Precipicio

Hoy he estado tratando un tema que me pone bastante triste. Hablé de él en mi última publicación, no directamente, pero sí que se leía entre líneas. Siento si soy una cansina, pero es algo que no puedo o, más bien, no quiero ignorar. Creo que nadie debería ignorar este tema.

Hay muchas personas en el mundo y todas somos diferentes. Si os soy sincera, me maravilla encontrarme con ese tipo de personas que saben quiénes son y que conocen sus límites; ese tipo de personas que saben y aceptan que sólo tienen autoridad sobre sí mismas. También son estas personas las que se esfuerzan en no juzgar e intentan que todo el mundo, sea como sea, se sienta a gusto. Ojalá fuéramos todos así, pero sería demasiado bonito. Me maravilla, he dicho, porque, aunque existen, no es tan fácil como parece encontrarlas. En cambio, te encuentras con aquellas que tienen que juzgar e incluso insultar a otro grupo, ya sea por su color de piel, su inclinación sexual, su género, sus preferencias… Vamos, por cualquier mínima cosa. No me voy a meter en cuestiones de xenofobia, homofobia, racismo o cualquier otro tipo de fobia que más que fobia es un problema interno que tienen los susodichos. No vengo a hablar de problemas que debían haberse solucionado o, al menos, empequeñecido desde hace mucho tiempo. Vengo a hablar de otro problema, no sé si el más grande de ellos, pero sí el que afecta a las personas maravillosas y a las que tienen problemas internos por igual; es decir, a todos.

Hemos destruido y doblegado a cualquier ser vivo que pudiera ser una amenaza para nosotros, (incluso a los que no lo son); y no contentos con esto, nos hemos ido aplastando los unos a los otros desde que la conciencia humana existe, es decir, la historia y, por tanto, la escritura. ¿Os dais cuenta? No es sólo que no sepamos respetar a otras especies, es que no sabemos respetarnos ni siquiera a nosotros mismos. Pero ojo, luego nos tiramos flores, porque nosotros somos capaces de pensar. Una cosa sí que dejo clara: pensar y tener conciencia no es lo mismo. Todo el mundo pude pensar, pero sólo los más valientes logran tener conciencia de algo.

Una vez que nos hemos cansado de pisotearnos los unos a los otros, hemos decidido que, como somos la especie superior, nadie puede estar por encima de nosotros, ni siquiera el planeta. Si estuvierais ahora mismo a mi lado, me habríais visto reír. Pensarlo con lógica: el planeta nos permite vivir, pero nosotros estamos matando lo que nos da la vida. ¿Sabéis lo que es peor? Sinceramente, creo que estamos tan convencidos de que somos los más fuertes, los intocables, los invencibles… que creemos que nada podrá con nosotros. Otra vez me río. Por Dios, abrid los ojos, por favor. El planeta se está muriendo y, con él, todos y cada uno de nosotros. Estamos destruyendo lo único que deberíamos defender con uñas y dientes.

Hay mucha concienciación respecto a quererse y respetarse a uno mismo y a nuestros semejantes. Lo veo magnífico pero, ¿qué hay del respeto hacia nuestro verdadero hogar?

Necesito hacer una pregunta a todas las personas que estén leyendo este texto: ¿Os gusta viajar? ¿Os parece maravilloso el mundo? A mí también, muchísimo. Pero nada tendrá sentido, ni los años que hemos estudiado, ni los años que hemos trabajado, ni los sueños que hemos cumplido o los que tenemos… nada. Nada tendrá sentido si matamos nuestra fuente de vida. Os digo la verdad y espero que ya seáis conscientes de ella: Nos vamos a morir. Desde que nacemos, sabemos que vamos a morir. Siempre va a ser así, pero al menos, dedicad un poco de vuestra vida para salvar a todos los que nacerán en el futuro, para salvaros a vosotros y a los que queréis, para salvar el planeta.

Parece que estuviéramos corriendo hacia el precipicio con ganas de rompernos la cabeza.

Aziul.

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