hay días en los que me despierto y no soporto mirarme en el espejo. Creo que no hay un solo día en el que no tenga miedo de hacerlo. El miedo a mirarse en un espejo, a contemplarse tal y como es uno mismo, es uno de los miedos más comunes que existen, si no el más común de todos. Aunque muchas veces ni siquiera logremos vernos de verdad.

Llevo un par de semanas pensando en esto, porque llevo un par de semanas en las que no me siento bien cuando me miro en el espejo. Creía que había superado la época del miedo a ver mi propio reflejo. Pero, ¿acaso alguna vez se supera? He pensado mucho en esto durante estos días y he tenido la arrebatadora necesidad de hablar de ello, porque sé que no soy la única persona que se siente así. Dejo claro que hablaré de mi experiencia personal como mujer en esta sociedad, aunque sé muy bien que los hombres también están muy condicionados. No quiero que me malinterpretéis, pero creo que nadie con dos dedos de frente vaya a discutir el hecho de que la mujer está condicionada, casi arrinconada, por la sociedad mucho más que el hombre, y no sólo por el tema de su cuerpo. Aunque no voy a meterme en más temas que ese.

Para empezar, tengo que hacer referencia a varias sentencias que son tan bonitas como falsas. La primera de ellas es la típica “No, yo adelgazo por mí, no por lo que piense la sociedad.”. Esta creo que no sólo la hemos escuchado, sino que la hemos defendido y pronunciado todos. Yo misma lo he hecho, convencida de que, cuando al fin conseguí adelgazar, lo hacía por mí y no por cómo me veía la sociedad. Mentira. Y siento tener que decirlo así, pero es una de las mentiras más grandes que hemos dicho en nuestra vida; y lo peor de todo es que mentimos para tranquilizarnos a nosotros mismos, para engañarnos y hacernos creer que a nosotros la sociedad no nos condiciona. Claro que lo hace, todos los días. Otra de las sentencias que creo que hemos oído todos es “Si está gorda, no me interesa.” o derivados, como si una persona con más peso fuera sinónimo de fealdad. Esta es una oración que me pone de bastante mal humor, sinceramente creo que el cuerpo de una persona no es suficiente para poder juzgarla. Sin mencionar que he visto a cantidad de personas con un cuerpo que se sale de los estándares impuestos por la sociedad, y os aseguro que eran más bonitas que muchas de las imágenes que nos intentan vender día a día. La última sentencia que voy a comentar es la de “No debemos compararnos con nadie, porque nadie es igual.”. Bien, ¿cómo es posible que no nos comparemos con personas con un “cuerpo perfecto” si nos la imponen en la televisión, en los anuncios, en los libros, en la pintura, en la industria musical, en la de la actuación, etc. día a día? No, no somos iguales, pero cómo nos hacen desear serlo cuando nos comparamos con esa persona tan perfecta que tanto admiramos.

¿Cuál es la finalidad? Quiero decir, ¿qué es lo que quiere la sociedad? ¿Un ejército de gente casi anoréxica? ¿Eso es una sociedad ideal? No sé qué pensar o qué decir si eso es lo ideal. Las personas, con sus kilos de más y sus kilos de menos, son reales. Eso es lo que nos hace completamente reales, que nunca seremos perfectos. Nos conformamos con la frase, “Nadie es perfecto.”, pero claro, eso sólo si nos referimos a la personalidad. Si entra el físico, es inaceptable. Físicamente todos tenemos que ser perfectos, pero ojo, una imagen de perfección que la sociedad nos ha impuesto desde que somos pequeños. Y creo que eso es lo más triste de todo, que aceptamos esa imagen como si fuera la natural, y despreciamos a las personas que no se adaptan a ellas. No, ninguno de nosotros ha adelgazado (por voluntad propia y sin que un médico lo recomendara) por nosotros mismos. Hemos adelgazado para sentirnos aceptados en una sociedad de cuerpos y caras perfectas, porque pensamos que sólo así que podemos ser queridos por alguien. Qué tristeza más grande pensar que seguirán pasando generaciones y esto sólo irá a peor. Yo comencé a sentirme acomplejada a los catorce años, pero actualmente veo a personas de incluso diez u once preocupadas por su aspecto físico, porque si no son delgados, nadie los va a aceptar. ¿Os dais cuenta? Acomplejados tantos años sólo por agradar a personas que no van a ser importantes en nuestra vida porque, y pongo las dos manos en el fuego, las personas que te quieren por tu corazón, no deciden si quedarse o no por tu cuerpo.

Quiero aclarar que no tengo ningún problema con las personas de complexión delgada, como no tengo ninguno con las de complexión más ancha. Este texto no es un ataque contra nadie, sino más bien una queja por lo que hace la sociedad con nuestra mente. Hace siglos, el ideal era estar más relleno, y seguro que la gente delgada se sentía muy acomplejada con ello. Ahora este es el ideal, y siguen habiendo personas acomplejadas.

Soy la primera que prefiere que me halaguen por mi mente que por mi cuerpo, me parece algo mucho más auténtico. Sin embargo, también soy la primera que desea encajar en los moldes que la sociedad ha impuesto. En este punto puede que me creáis una hipócrita, pero, ¿cómo va a ser de otra forma si desde que comenzamos a crecer y a desarrollarnos nos imponen esa imagen perfecta que no nos deja dormir por las noches? Todos tenemos tan interiorizado este ideal que la sociedad ya no necesita ser ella la que nos imponga sus principios, porque son impuestos por nuestra propia mente todos los días, haciéndonos sentir como si no mereciéramos amor y cariño.

Siento mucha ansiedad al pensar que tendremos que vivir toda nuestra vida condicionados por lo que la sociedad impone y por la impresión que causemos en el resto de personas. Somos un puñado de gente oprimida y acomplejada entre gente oprimida y acomplejada, que apenas se ayuda entre sí, que apenas habla, que apenas llora…

Aziul.

Espejo

He estado intentando varios días escribir algo para el Librito Aziul sin poder. No sé por qué, aunque creo que soy bastante exigente conmigo misma y no acepto que, a lo mejor, lo más sencillo puede ser también lo más llamativo. He de decir que tengo bastantes preocupaciones actualmente, y el blog me atosiga un poco cuando tengo un montón de cosas que hacer, pero me he dado cuenta de que me encanta este blog. Todos los días me acuerdo de él, incluso si no quiero subir ninguna entrada. Simplemente me acuerdo de él y, aunque a veces me estresa la obligación de tener que escribir algo, he comprendido que no es una obligación. Escribo este blog porque me gusta. La sensación de estrés que experimento al tener que escribir algo y no tener tiempo se debe a mi tristeza por querer dedicar tiempo a cosas que me importan, como es el caso del blog, y no poder, porque otras obligaciones, siendo estas verdaderas obligaciones, exigen mi completa atención. Pero precisamente por ello me gusta tener el Librito Aziul a mi alcance, porque durante un momento, me permite desconectar de la realidad que me rodea y recargarme con mucha más energía.

Dicho esto, he de decir que tengo varios temas que me gustaría comentar, aunque no tengo ni idea cómo acabaré desarrollándolos, así que me dejaré llevar. A veces veo como un espejo mi presente y mi pasado. Me explico, hoy, por ejemplo, estaba caminando por una calle de mi ciudad, he levantado la mirada y me he visto a mí hace unos meses, en esa misma calle. Es algo extraño porque en realidad no te ves, pero de repente asalta tu mente un recuerdo de haber estado allí antes y, evidentemente has estado allí antes, pero es un recuerdo concreto. De todos los recuerdos que pueden asaltar tu mente, es precisamente ese y te preguntas por qué. Yo he visto a mi yo de hace meses que estaba en aquel mismo lugar con un paraguas morado, que sigo teniendo, bajo la lluvia y realmente preocupada. Mientras que hoy he pasado por ese mismo lugar sin detenerme, siendo feliz. Pero no me refiero sólo a esta sensación que he experimentado hoy, pues muchas veces me ha pasado estar en un lugar o estar haciendo algo y recordar que ya ha pasado, pero de una forma totalmente distinta. La misma persona triste que estaba bajo la lluvia con ese paraguas morado ya no existe, porque soy una persona diferente desde entonces, aunque también sigo siendo la misma. ¿Habéis visto el “me explico” del inicio de este párrafo? Si habéis leído alguna de mis entradas antiguas, posiblemente hayáis notado que la he utilizado más veces. Es una muletilla que empleaba muy a menudo anteriormente, ahora ya no tanto, aunque puede salvarme de inicios complicados. Lo que quiero decir con esto es que, ver quién era yo hace unos meses y ver quién soy ahora me hace reflexionar mucho. Por ahora considero que estoy mejorando, y creo que es lo mejor que puede pasarle a cualquier persona: verse a sí mismo hace unos meses y verse a día de hoy, y considerar que ha mejorado y que su vida va a mejor. Yo, a pesar de que estoy estresada, me deprimo frecuentemente y tengo miedo muchas veces, soy feliz. Lo soy porque tengo una fortaleza que antes no tenía, que es que yo misma puedo levantarme y que, a pesar de todo, continúo caminando hacia delante.

Lo sé, sigo hablando del tiempo, quizás es que abril es el mes del tiempo en el Librito Aziul. Quería compartir esto porque creo sinceramente que a todos nos pasa vernos a nosotros en el pasado como si realmente estuviéramos aquí, con nuestro yo del presente. Sé que he dicho que tenía varios temas para comentar y sólo he comentado uno, ya iré comentándolos en otras entradas, porque creo que necesito empaparme más de ellos antes de desarrollarlos. En fin, ya sabéis que muchas veces comienzo a divagar sobre cosas que a lo mejor no tienen tanta importancia. Me justifico diciendo que para mí la tienen, todo lo que llego a escribir o a pensar, por muy básico o raro que sea me importa. Por eso muchas veces no sé qué escribir o tardo mucho en publicar algo respecto a la entrada anterior, porque prefiero hablar de algo que realmente valga la pena que hablar de cosas triviales que no tienen ningún tipo de significado para mí. Si escribo sin sentir o pensar lo que escribo, ¿qué lógica tiene? Creo que en cuanto a lo que se escribe hay que ser honesto, y yo no traiciono las palabras.

Aziul.