Magia

No sabía muy bien de qué hablar en esta entrada. Es más, llevo varios días dándole vueltas. Me llego a sentir mal conmigo misma porque creo que estoy dejando un poco de lado el blog. Ya mencioné en alguna otra entrada que siempre pienso mucho el tema acerca del que hablar en las publicaciones y, aunque esté bien darle vueltas, también es un error. Entonces, entre todo este caos interno me acordé de las palabras de un amigo: “Incluso cuando no tengas nada que escribir, escribe”. Así que creo que voy a hacer eso.

Mientras entraba a WordPress, comencé a pensar en lo poderosa que era la mente. ¿Alguna vez os habéis parado a pensarlo? Supongo que sí. La mente influye todos los días en nuestro estado de ánimo, nos puede levantar o destruir en un abrir y cerrar de ojos, simplemente con pensamientos que, pueden o no ser verdad, pero el daño que hacen sí que lo es. Seguro que habéis vivido alguna vez una situación en la que debíais hacer muchas cosas, ya sea por trabajo o por estudios o lo que sea, e hicisteis algo que no tenía nada que ver, como ver una serie durante todo el día o simplemente tumbaros en la cama viendo las horas pasar. En estas situaciones, nuestra mente nos excusa, pero a la vez, nos sentimos con la necesidad de defendernos ante nuestra mente. Sabemos que estamos haciendo algo mal y nos excusamos por ello; es como cuando estás en clase hablando con tus compañeros mientras el profesor explica y este te llama la atención, sólo que aquí, el profesor es nuestra propia mente.

La mente también es capaz de crear situaciones, personas, animales, cosas y lugares imaginarios, entre otras muchas cosas. La imaginación es un aspecto que me interesa mucho de nuestra mente. Personalmente, la imaginación lo es todo para mí, es lo que me define, pero nunca pensé que lo que imaginaba lograría ser real. Quiero decir, sé que si escribo una historia basándome en lo que mi mente imagina se convierte en real, pero creo que no he sido consciente de ello hasta ahora. Ya no me refiero sólo a escribir, sino a nuestra propia vida. Si alguien imagina que quiere ser bombero y día a día hace algo para ser bombero, acabará siendo bombero. El poder de la mente es ilimitado. Fui consciente de este poder tan abrumador que tenemos dentro de nosotros mientras leía un libro cuyo tema principal es precisamente este, la mente, el cerebro y el corazón. Este libro es La tienda de magia de James R. Doty, un gran neurocirujano.

Al mencionar este libro, necesariamente he tenido que mencionar también el corazón. Si nos paramos a pensarlo, ¿acaso hay algo que haga la mente que no tenga que ver con el corazón? Sinceramente creo que no. Todo lo que pasa por nuestro cerebro y todo lo que crea la mente lo hace a partir de algo tan poderoso como es el corazón. El corazón es lo más importante que tenemos, es él mismo quien permite que no sólo la mente, sino todo, funcione. El corazón es el dios que nos impera, a cada uno de nosotros. Muchas veces he escuchado que hay que hacer caso también a la lógica a la hora de decidir algo, y no soy nadie para ir en contra de ello, es más, concuerdo. Pero si la lógica va totalmente en contra de los sentimientos, sobre todo si es un asunto que decidirá hacia dónde se mueve nuestro propio ser, creo que hay que elegir lo que sentimos. Yo no sería la persona que soy hoy si hubiera basado mis decisiones en la lógica, sería alguien completamente distinto. Aunque, sí que me gustaría decir que si hay que tomar una decisión en la que la lógica y los sentimientos no estén enfrentados, debemos hacer caso a los sentimientos, pero recurriendo a la lógica como guardaespaldas.

Seguimos soñando con volar, con ser invisibles y con teletransportarnos, y vivimos toda nuestra vida pensando que las hadas, los duendes y los monstruos no existen. Pero existe todo eso y más, porque alguien lo imaginó y lo hizo real. Todo, las personas que vuelan, las que se hacen invisibles, las que se teletransportan, incluso las hadas, los duendes y los monstruos, existe. Existe porque todo está en nuestro mundo, porque todo vive a nuestro alrededor, y la gran fuente de magia responsable de todo esto siempre han sido nuestro cerebro y nuestro corazón. Aunque no todos logran hacer magia porque, para hacer magia, se necesita de los cerebros y de los corazones más soñadores y más valientes.

Aziul.

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Introducción (Relato I)

Todo lo que empieza inevitablemente debe acabar. Me pregunto cuál es el principio y cuál el final. Supuestamente el nacimiento es el principio de todo, cuando llegas a un mundo en el que no has pedido existir; y la muerte es el final, cuando por fin el mundo que nunca deseaste te abandona, porque ya no necesita nada de ti. Después de todo, puede que sea cierto, que ese sea el principio y ese sea el final, pero hay personas que piensan que el verdadero principio es la muerte, porque pasas a un mundo mucho mejor, mientras que esta vida terrenal y llena de dificultades es un mero camino para llegar a la felicidad. ¿Sería entonces el nacimiento el final y la muerte el principio? ¿Cuál sería, en ese caso, el final del principio de la muerte? ¿Habría acaso uno? Debería. Todo lo que empieza debe acabar, pero también todo lo que acaba debe empezar.

Siempre me ha resultado muy curiosa la vida, pues vivimos con la certidumbre de que quizás mañana pueda ser nuestro último día. Estamos destinados a vivir sabiendo que moriremos. Es como estar encerrado en una jaula imposible de escapar, pero seguir intentando salir. Y, aun así, nos empeñamos en hacer de nuestra vida algo memorable, intentamos hacer que se grabe en la tierra nuestro nombre para que, cuando ya no estemos, nos recuerden. El recuerdo es curioso, parece que nos da vida, aunque ya no estemos. Tan sólo somos meros contenedores de recuerdos. Nuestra entera existencia no es más que los recuerdos que tenemos dentro, sin ellos no somos mucho mejor que cualquier objeto inerte.

Los seres humanos somos individuos realmente extraños. Constantemente clasificamos la vida como difícil pero, ¿quién hace que sea difícil? ¿Cuál es el verdadero concepto de dificultad? Subjetivo. En eso nos basamos siempre, en nuestros sentimientos personales, en nuestras creencias, somos subjetivos. Creemos entender a alguien, pero sólo entendemos a nuestros semejantes dentro de lo que nuestra subjetividad nos permite. Entendemos la parte nuestra que hay en ellos. Nunca podremos librarnos de nosotros mismos, nunca podremos saber qué es verdad y qué es mentira. ¿Acaso existe la verdad?, ¿y la mentira?

Llevo preguntándome cosas como estas toda mi vida y sigo sin saber cómo explicar la inmensidad de estas preguntas. Hay ocasiones en las que creo tener la respuesta, pero tal vez sólo sea mi respuesta. Al fin y al cabo, lo que pienso con mi mente también es subjetivo. Supongo que nunca habrá nada en lo que toda la humanidad coincida, porque somos demasiado diferentes y parecidos a la vez. Incluso nuestras relaciones personales las llevamos a cabo con personas que se asemejan en algún aspecto a nuestra subjetividad, pero sin ser nunca completamente iguales.

Todo lo que comienza inevitablemente tiene que acabar y, todo lo que acaba inevitablemente tiene que comenzar. Pero, ¿y si no hay sólo un comienzo y un final?, ¿y si hay millones de comienzos y millones de finales? Comenzando únicamente con el principio de despertarme cada mañana, acabando únicamente con el final de irme a la cama por la noche. Estamos llenos de comienzos y finales, a cada segundo.

Tal vez es mejor si narro con más detenimiento.

Aziul.

El pájaro rompe el cascarón, H.H.

Durante los pasados días he estado releyendo un libro que es importante por mí por dos razones. La primera razón es porque este libro me impulsó a leer libros más filosóficos y ambiguos, e incluso a autores que no me hubiera atrevido a leer antes de él; y la segunda razón es porque fue el primer libro de Hermann Hesse que leí. No he hablado aún de este escritor, pero creo que ya es hora de hacerlo, porque a día de hoy es el autor que más me ha inspirado y que más repercusión ha tenido sobre mí. Podría decir que Hermann Hesse es uno de los escritores de mi vida. Este libro es Demian, con el subtítulo, Historia de la juventud de Emil Sinclair. Me hace gracia pensar que hace dos años, cuando leí por primera vez este libro, pensé haberlo entendido. Nada más lejos de la realidad. Había aprendido y disfrutado mucho, pero no lo había comprendido. Ahora, en esta segunda lectura, por fin he entendido el mensaje de esta obra y no os podéis imaginar lo emocionada que me siento.

No quiero hacer una reseña como tal, porque creo que es una obra que merece la pena leerla uno mismo, por no mencionar que también merece mucho la pena leer a Hermann Hesse. Intentaré hacer pocas menciones de situaciones que se dan en el libro, porque el mensaje es mucho más profundo cuando se entiende por uno mismo.

Emil Sinclair es un niño cuando empieza la obra, un niño que siempre ha estado rodeado de luz, de amor y de la protección de Dios. Pero un día, al salir de clase, se va con unos compañeros, y ellos comparten las fechorías que han realizado. Está de más decir que Sinclair nunca había llevado a cabo ninguna fechoría, pero se inventa una mentira para impresionar a sus compañeros. Esa mentira sigue siendo lo que es, una mentira, pero lo llevará a ser coaccionado por uno de esos compañeros, lo que turbará su conciencia mucho tiempo. Esa es la primera toma de contacto de Sinclair con el mundo oscuro. Más adelante conoce a Demian, un chico misterioso que parece saber muchas cosas sobre este mundo oscuro y, aunque Sinclair intenta alejarse de este chico, la atracción que este ejerce sobre él será mayor, porque la atracción de la maldad es dolorosa, pero adictiva. Hasta ahí lo que contaré sobre la novela en cuanto a argumento.

Quiero pasar ahora a los temas que me han llamado la atención. El primero de todos, el que ya os he expuesto en el argumento, es el contraste entre el bien y el mal. Hesse, por medio de Sinclair, hace una reflexión asombrosa: ¿acaso no vemos sólo la mitad del mundo? Nos fijamos en la parte luminosa del mundo, aquella llena de bondad y tranquilidad, pero no es el mundo real. Para que sea el mundo real, hay que tener en cuenta la otra mitad del mundo, la parte oscura, aquella llena de maldades y vicios. ¿Acaso no somos nosotros mismos la principal fuente de bondad y de maldad en el mundo? ¿Por qué censuramos la parte mala, como si hablar de ella o tenerla en cuenta fuera pecado? Esta pregunta nos lleva al próximo tema: la religión. He de aclarar que Hesse nunca criticó la religión, más bien reflexionó sobre ella, intentó entenderla, intentó encontrar la propia. Hesse tenía mucho respeto hacia la religión, él mismo decía que ninguna religión era mejor que otra, sino que eran diferentes y plenas en sí mismas. Bien, cuando hablamos de Dios, sólo le atribuimos las cosas buenas, es decir, la mitad luminosa del mundo. Pero entonces, ¿no estaría la religión también incompleta, porque censura y castiga la maldad? Aquí es donde tengo que introducir a Abraxas, un dios egipcio, pero que en esta obra tiene la característica de concentrar en su entidad tanto lo divino como lo infernal, es decir, tanto el bien como el mal. La figura de Abraxas es muy importante en esta novela, porque en ella se recogen ambos mundos, es decir, el mundo en su totalidad. Además, este dios concentra en sí mismo tanto la imagen del hombre como de la mujer, dándoles la suprema igualdad. La frase con la que constantemente se hace referencia a Abraxas en el libro es la siguiente: “El pájaro rompe el cascarón. El cascarón es el mundo. Quien quiera nacer, tiene que destruir un mundo. El pájaro vuela hacia Dios. El dios se llama Abraxas.”. Podemos explicar esta frase diciendo que si queremos que algo nuevo nazca, primero hay que destruir lo antiguo. A veces mediante la destrucción, (lo malo), se llega a lo nuevo y lo anhelado, (lo bueno).

Hermann Hesse habla constantemente del crecimiento personal en su obra literaria, y en Demian esto se ve claramente. Sinclair, desde su primer contacto con la maldad del mundo, comienza a desarrollarse, es decir, pasa de ser la persona que le imponen ser a ser la persona que él quiere ser, aunque muchas veces falla. Es más, durante la novela, se repite constantemente que la única manera de llegar a Abraxas es no renunciando a la propia persona: Hay que encontrarse a uno mismo para poder alcanzar a Abraxas. Tal vez incluso nosotros seamos Abraxas porque, a veces tenemos que destruir la imagen que los demás nos imponen, para aceptar la imagen que nosotros mismos nos damos. Estas personas, las que buscan su propio yo, las que quieren llegar a Abraxas, están marcados, tienen un estigma.

Durante la novela se nos muestra toda la evolución de Sinclair a lo largo de su juventud para poder llegar a sí mismo, para poder entenderse y conocerse. Esta evolución está magníficamente contada, y sólo se consigue mediante una serie de personajes que conoce nuestro protagonista a lo largo de este periodo de su vida. No voy a hablar de estos personajes, porque es imposible para mí explicarlos dignamente. Me es imposible hablar incluso de Sinclair y de Demian, pero a ellos, por razones obvias, me veo obligada a hacerles referencia. Son personajes muy bien construidos y creo que sólo se los puede comprender a través de la lectura minuciosa de esta obra.

Necesitaba mencionar esta obra y dedicarle una entrada entera, pero insuficiente, debido a que Demian es el claro reflejo de nosotros mismos. Todos nosotros somos Sinclair. Nos encontramos en un mundo, perdidos, intentando encontrarnos, conocernos. De eso se trata la vida, de ir poco a poco almacenando experiencias, memorias y reflexiones, con el fin algún día de llegar a nuestra propia persona, de llegar a Abraxas.

El cascarón está rompiéndose.

Aziul.

{010619}

Hace justo una semana desde que cumplí uno de mis mayores sueños. El sábado pasado asistí junto a unas amigas al primer (y espero que no último) concierto de una banda surcoreana que he seguido desde hace ya casi cuatro años, BTS. La experiencia que me llevé de este viaje, porque fuimos a Londres, creo que nunca podré dejar de emocionarme al recordarla. Pasé unos días increíbles visitando esta ciudad con unas personas a las que quiero muchísimo. Pasaron muchas cosas pero, ante todo, nos divertimos y fue muy estimulante salir de nuestra zona de confort. Soy una persona que le cuesta hacerse a los cambios así que, al principio, me costaba creer lo bien que estaba asimilando viajar a otro país sin saber absolutamente nada. Ahora, aunque ya he vuelto a mi día a día, hay una emoción enorme dentro de mí que me hace esperar con ansias la próxima oportunidad para aventurarme a un mundo que no conozco, pero que me encantaría conocer.

Mentiría si no reconociera que los días previos a nuestra partida tenía un miedo abismal, mientras mi mente me hacía pensar en todas las cosas malas que podrían suceder si tan solo una cosa se torciera. Pero, hubo cosas que se torcieron o que no salieron tan bien como esperábamos y, aun así, el viaje no dejó de ser increíble. Soy una persona bastante perfeccionista pero, poco a poco, estoy aprendiendo a disfrutar de los errores, porque cuando las cosas salen mal también conducen a cosas buenas. Este viaje fue increíble y estoy segura de que no lo olvidaré.

En cuanto a BTS, se me hace difícil explicar bien mis sentimientos. Desde que conocí a estos chicos he pasado por momentos duros y tenerlos a mi lado ha sido un gran apoyo. Su música siempre ha logrado calmarme, enseñarme cosas. Su música siempre ha estado a mi lado, en los momentos en los que no cabía más felicidad dentro de mí y en los momentos en los que no podía más. Siempre han sido mi refugio. Parece una tontería, pero si pudiera expresar tan sólo la mitad de todo lo que siento hacia ellos, (la gratitud, el amor, el orgullo, …), lo haría. Sólo puedo decir que me han ayudado mucho a través de las letras de sus canciones, a través de sus cálidos corazones y a través de su gran trabajo, inspirándome cada día a ser una mejor versión de mí misma. Verlos en vivo ha sido un sueño que nunca me permití soñar. Explico esto, siempre he vivido en mi imaginación y siempre he dejado que mi corazón fuera quien decidiera mi rumbo. Mi imaginación siempre crea situaciones imaginarias sin pedir permiso, pero nunca se atrevió a imaginarme en uno de sus conciertos. La posibilidad de asistir a uno de ellos me parecía tan sumamente improbable que no quería torturarme a mí misma con la dulzura de la esperanza. Pero tampoco me importa, porque mi corazón decidió que tenía que ir a ese concierto, que tenía que cumplir al menos este sueño. Al acabar 2018, me prometí que cumpliría uno de mis sueños, no sé si el que tenía en mente entonces se cumplirá este año o el siguiente, pero al menos no me he defraudado a mí misma y he logrado cumplir uno de ellos. Estando frente a ellos, mientras mis ojos seguían sin creerse que lo hubiera conseguido, supe que en el 2019 ya había ganado. Es curioso, ¿no? Como un solo día puede cambiar tu vida para siempre, como puede cambiarte a ti.

Volviendo a lo de la imaginación, me encanta usarla para crear diferentes escenarios y situaciones que, posiblemente, nunca se vayan a dar en la realidad. Mucha gente cuando me conoce elogia mi imaginación, y es uno de los elogios que más me gusta recibir, pues creo que no es ningún secreto que soy una escritora que aspira a convertirse en autora pronto. El caso es que, amo la imaginación, el poder de crear algo totalmente nuevo y propio. Poder crear personas, mundos, lugares, etc. Pero ese viaje me hizo darme cuenta de que la imaginación, por muy increíble que sea, nunca podrá producirme reacciones reales. Por mucho que hubiera imaginado Londres, nunca podría haberme imaginado la emoción y la felicidad que sentí al estar allí de verdad y mucho menos la gratitud que sentí hacia las dos maravillosas personas que me acompañaban. A su vez, por mucho que me hubiera imaginado el concierto en los días anteriores a él, nunca podría haberme imaginado el temblor de mis manos, las mariposas de mi estómago, las lágrimas que surgieron de mis ojos… Hay cosas que son necesarias vivirlas para poder llegar a sentir su completa esencia. Esos días que estuve en Londres, no pude dejar de sentirme como si estuviera soñando, como si todo hubiera sido producto de mi imaginación. Los días posteriores, al volver a casa, seguí sintiéndome igual. Aún creo que fue demasiado bueno para ser real. Pero sabía y sé que fue real, porque las emociones que sentía también eran muy reales, y las que sigo sintiendo a día de hoy también me lo demuestran.

Después del concierto, me sentí devastada por un enorme cúmulo de sentimientos. Días después de él seguí llorando, porque la realidad a veces es tan mala o, en mi caso, tan buena que parece irreal. Llorar es sólo la muestra de que algo es real. Nunca en mi vida he llorado tanto debido a la felicidad que me envolvía, y deseé llevar a cabo cientos de cosas nuevas después de ese día. Cumplir este sueño me ha motivado de una manera increíble y me ha impulsado a querer cumplir muchos más. Sé que sólo podré cumplir más sueños con esfuerzo y trabajo duro, pero estoy totalmente dispuesta a ello. Quiero disfrutar del proceso, que me sorprenda, y cuando llegue el momento de volver a cumplir un sueño, quiero poder llorar tanto como ahora de la alegría.

Nunca me he arrepentido de las decisiones que ha ido tomando mi corazón. Me alegro de que haya elegido mi vocación y que esta me haya llevado a las personas tan maravillosas que actualmente me rodean, me alegro de que decidiera arriesgarse en tantas ocasiones y me alegro de que haya elegido a BTS para que fueran y sigan siendo las personas que más me inspiran día a día. Nunca podré dejar de estar agradecida con ellos, porque parte de quién soy ahora, es debido al apoyo que me han transmitido durante años enteros a través de sus canciones. Y de verdad que aún no puedo creerme lo feliz que soy ahora mismo.

Por último, me gustaría haceros algunas preguntas para que reflexionéis sobre ellas, ni siquiera hace falta que os deis una respuesta ahora, pero buscadla. BTS hizo que me preguntara estas cosas, que me planteara la vida de otra manera. ¿Quiénes sois? ¿Qué queréis conseguir? ¿Es mejor no arriesgarse e ir por la vía cómoda y segura o es mejor arriesgarse y conseguir cumplir vuestro más anhelado sueño? ¿Cuál es vuestro nombre? No aquel que os dan al nacer ni el que os da la gente de vuestro alrededor, sino el que os dais vosotros mismos. ¿Cuál es vuestra verdadera cara, aquella que no os atrevéis a mostrarle a nadie? ¿Sois felices? ¿Queréis a alguien? ¿Os queréis a vosotros mismos? ¿Qué es lo que os hace emocionaros? ¿Qué es lo que os motiva? ¿Qué os da miedo? ¿Cuáles son vuestros pensamientos? ¿Y vuestros sentimientos? Hablad con vosotros mismos, comprendeos, conoceros. ¿Quiénes sois?

Aziul.

El arte de amar, Erich Fromm

He estado leyendo un ensayo sobre el amor y, por ende, me han entrado ganas de hablar sobre el sentimiento que denominamos “amor”. El libro en cuestión es El arte de amar de Erich Fromm. No voy a escribir una reseña de este libro porque es bastante complicado de hacer, pero sí mencionaré los aspectos que más me han hecho reflexionar.

Como todos sabemos, hay muchas formas distintas de amar, el mismo Erich Fromm realiza una división bastante acertada. Según él, tenemos el “Amor fraternal” que, como su misma etimología indica, viene de “frater” en latín (“hermano” en español). Por tanto, es obvio que este amor es el propio que se da entre hermanos; luego está el “Amor materno”, pero no es únicamente el amor propio de la madre. Este amor se divide, a su vez, en dos: el amor maternal y el amor paternal. El amor maternal (del latín “mater”) es aquel que profesa la madre a su hijo. Este amor es incondicional. Sin embargo, este amor no es ganado por el niño, sino que este nace y muere con él, simplemente por ser hijo de su madre, (aunque ya sabemos que hay excepciones). Por tanto, se puede decir que el niño no hace nada para conseguir este amor. Por otro lado, tenemos el amor paternal (del latín “pater”), que es aquel amor que no es incondicional, sino que este hay que ganarlo. Es decir, si el niño quiere conseguir el amor del padre, deberá ganarse la admiración de este y, por ende, satisfacer sus expectativas. Si el padre tiene varios hijos, se descantará siempre por el que se parece más a él mismo. Por tanto, para conseguir el amor paterno hay que esforzarse continuamente, porque al igual que se pude ganar, también se puede perder; el siguiente es el “Amor erótico”, que es aquel que se da entre una pareja. Aquí Fromm explica que su visión de este amor no es una mera atracción sexual, que para él no es ningún tipo de amor, sino que se basa en que la atracción sexual se desarrolle a través del amor profesado a una persona o, para ser claros, el enamoramiento. No censura por ello que a través de la atracción física se consiga el amor, es más, acepta que eso también representa este tipo de amor; luego nos habla del “Amor a sí mismo”, es decir, aquel amor que las personas se profesan (o deberían) a sí mismos. Es más, Fromm afirma que este amor es la base de los demás tipos de amores porque, si no te amas a ti mismo, nunca serás capaz de amar a nadie realmente. Sólo serán meras especulaciones sin sentido, un espectro imaginario de lo que significa realmente amar; finalmente, tenemos el “Amor a Dios”, y he de decir que es el tipo de amor que más me ha sorprendido de todos, puesto que me esperaba otro tipo de explicación, pero la que Erich Fromm da es impactante y, debo confesar, comparto su opinión. Para Fromm el “Amor a Dios” es una mera especulación, un invento realizado para mantener a las personas ligadas a algo. Es más, para él, las personas muy religiosas son como niños pequeños que aún necesitan de mamá y papá. Es decir, son adultos que se han separado de sus padres, pero que necesitan seguir recurriendo a alguien en busca de consuelo cuando las cosas van mal, y es ahí donde entra Dios. Dios es materno y paterno, es madre y padre. La única diferencia es que es omnipresente y que nadie llegará nunca a estar frente a él.

Aparte de esta diferenciación extraordinaria que hace Fromm en su libro, hay muchos más puntos interesantes en su obra. Sólo voy a mencionar los que me han impactado personalmente durante la lectura. Empezaré por uno que se descubre casi desde el inicio del libro, y es la realidad de que en nuestra sociedad actual casi nadie sabe lo que es amar de verdad. Creemos que sabemos lo que es amar, pero realmente no tenemos ni idea. Preocuparse por la pareja, buscar su comodidad, no es amor según Fromm, es conformidad. Una vez que encuentras a una persona con la que te sientes a gusto, enfocas en ella todas tus atenciones e intentas desesperadamente ser bueno para la comodidad de esa persona. Esto acaba convirtiéndose en rutinario, en mera alienación. Fromm hace también una comparación entre el trabajo y el matrimonio o pareja, puesto que para él ambas son beneficiarias por una u otra cosa para los individuos y, a la vez, se convierte en rutina. Sin embargo, Fromm también defiende que sí que hay personas que saben amar de verdad, y son aquellas que no temen discutir. Entendiendo la acción de discutir como medio para que la pareja crezca y evolucione, con el fin de conseguir un estado en el que ambos individuos se mantengan en armonía el uno con el otro, siempre sin dejar de lado el amor que sienten.

Fromm habla también mucho de la sociedad capitalista, la que impera en nuestra actualidad. Para quien no sepa lo que significa sociedad capitalista, explicaré que es un tipo de sistema político, social y económico basado en la producción e intercambio de mercancías, entendido este intercambio como una compra. Es decir, si queremos conseguir cualquier objeto o servicio, debemos comprarlo. Por tanto, nos encontramos en una sociedad basada en el dinero. Una sociedad que sólo tomará en cuenta aquellos métodos que le permitan ganar dinero, sea bueno o no. Este ensayo está repleto de pensamientos y críticas respecto a este tema, puesto que incluso el amor se convierte en algo basado en el dinero. ¿Os dais cuenta? Mercantilizamos incluso algo tan sencillo y bonito como es el sentimiento de amor.

Volviendo un poco al tema del amor a Dios, también quiero destacar el hecho de que, para Erich Fromm, quien realmente sabe amar a Dios, es aquel que no se preocupa por pensar en él ni le pide nada por muy mal que esté la situación. Esto se produce sólo cuando el individuo en cuestión es consciente de que el mundo que hay enfrente de él es el único que existe, que es real y verdadero. Y por mucho que desee creer en un dios todopoderoso que lo salvará de todos los males, entiende que todo lo que ocurre en su vida depende de su propia persona, no de una fuerza divina. El verdadero religioso es aquel que no piensa ni pide nada a Dios, porque todo está fuera de su alcance.

Fromm afirma que el amor es un arte, pensamiento que comparto, y que, por tanto, hay que saber cómo realizarlo. Es decir, como cualquier arte, hay que conocerlo, experimentarlo y realizarlo. No importa si se falla, puesto que es fallando como se aprende a mejorar en un arte, al igual que en el arte de la pintura, el arte de cualquier deporte, etc. Además, al ser un arte, el amor debe practicarse día a día, con continuidad, sin dejarlo nunca de lado. Puesto que si no lo hacemos, nunca conseguiremos aprender realmente cómo es amar de verdad.

Nadie realmente sabrá nunca qué es exactamente el “amor”, puesto que es demasiado complejo para comprenderlo del todo. Sin embargo, creo que El arte de amar puede hacernos reflexionar, cambiar de ideas e incluso comprender cosas en las que no habíamos reparado anteriormente. Hay muchos tipos de sentimientos que podemos experimentar durante nuestra existencia, pero es el amor el más poderoso, aquel que todos deberíamos intentar entender al menos un poco.

Aziul.

Ideal

Hay días en los que me despierto y no soporto mirarme en el espejo. Creo que no hay un solo día en el que no tenga miedo de hacerlo. El miedo a mirarse en un espejo, a contemplarse tal y como es uno mismo, es uno de los miedos más comunes que existen, si no el más común de todos. Aunque muchas veces ni siquiera logremos vernos de verdad.

Llevo un par de semanas pensando en esto, porque llevo un par de semanas en las que no me siento bien cuando me miro en el espejo. Creía que había superado la época del miedo a ver mi propio reflejo. Pero, ¿acaso alguna vez se supera? He pensado mucho en esto durante estos días y he tenido la arrebatadora necesidad de hablar de ello, porque sé que no soy la única persona que se siente así. Dejo claro que hablaré de mi experiencia personal como mujer en esta sociedad, aunque sé muy bien que los hombres también están muy condicionados. No quiero que me malinterpretéis, pero creo que nadie con dos dedos de frente vaya a discutir el hecho de que la mujer está condicionada, casi arrinconada, por la sociedad mucho más que el hombre, y no sólo por el tema de su cuerpo. Aunque no voy a meterme en más temas que ese.

Para empezar, tengo que hacer referencia a varias sentencias que son tan bonitas como falsas. La primera de ellas es la típica “No, yo adelgazo por mí, no por lo que piense la sociedad.”. Esta creo que no sólo la hemos escuchado, sino que la hemos defendido y pronunciado todos. Yo misma lo he hecho, convencida de que, cuando al fin conseguí adelgazar, lo hacía por mí y no por cómo me veía la sociedad. Mentira. Y siento tener que decirlo así, pero es una de las mentiras más grandes que hemos dicho en nuestra vida; y lo peor de todo es que mentimos para tranquilizarnos a nosotros mismos, para engañarnos y hacernos creer que a nosotros la sociedad no nos condiciona. Claro que lo hace, todos los días. Otra de las sentencias que creo que hemos oído todos es “Si está gorda, no me interesa.” o derivados, como si una persona con más peso fuera sinónimo de fealdad. Esta es una oración que me pone de bastante mal humor, sinceramente creo que el cuerpo de una persona no es suficiente para poder juzgarla. Sin mencionar que he visto a cantidad de personas con un cuerpo que se sale de los estándares impuestos por la sociedad, y os aseguro que eran más bonitas que muchas de las imágenes que nos intentan vender día a día. La última sentencia que voy a comentar es la de “No debemos compararnos con nadie, porque nadie es igual.”. Bien, ¿cómo es posible que no nos comparemos con personas con un “cuerpo perfecto” si nos la imponen en la televisión, en los anuncios, en los libros, en la pintura, en la industria musical, en la de la actuación, etc. día a día? No, no somos iguales, pero cómo nos hacen desear serlo cuando nos comparamos con esa persona tan perfecta que tanto admiramos.

¿Cuál es la finalidad? Quiero decir, ¿qué es lo que quiere la sociedad? ¿Un ejército de gente casi anoréxica? ¿Eso es una sociedad ideal? No sé qué pensar o qué decir si eso es lo ideal. Las personas, con sus kilos de más y sus kilos de menos, son reales. Eso es lo que nos hace completamente reales, que nunca seremos perfectos. Nos conformamos con la frase, “Nadie es perfecto.”, pero claro, eso sólo si nos referimos a la personalidad. Si entra el físico, es inaceptable. Físicamente todos tenemos que ser perfectos, pero ojo, una imagen de perfección que la sociedad nos ha impuesto desde que somos pequeños. Y creo que eso es lo más triste de todo, que aceptamos esa imagen como si fuera la natural, y despreciamos a las personas que no se adaptan a ellas. No, ninguno de nosotros ha adelgazado (por voluntad propia y sin que un médico lo recomendara) por nosotros mismos. Hemos adelgazado para sentirnos aceptados en una sociedad de cuerpos y caras perfectas, porque pensamos que sólo así que podemos ser queridos por alguien. Qué tristeza más grande pensar que seguirán pasando generaciones y esto sólo irá a peor. Yo comencé a sentirme acomplejada a los catorce años, pero actualmente veo a personas de incluso diez u once preocupadas por su aspecto físico, porque si no son delgados, nadie los va a aceptar. ¿Os dais cuenta? Acomplejados tantos años sólo por agradar a personas que no van a ser importantes en nuestra vida porque, y pongo las dos manos en el fuego, las personas que te quieren por tu corazón, no deciden si quedarse o no por tu cuerpo.

Quiero aclarar que no tengo ningún problema con las personas de complexión delgada, como no tengo ninguno con las de complexión más ancha. Este texto no es un ataque contra nadie, sino más bien una queja por lo que hace la sociedad con nuestra mente. Hace siglos, el ideal era estar más relleno, y seguro que la gente delgada se sentía muy acomplejada con ello. Ahora este es el ideal, y siguen habiendo personas acomplejadas.

Soy la primera que prefiere que me halaguen por mi mente que por mi cuerpo, me parece algo mucho más auténtico. Sin embargo, también soy la primera que desea encajar en los moldes que la sociedad ha impuesto. En este punto puede que me creáis una hipócrita, pero, ¿cómo va a ser de otra forma si desde que comenzamos a crecer y a desarrollarnos nos imponen esa imagen perfecta que no nos deja dormir por las noches? Todos tenemos tan interiorizado este ideal que la sociedad ya no necesita ser ella la que nos imponga sus principios, porque son impuestos por nuestra propia mente todos los días, haciéndonos sentir como si no mereciéramos amor y cariño.

Siento mucha ansiedad al pensar que tendremos que vivir toda nuestra vida condicionados por lo que la sociedad impone y por la impresión que causemos en el resto de personas. Somos un puñado de gente oprimida y acomplejada entre gente oprimida y acomplejada, que apenas se ayuda entre sí, que apenas habla, que apenas llora…

Aziul.

Ataraxia

Por fin me siento con fuerzas para subir algo. No voy a mentir, apenas he escrito estas últimas semanas. Aunque hace unos días estuve a punto de subir una cosita que escribí para el Librito Aziul. No lo hice porque era muy tarde y considero que repasar los textos antes de hacerlos públicos nunca está de más. Y si os preguntáis por qué no lo subí después, no lo hice porque siento que ese texto no está listo para ver la luz. Tengo en mente varios proyectos, algunos que repercuten directamente al blog, ya que son textos que se publicarán aquí. El caso es que ese texto que escribí forma parte de ese proyecto, y hasta que no esté medianamente preparado, no puedo permitirme el lujo de colgarlo. Os comento, quiero dar un nuevo estilo al Librito Aziul. Evidentemente, continuaré con mis textos en primera persona, con los que me comunico directamente con vosotros. Pero, aparte de estos textos, voy a empezar a subir otros con un carácter totalmente diferente, mucho más narrativos y que no tengan nada que ver con mi día a día. Calculo que será en algún momento de junio cuando comience con estos textos. Espero que así sea.

Después de esta leve especie de introducción, quiero escribir un texto que tampoco pretendo que sea filosófico, como muchos de los que he publicado anteriormente. Simplemente quiero escribir sobre cómo me siento ahora mismo. Para empezar, he de decir que estoy a punto de terminar el primer año de carrera, y estoy muy contenta. Esta carrera he querido hacerla desde hace seis años, cuando estaba en la ESO. Así que al encontrarme con una carrera que contaba con tan altas expectativas por mi parte, fue un duro golpe descubrir que no era tan mágica como yo me esperaba. No puedo negar que lo he pasado mal, creo que incluso peor que cuando estaba en Bachillerato a punto de examinarme para ver si conseguía o no entrar a la Universidad. No lo he pasado peor porque fuera más difícil, o porque tuviera muchas más cosas que estudiar, (cosa que creo que no es así, porque he tenido más tiempo para mí misma), sino porque es la carrera que quería hacer desde hace tiempo. Me explico, en Bachillerato estudiaba cosas que no quería estudiar, pero me resignaba porque no se puede hacer nada. En el instituto todos damos cosas que no queremos dar. Mientras que la carrera que eliges se supone que la eliges porque es lo que quieres hacer, pero descubrí que estaba estudiando muchas cosas que tampoco quería estudiar. Recuerdo que mi madre me dijo que siempre iba a encontrar cosas que no me gustaran, incluso en las cosas que se eligen porque te gustan. Ahora, realmente creo que fueron esas palabras las que me hicieron avanzar.

Hay muchas cosas a las que al principio no les encontraba el sentido y no entendía por qué tenía que estudiar. He aprendido, según ha pasado el año, que la carrera que yo tenía en mi mente era una pobre ilusión de la realidad. Creía que mi carrera estaría llena de literatura y de libros, y me encontré con las distintas ramas para estudiar el lenguaje, así como con la transcripción fonética del español, sin hablar de una asignatura llena de sintaxis. Y según iba pensándolo cada vez más me decía a mí misma que era imposible hacerlo todo, pero estoy aquí, a 11 de mayo, a un día de mi primer examen final, tranquila y feliz. Supongo que las cosas nunca son como uno lo imagina, porque la realidad que uno crea para sí mismo no es igual a la verdadera realidad. Pero me gusta la verdadera realidad, porque a pesar de que no todo ha sido literatura y libros, he aprendido cosas, cosas que creo valiosas, que me han hecho darme cuenta de que a pesar de que cuestan mucho más, también proporcionan aprendizaje, y descubrir que, incluso las cosas que creí que nunca me interesarían son apasionantes. No voy a mentir, sigo queriendo literatura y libros, pero porque elegí, ahora lo sé, mi vocación en el mismo momento en el que aprendí a leer; pero me gusta mi carrera, y estoy segura de que ahora en adelante voy a pasar muchos momentos malos, así como buenos, y que todos ellos me llevarán hasta la persona que quiero ser. Pensé en un momento dado que había elegido mal, ahora sé que, a pesar de que nunca hay una elección correcta y una incorrecta, la mía es la adecuada para mí. Sí, me he arrepentido y me he planteado cambiarla, pero dudar, plantearse las cosas y tener miedo, son unas de las acciones más humanas que puede haber en el mundo. De ahora en adelante, mi carrera va a ser muy diferente a la de mis compañeros de clase, así como la suya será diferente a la mía, porque cada uno realiza su carrera, con sus elecciones y sus gustos. Esto me lo dijo un gran amigo mío, y tenía razón, como casi siempre.

He conocido a personas maravillosas gracias a esta elección que hice hace seis años y, cuando retrocedo al pasado y veo a la que era yo en aquel entonces, no puedo evitar pensar que incluso esos momentos en los que la única que permanecía a mi lado era yo, en esos momentos en los que me sentía realmente sola, fue lo mejor que me pudo haber pasado. Ahora estoy donde tengo que estar, porque esa chica triste encontró a las personas adecuadas. Ahora estoy rodeada por las personas idóneas, aquellas que no me han hecho retroceder ni un solo milímetro, aquellas que sólo me han hecho avanzar.

Para terminar, he de decir que estoy realmente feliz porque por fin voy a tener tiempo para leerme las decenas de libros que se me han ido acumulando a lo largo del año, y me siento con mucha fuerza para compartir todas mis vacaciones de verano con mis libros. Además, he descubierto que confío mucho en mí misma, por lo que voy a estar los meses siguientes ocupada escribiendo y, quién sabe, tal vez dentro de unos cuantos más, por fin haya alcanzado mi objetivo.

Una vez, mi madre me dijo que no todo es negro o es blanco, que también puede haber gris. Me preguntaba entonces cómo era posible que hubiera gris cuando todo parecía ir mal. Ahora sé que existe ese gris del que me hablaba. Todo depende de cómo vemos las cosas. Somos nosotros los que decidimos si nuestro día va a ir o no bien. Es verdad que no todo depende de uno mismo, pero lo que sí depende de uno mismo es cómo afectará un suceso a tu vida. Nadie puede imponerse a tu mundo, porque somos todos y cada uno de nosotros los que confeccionamos un mundo a nuestra medida. Es como si todos estuviéramos escribiendo nuestro propio libro, siendo protagonista, narrador y escritor. Depende de nosotros el éxito de ese libro. Espero que todos hagamos de él un Best Seller.

Aziul.

Amigos, (451º F.)

El pasado martes 23 fue el día del libro, por eso quiero escribir algo sólo para esos amigos de papel y tinta que nos acompañan hasta en los días más fríos y solitarios. Me hubiera gustado escribirlo mucho antes, pero no ha podido ser, aunque no me preocupo, todo pasa cuando tiene que pasar.

Siempre empiezo el mes de abril como cualquier otro, pero a medida que este se sucede, comienzo a emocionarme. Esto se debe a que abril es el mes de los libros, y a cada día más cercano del 23, me emociono. Ese día, me levanté increíblemente feliz y, aunque tuve que salir corriendo de casa, cuando volví, pasada ya la mañana, miré mi modesta biblioteca y pensé, “es vuestro día, amigos”. Dedicar un día entero a los libros me parece asombroso, aunque en verdad no les dedicamos sólo un día, sino prácticamente el mes entero, porque es cuando aparecen los mercadillos o las ferias de libros. ¿Y qué deciros de estos eventos? Como a cualquier amante de la lectura y de estos pequeños amigos, me fascina moverme entre un montón de puestos llenos de ellos, buscando entre títulos y títulos uno que realmente quiera. Aunque, en mi caso, me siento un poco mal, porque me gustaría que todos esos libros fueran mis amigos, evidentemente esto no puede ser. Sin embargo, cuando encuentras uno y sientes que lo necesitas, es la mejor experiencia del mundo, a menos que ese sentimiento lo experimentes demasiado a menudo como es mi caso, pero no vamos a entrar en ese territorio porque si tengo que dar razones de por qué me maravillan tanto los libros, no terminamos. Lo compras y, cuando llegas a casa y lo sacas de la bolsa que lo protege, lo miras y piensas, “bienvenido a casa, pequeño, espero que nos llevemos bien y que aprendamos mucho juntos”, y lo colocas con el resto de tus libros, para que se protejan los unos a los otros, como buenos compañeros. He de confesar también que me da mucho miedo una cosa respecto a los libros, y es que me gustaría leer todos, pero sé que es imposible. Entonces, sufro pensando que llegará un día en el que me muera y, tal vez, no haya logrado leer ese libro que podría haber cambiado mi vida. Aunque, ¿podemos considerar que existe un libro así si nunca ha aparecido durante nuestra vida? Como ya he dicho en ciertas ocasiones, creo en el destino. Creo que todas las personas y cosas que conocemos durante nuestra vida son lo que debemos conocer. Dicho esto, ese libro que podría cambiar mi vida no existe, porque no ha aparecido durante mi vida, o tal vez sí existe, y está justo frente a mí. Gracias a este pensamiento me relajo y, al mirar mi estantería, observo el lomo de todos y cada uno de ellos y, aunque aún tengo muchos sin leer, sé que ellos son los que cambiarán mi vida, porque ellos han sido mi destino.

En relación con lo dicho anteriormente, no puedo dejar de mencionar un libro que he leído recientemente y que, si me pidieran que me definiera con un libro, elegiría ese sin duda alguna. Este libro del que hablo es Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Este libro me lo recomendó un gran amigo mío el año pasado, y desde que me contó un poco el argumento he querido leerlo, pero nunca encontraba el momento. Este mes me ha proporcionado la ocasión que tanto ansiaba y, por fin, pude disfrutar de este maravilloso libro. 451º Fahrenheit es, como viene explicado en el propio libro antes de darle comienzo, cito textualmente: “la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde”. Podría perfectamente su título ser el resumen completo del libro, pero no lo es porque, aunque te proporciona mucha información sobre la novela que vas a encontrar, no se aproxima para nada a lo que hay en su interior. Este libro es oro, no hay nada en él que no rebose conocimiento, reflexión e incluso filosofía.

La historia que nos cuenta Ray Bradbury está ubicada en un futuro en el que los bomberos, en vez de detener incendios, los provocan. Es más, estos bomberos, cuando reciben una voz de alarma, van a determinadas casas y queman todos los libros, porque en este futuro cualquiera que posea al menos un libro está cometiendo el mayor de los delitos. Aquí tenemos a Montag, quien es nuestro protagonista, cuyo oficio es bombero. Él vive tranquilamente, en una falsa felicidad proporcionada por la ignorancia, un tema muy importante tratado durante toda la novela, hasta que se encuentra con una jovencita que cuestiona todo. Al principio, a Montag le molesta esta chica sobremanera, hasta que finalmente comienza a desear encontrarse con ella, pues poco a poco descubre su mente tan maravillosa. Esta mente de la muchacha es tan maravillosa precisamente porque su familia tiene libros. No me voy a detener a hablar más de lo que sucede en el libro porque quiero que lo descubráis vosotros mismos. En vez de eso, me voy a centrar en otras cosas, como el maravilloso desarrollo que sufre nuestro querido Montag a lo largo de la historia. Pasa de ser un bombero ignorante metido en su propia burbuja a explotarla él mismo y buscar ayuda precisamente de lo que debería ser su enemigo, los libros. Esta novela es un enorme homenaje a lo que los libros representan y como la falta de ellos puede provocar una falsa felicidad que nunca llegará a ser real, puesto que si no hay conocimiento, no se puede ni siquiera saber lo que es la verdadera felicidad. Los libros son lo que hace que las personas tengan opiniones, criterios y preferencias, los que hacen que no se conformen con lo que los demás dicten, porque hay que pensar por uno mismo. Los libros enseñan valores, dan fuerza y proporcionan experiencias. Nunca me cansaré de decir que los libros son el mayor maestro que podemos llegar a tener. Y sí, han sido escritos por personas, pero tú eres el que decidirá que parte de lo que uno ha escrito te parece correcto o incorrecto. Un mismo libro cambia y se convierte en uno totalmente diferente dependiendo de los ojos que lo lean.

Para ya ir acabando, sí que me gustaría mencionar una escena de este libro que me impactó muchísimo y que me hizo darme cuenta todavía más de mis sentimientos hacia los libros. Lo que viene a continuación es un pequeño spoiler, aviso por si queréis saltar al siguiente párrafo. Hay una escena en la que los bomberos, entre ellos Montag, van a la casa de una mujer para quemar sus libros. Entran a la fuerza y, la pobre mujer al comprender lo que había sucedido, en vez de salir de la casa como le pedían los bomberos para que ella no se quemase junto a los libros, permanece allí. Montag intenta persuadirla para que salga de la casa y, tras mucho insistir, la mujer dice “Quiero quedarme aquí.”. La mujer ardió junto a sus libros aquella noche. Esta escena me hizo reflexionar mucho y, me sorprendió a mí misma la rapidez con la que mi mente respondió a la siguiente pregunta: Si hubiera sido yo esa mujer, ¿qué hubiera hecho? La respuesta fue sencilla y clara, hubiera hecho lo mismo. Entiendo perfectamente a esa mujer, vivir en un mundo en el que no hay libros, en el que no te permiten tener libertad de pensamiento y de expresión, no merece la pena.

Este gran amigo que me recomendó esta maravilla me dijo algo que me hizo mucha ilusión, “Parece como que Ray Bradbury hubiera escrito este libro pensando en ti.”. Evidentemente esto no es verdad, pero tener entre tus manos un libro que defina tu personalidad mucho mejor que tú mismo es aterrador e increíble. Me veo reflejada en Fahrenheit 451 y sé que esta es sólo la primera de las muchas veces que leeré, sin cansarme, este tesoro.

Qué bueno haber leído este libro durante abril, durante el mes del libro. Todo lo que soy, cada cosa buena y cada cosa mala, cada rareza y cada pensamiento, se lo debo a los libros. Ellos me han construido, ellos han hecho de mí su hija, su aprendiz y su gran amiga. Gracias, amigos, por darme la oportunidad de ser yo misma y, sobre todo, por darme la inmensa capacidad de pensar por mí misma. Gracias por hacerme libre.

Aziul.

Reloj

Actualmente, me siento un poco confusa. No sé la razón, o quizás sí, pero no del todo. Siento que estoy ahogándome entre mis propios sentimientos, entre esos que emanan directamente de la prudencia y, por otra parte, entre esos que me incitan fervientemente a aferrarme a la incertidumbre de la locura. Creo sinceramente que esta batalla continua entre lo que supuestamente está bien y lo que siento que está bien nunca va a llegar a su fin, simplemente porque soy demasiado cobarde. Demasiado cobarde para abandonar la seguridad de un futuro definido, y demasiado cobarde para renunciar del todo a mí misma. Soy tan cobarde que no puedo renunciar a ninguna de las dos cosas y, por ende, mi futuro es un mejunje de elementos incongruentes que intentan imponerse los unos a los otros en una incesante lucha por conocer al más poderoso. Si lo pienso bien, hablar de futuro no es realmente preciso, más bien me refiero a mi confusión. Siento como si este texto estuviese siendo un caos… Tal vez es un leve reflejo de mi interior. Quién sabe.

Pienso que las desencadenantes directas de esta confusión que siento son mis expectativas. Me refiero, cuando te hace especial ilusión una cosa y te la imaginas de mil maneras diferentes, pero nunca siendo mala, hasta que la realidad te golpea y ninguna de esos episodios creados por tu cerebro son reales, sino que acaban siendo todo lo contrario. Bien, eso me ha pasado a mí, pero además, hay una parte de mí que me dice que todavía falta, que no lo he visto todo, que permanezca, por mucho que me esté costando permanecer. De alguna forma hago caso a esa voz porque, como he dicho antes, soy una cobarde, pero creo además que no he realizado la elección incorrecta. Aunque hablando de elecciones correctas e incorrectas, debo decir que sigo manteniendo lo dicho en el anterior texto, ¿quién dicta qué es o no correcto? Sólo el tiempo.

Es ahí donde quería llegar, voy a volver a un tema que ya he tratado anteriormente, pero que sigue dándome mucho en qué pensar. Últimamente pienso mucho en el tiempo, de forma tan obsesiva que me siento como una masoquista, pero me es inevitable. Se ha formado un vacío de preocupaciones dentro de mí y, a causa de esto, el tiempo me acecha como si de un demonio se tratase. No sé si es bueno o malo, sólo sé que no quiero perder ni un minuto de mi vida haciendo algo que no vaya a ayudarme a evolucionar como persona o, sobre todo, a ser feliz. Ayer tuve un episodio desagradable, y es que perdí una hora entera de mi vida en algo que no me aportó nada más que aburrimiento y arrepentimiento. Mientras estaba viviéndolo, sentí una profunda aberración el quedarme allí viendo como las manillas del reloj seguían moviéndose incesantemente. Lo irónico es que este mismo día me regaló tiempo que me hizo mejorar. Pasé varias horas haciendo algo que engrandeció mi persona y, a pesar de que mi voz prudente me decía que debía irme y seguir con las tareas, mi voz de la locura me imploró que me quedara, que esa era la forma de ganar tiempo. Fui feliz, pero no pude evitar estar mal todo el día, y fue sólo entonces cuando por fin acepté que estaba triste.

Sigo observando las manillas de mi reloj moverse, sin detenerse ni un solo segundo, y hay ocasiones en que las siento como cuchillos que se me clavan, haciéndome revivir. Todo se para cuando dormimos, por ejemplo, pero esas manillas siguen moviéndose segundo tras segundo, siguen girando, al igual que lo hacen los planetas. Todo continúa su curso, incluso yo misma, pero quiero que esas manillas que ahora me duelen, me recompensen en algún momento con otras que me hagan saber que he vivido aceptando todo lo que dicta mi corazón.

Aziul.

XII

A mediados de este mes, estuve hablando con unas amigas de un tema un poco peliagudo, un tema que, lamentablemente para mí, siempre va ligado a alguien. Recordé entonces a un amigo mío, quizás el mejor amigo que he tenido nunca, y se me llenó el corazón de nostalgia y la cabeza de recuerdos compartidos con él.

He de decir que no suelo pararme a pensar en él mucho, aunque lo tengo presente todos los días, si no que alguien se lo pregunte a la ansiedad que siento si pierdo ese objeto tan importante que me recuerda a él y que casi siempre llevo encima. ¿Por qué no pienso mucho en él si tan importante es para mí? Fácil, porque lo quise y aún lo quiero demasiado. Recordar es fácil cuando a quien quieres sigue a tu lado, pero cuando ya no lo está, los recuerdos pueden llegar a ser látigos que te golpean incesantemente. No por eso digo que no esté bien recordar a quienes quisimos alguna vez y ya no están, debemos hacerlo, porque al fin y al cabo las personas no somos más que eso, recuerdos. Lo que pasa es que el recordar a alguien que ya no está es doloroso, porque nos gustaría que siguiera estando. Aunque de eso va la vida, supongo. El caso es que al recordarlo vi a mi yo de hace ocho años y lo vi caminando hasta llegar al día de hoy, a ser quien soy. Me di cuenta entonces de que nunca hubiera tomado todas las decisiones que he tomado hasta el día de hoy si no fuera porque tuve ese amigo tan bueno hace años. Y sí, que él se fuera abrió un abismal agujero en mi interior, y aunque tardara bastante en darme cuenta, ese agujero sólo apareció para enseñarme que soy fuerte. Me he ido dando cuenta a lo largo de los años que el mundo siempre ha estado cuidando de mí, primero con ese amigo que tuve hace años, ahora con las maravillosas personas con las que puedo contar día a día. Es un privilegio encontrar a tantas personas a las que querer y que te quieran. Yo tengo ese enorme privilegio.

Continuamos la conversación y llegamos a un tema que me ha interesado mucho desde siempre, y es que una de ellas habló del destino. Les dije que creía en el destino, porque es cierto, pero que también creía en que se podía cambiar según las decisiones que se tomaran. Las decisiones que tomamos día a día son las que hace de nosotros ser quienes somos, no somos más que decisiones y recuerdos de esas decisiones. En este punto una de ellas preguntó algo que, a pesar de ser tan obvio, no me había parado a pensar nunca: “¿Puede ser que el destino sean todas las decisiones que tomamos en nuestra vida?”, y en ese momento todo cobró sentido. Siempre había creído en el destino y en las decisiones, pero nunca pensé que la respuesta a eso podría ser que destino y decisión son la misma cosa. Cuando mi amiga dijo eso respondí casi involuntariamente que sí, que eso era el destino.

Poco después, fijé mis ojos en la calle que se abría frente a mí y supe que las decisiones están incluso en qué calle eliges para caminar y en qué ruta para llegar a tu destino, (aclaro que aquí me refiero al lugar al que vas). Tus decisiones y tu destino están a tu lado en todo momento, tan sólo hay que fijarse. ¿Por qué soy la persona que soy?, ¿y por qué tú eres la persona que eres? Lo somos por las decisiones y elecciones que hemos ido tomando a cada segundo. Si me estás leyendo ahora, ¿acaso no decidiste tú leerme? Si estás aquí lo hiciste e, inevitablemente, yo he sido tu destino hoy y a esta hora que me lees.

Hace mucho me atormentaba la idea de estar continuamente eligiendo entre una cosa u otra, porque me daba pánico escoger la elección no acertada. Ahora eso ya no me importa, porque he aprendido que no hay elecciones acertadas, no hay una mejor que otra, sino que son diferentes y que, cada una de ellas, desencadenará una serie de circunstancias que irán guiando nuestra vida, siempre haciéndonos elegir.

Elegí hace mucho a ese amigo y, aunque se marchó hace tiempo, fue la razón por la que decidí dejar de tener miedo y apostar por lo que movía mi corazón. Hoy soy yo misma porque decidí, aquel 12 de septiembre de 2011, compartir mi tiempo con él, y no me arrepiento de nada.

Aziul.